terça-feira, 25 de julho de 2017

Urgente: TRF4 confirma decisão de Moro e nega desbloqueio dos bens de Lula.

Lula que não vá esperando colher de chá do TRF4, para onde irão suas condenações e recursos. Sirva de exemplo a decisão de negar seu pedido de desbloqueio de bens. Tome, tiranete:


O desembargador João Pedro Gebran Neto, relator da Lava Jato em segunda instância, negou um pedido da defesa de Lula para desbloquear bens e recursos do ex-presidente que foram confiscados por decisão do juiz Sergio Moro. Nos últimos dias, foram bloqueados R$ 606 mil que estavam em quatro contas bancárias de Lula, três apartamentos, um terreno, dois carros e mais R$ 9 milhões de dois planos de previdência privada.

Moro determinou o bloqueio com base em pedido do Ministério Público Federal. A defesa de Lula recorreu à segunda instância, no caso, o TRF4, o Tribunal Regional Federal da 4ª Região, em Porto Alegre. O relator, desembargador Gebran Neto, negou o pedido da defesa e manteve a decisão de Moro, ou seja, os bens e recursos de Lula continuam bloqueados.

“O pedido de provimento judicial precário esbarra na ausência de urgência. Considerando que o deferimento da liminar impõe que se equilibre a necessidade sob a ótica do mínimo suficiente, não socorre o impetrante a alegação genérica de que a constrição é capaz de comprometer a subsistência do impetrante, ex-Presidente da República, recebendo o auxílio que lhe é devido em decorrência da ocupação do cargo”, justificou o desembargador.

Na mesma decisão, Gebran Neto também abriu espaço para manifestação do Ministério Público Federal. (Gazeta do Povo).

Este manicômio chamado Argentina

A articulista uruguaia Hana Fischer analisa o escabroso fenômeno dos eleitores da capital argentina, que apoiam Cristina Kirchner, apesar da corrupção que marcou sua gestão:


María Elena Walsh, afamada compositora argentina de canciones infantiles, creó una célebre balada titulada “El reino del revés”. En ese mundo imaginario sin sentido, “un ladrón es vigilante y otro es juez”, y “dos y dos son tres”.

La letra de esta canción, ¿denota una imaginación portentosa teñida de humor? O por el contrario, ¿refleja la realidad circundante de la cantautora argentina?

Nos inclinamos a pensar que lo segundo primó sobre la primero, porque realmente, Argentina es el reino de la sinrazón.

Es un país donde los legisladores aplauden de pie y con gritos de entusiasmo, cuando el presidente de la república anuncia en el parlamento el default de la deuda y que no hay intención de pagarles a los acreedores internacionales.

Un país que eleva a los altares de la admiración pública, una jugada tramposa en un campeonato mundial de futbol. Concretamente, nos estamos refiriendo al gol que Diego Armando Maradona metió con la mano durante los cuartos de final de la Copa Mundial de México 1986. Y encima, lo denominan “la mano de Dios”.

Un país que estuvo desarrollado a principios del siglo XX y era en serio rival de EE.UU. En el momento de la Primera Guerra Mundial, Argentina era una de las naciones más ricas del mundo. Pero después, ideas que iban a contramano del camino seguido hasta entonces (mercados libres y poca interferencia del Estado en la economía) se impusieron, lo cual condujo a su paulatina decadencia. Es decir, se fue subdesarrollando.

A raíz de tanta irracionalidad, el premio Nobel de Economía Simon Kuznets, afirmó que hay cuatro clases de países: los desarrollados, los subdesarrollados, Japón y la Argentina.

La declinación económica, social, cultural y moral de esta nación rioplatense ha sido colosal. La corrupción galopante es el rasgo característico del accionar político en todos sus niveles. Según José Luis Espert—autor de La Argentina devorada— actualmente hay ahí 14 millones de pobres, de los cuales 8 millones son niños. Amplias porciones de la población viven en una miseria tan extrema, que los acerca a la “animalización”. Afirmó que lo único que les falta es “que se coman entre ellos, cosa que por ahora … por ahora… no ocurrió…”

La última perla del collar de este conjunto de insensateces, es la noticia de que según algunas encuestas de opinión pública, la ex mandataria Cristina Kirchner lidera o empata en el primer puesto, la intención de voto de la provincia de Buenos Aires, la más importante del país.

Algo incomprensible —obviamente que para aquellos que razonan con cierta lucidez— dado que el curriculum de Cristina como presidente de la nación, es el siguiente:
Está siendo investigada o ha sido procesada en varias causas judiciales. Se le acusa de “asociación ilícita dedicada a la corrupción”, “administración fraudulenta agravada” (caso Hotesur), “enriquecimiento ilícito”, maniobras non sanctas en “la venta de dólar a futuro”, “lavado de dinero”, “encubrimiento” y “traición a la patria” en la causa que investiga el atentado a la sede de la AMIA. Por cierto, este último caso tiene una conexión directa con la “misteriosa” muerte del fiscal Alberto Nisman, que se produjo justo un día antes de que presentaran ante el Congreso las potenciales pruebas de los delitos aludidos contra Cristina.
Según el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) elaborado por Transparencia Internacional, en el período en que Cristina fue presidente (2007–2015), la Argentina se situó entre los países más corruptos del mundo. En esa etapa se realizaron evaluaciones anuales de alrededor de 175 naciones, y Argentina siempre estuvo en el entorno del puesto 105. Con respecto al puntaje obtenido en una escala de 0 a 10 –donde 10 indica menor corrupción — casi en forma invariable obtuvo 2,9 puntos.
A pesar de los precios récord que alcanzaron los productos de exportación argentinos en esa etapa, el 30,3 % del total de la población está sumergida en la pobreza. Lo peor es que viven en las deplorables condiciones que señalábamos más arriba.

Quizás, la explicación de por qué tantos votantes capitalinos apoyan a Cristina a pesar de todo lo mencionado, sea la siguiente: de esos 14 millones de pobres, 8 millones son absolutamente dependientes de las ayudas estatales. Durante la etapa kirchnerista, no se dieron estímulos ni se crearon las condiciones necesarias para que esas personas pudieran valerse por sí mismas. Ergo, hay un “mercado cautivo” de votantes que teme perder los cheques estatales.

Además, y para ser justos, la corrupción en Argentina no es un “enfermedad” que nació con el matrimonio Kirchner, sino que es de larga data. Es un “cáncer” estrechamente ligado al peronismo. Para peor, hay una aceptación popular generalizada a ese estado de cosas. Predomina una ciudadanía que parecería incapaz de darse cuenta, que si el gobernante le da con una mano $10, es porque antes le había quitado $1000 con la otra (y él se quedó con $990 que repartió con familiares y amigos).

En consecuencia, desde el peculiar punto de vista de esos ciudadanos, la corrupción es “el estado natural de las cosas” y no vale la pena arriesgar “lo seguro” (esos $10) por la eventualidad de ser capaces de ganarse por sí mismos y con dignidad, sus medios de vida.

Somos conscientes de que muchos de los males que aquí se describen, no son patrimonio exclusivo de los argentinos. Sin embargo, lo que da pena y es cosa de “locos”, es que una nación que supo situarse entre las más cultas, prósperas y admiradas del mundo, haya caído tan bajo… (Instituto Cato).

Os ridículos paus-mandados do lulopetismo


Joesley, Janot, Temer, Fachin & Cia.

"É injustificável o acordo do bamba do abate com o procurador-geral e o ministro do STF", escreve Josê Nêumanne:


As lições de educação moral e cívica, que o bamba do abate Joesley Batista e o procurador-geral da República, Rodrigo Janot, têm ministrado em manifestações impressas e pronunciamentos públicos estão a merecer correções para separar nelas o joio do trigo. Da mesma forma, as tentativas que a principal vítima da dupla, o presidente Michel Temer, faz de desviar a atenção da República em pandarecos por causa do encontro secreto dele com o marchante no porão do Jaburu não justificam os desvios éticos que ele próprio cometeu no episódio e que não podem ser aceitos de ninguém, muito menos de alguém no exercício da Presidência da República.

Joesley age como se fosse um herói de capa e espada, alegando que sacrificou rotina, segurança e fortuna pessoal e teve a vida ameaçada para investigar e denunciar um caso escabroso envolvendo a maior autoridade do País. E por isso se trasveste de defensor da lei e da ordem. A coisa não é bem como ele propaga e o buraco fica bem mais embaixo. A delação premiada exime seu autor de parte das penas (no caso dele, todas) de um acusado, mas não torna automaticamente herói nenhum vilão – seja delatado, seja delator.

O Brasil é signatário dos três acordos internacionais de combate mundial aos corruptos e suas organizações criminosas: a convenção da Organização para Cooperação de Desenvolvimento Econômico (OCDE), de 1997 (Lei 13.678, de 2000 – governo Fernando Henrique); o Tratado de Cooperação Interamericana Contra a Corrupção, de 1996 (Decreto 4.410, de 2003 – governo Lula); e a Convenção das Nações Unidas Contra a Corrupção, de 2003 (Decreto 5.687 de 2011 – governo Dilma Roussef).

Por causa desses acordos e convenções, o Brasil adotou o instatuto da delação premiada, incorporado à legislação americana nos anos 1970 e também à italiana, com a Operação Mãos Limpas, nos anos 1990. A delação premiada parte do pressuposto de que a colaboração de criminosos, trocada por atenuação ou mesmo anulação de penas, é a melhor, se não a única, forma de conseguir informações de apuração dificílima, quase impossível, pelos métodos convencionais. Para dissolver e eliminar o crime organizado, incluído o de corrupção, e para evitar a natureza depreciativa dos termos delator, delação, premiado e prêmio, usa-se o jargão colaboração com a Justiça, eufemismo que não exclui, contudo, a condição de delinquente do acusado que prestou informações capazes de facilitar o inquérito. Mas nem por isso deixa de ser definido como fora da lei.

Joesley, que obteve do Ministério Público Federal (MPF) a maior premiação dada no Brasil a um acusado de delitos penais graves, acha que R$ 10 bilhões pagariam o prejuízo que seus delitos deram à sociedade brasileira. E lamenta que poucos mencionem a multa de R$ 10,3 bilhões que a holding J&F aceitou pagar (a ser paga em 24 anos e carência de um), mercê do acordo de leniência com as autoridades fiscais brasileiras. Ele parte do pressuposto de que essa obrigação servirá para que as próximas gerações de brasileiros jamais se esqueçam da lição exemplar do que não se deve fazer. Ou seja, ele trata sua delação como didática, quase benemérita. E somente isso lhe dá a certeza de que o tal acordo de leniência firmado por sua empresa com as autoridades federais pagará “com sobras” possíveis danos à sociedade brasileira. Quanta pretensão!

Não é bem assim. A mirabolante história de uma família de marchantes do interior de Goiás que se tornou proprietária de um conjunto de empresas que produzem e comercializam o maior volume de proteína animal do planeta precisa ser contada em detalhes. Ela não pode ser resumida nas vantagens obtidas na aprovação de leis que favoreçam seus interesses com a contrapartida de propinas milionárias pagas a altas autoridades dos três Poderes. É preciso, em primeiro lugar, relatar como foi possível adquirir essa fortuna a partir de empréstimos conseguidos, sabe-se lá como, graças à benemerência dos responsáveis pela gestão do Banco Nacional de Desenvolvimento Econômico e Social (BNDES) nos governos petistas de Lula e Dilma. Joesley teve o desplante de dizer que só manteve com os chefes dessas gestões o que ele chama de “conversas republicanas”, sem se dar sequer ao luxo de relatar o teor de tais contatos. Da mesma forma, trata o distinto público, que pagou com impostos o patrimônio bilionário que acumulou, como uma tropa de bestas quadradas, ao afirmar que só manteve com o presidente da instituição pública oficial conversas de interesse coletivo. Nessas audiências a coletividade entrou com o pagamento e ele, seus familiares e sócios ficaram com os lucros de negócios da China.

A indignação coletiva da sociedade brasileira pela exagerada premiação que ele recebeu para delatar o presidente da República, Michel Temer, também se mescla com episódios obscuros da negociação de seu acordo de “colaboração com a Justiça. A principal delas é o fato de só ter falado dos “indignitários” petistas de forma genérica e inconclusiva. Ele teria administrado contas em seu próprio nome, mas em benefício dos ex-presidentes Lula e Dilma, no valor de US$ 150 milhões, sem ter guardado nenhum documento que os relacionasse às tais contas. E os procuradores do gabinete do dr. Janot engoliram essa conversa fiada numa boa.

O procurador-geral ainda não deu uma explicação razoável sobre a transferência do subprocurador Marcelo Miller, seu ex-subordinado, para um escritório de advocacia que trabalhou para os Batistas na negociação para a delação. O próprio Miller também nada explicou.

Os irmãos Batista não são sequer questionados a respeito desse episódio, que nenhum brasileiro de posse de suas faculdades mentais aceita. O repórter Marcelo Godoy, do Estado, calculou pelos crimes,, sem o perdão, ele seria condenado a 2 mil anos de perda de liberdade.

Em relação tanto à gravação da conversa no Jaburu quanto à ação programada com a Polícia Federal, na qual foi filmada a entrega da mochila com R$ 500 mil ao assessor especial de Temer Rodrigo da Rocha Loures, não é aceitável que o fato de a delação incluir a mais alta autoridade da República compense o perdão de todas as penas ao delator. Essa pena não aplicada, aliás, não permite a Joesley bancar o mocinho da fita policial, já que os fatos que ele delatou não bastariam para tal perdão.

A realidade dos fatos e dos delitos mostra que, ao subverter o sistema eleitoral, como ele mesmo reconhece que fez, jogou o Brasil na mão dos políticos safados, e não nas mãos dos políticos honestos. Os ladrões se dispõem a ser corrompidos e a usar o dinheiro para comprar votos, enganar o eleitor e distorcer o processo eleitoral. E agora conspiram na Câmara para manter intactos os próprios pescoços. As balas perdidas e a situação da saúde decorrem – pelo menos em parte – da ação nefasta destes políticos mal-intencionados. O que Joesley fez custou vidas, além da situação de penúria generalizada. Interferir ilicitamente no resultado de eleições não tem preço. Corromper o sistema político não é uma conta a ser debitada num cartão de crédito para ser quitada a perder de vista.

Joesley & Janot, com ajuda da mão esquerda do relator da Lava Jato no Supremo Tribunal Federal, ministro Luiz Edson Fachin, acham que o empresário quitou sua dívida com a sociedade ao gravar o presidente e fazer a delação, ajudando a tirar do poder a quadrilha que ele ajudou a eleger. Herói ele poderia ser se tivesse gravado uma conversa com Temer pedindo-lhe propina e ele se negando a dar, como fez com Aécio. Aí, sim, talvez pudesse posar de herói. Mas Joesley não é mesmo herói, e, sim, um delator que escolheu denunciar o cúmplice quando não tinha mais alternativa. Com a coragem de quem pula da janela de um prédio em chamas sabendo que os bombeiros o esperam na calçada com rede.

Para concluir, é indispensável acrescentar que nada disso justifica a atitude de Temer, que, ao recebê-lo e conversar com ele nas condições em que conversou, permitiu que o episódio gerasse uma crise política das dimensões da que assola o Brasil hoje. Não há nesse filme noir só de vilões nenhum personagem que não seja simplesmente indefensável.

Vitória da sucessora de Janot: orçamento da Lava-Jato será de R$ 1,65 milhão.

Previsão inicial, encaminhada pelo procurador Rodrigo Janot - agora já conhecido como "Janoesley" -, era de 522 mil, mixaria diante do que Lula e Dilma continuam torrando às custas dos contribuintes. Adeus, Janot:


Em um sinalização política à opinião pública, o Conselho Superior do Ministério Público Federal (CSMPF) decidiu nesta terça-feira aumentar a previsão orçamentária destinada à força-tarefa da Operação Lava Jato, reservando 1,65 milhão de reais para os trabalhos dos procuradores que se debruçam sobre o esquema de corrupção na Petrobras. A previsão inicial era de aproximadamente 522 mil reais, o que provocou atritos entre o atual procurador-geral da República, Rodrigo Janot, e sua sucessora, Raquel Dodge.

A proposta de aumentar a previsão orçamentária da Lava Jato foi apresentada pelo vice-procurador-geral da República, José Bonifácio Andrada, que propôs um remanejamento dos recursos. Para incrementar a previsão da força-tarefa, foi necessário deslocar recursos da Secretaria Geral.

“Embora não haja necessidade imediata desse acréscimo, há uma boa sinalização de já informar à sociedade e ao próprio Congresso Nacional que o Ministério Público está empenhado para que os trabalhos da força-tarefa sejam cumpridos a contento”, disse Bonifácio Andrada. Segundo ele, a nova reserva abarca despesas com diárias e passagens.

Janot

Durante a reunião que definiu o aumento, Janot declarou que, diferentemente de anos anteriores, não defenderia proposta orçamentária apresentada pela sua administração, já que a execução dos recursos será feita por outra gestão. Raquel Dodge assumirá o comando da Procuradoria-Geral da República (PGR) no dia 18 de setembro.

Segundo Janot, mesmo que a previsão inicial não tenha representado redução nos repasses à força-tarefa da Lava Jato, o aumento proposto por Bonifácio Andrada é uma sinalização de que o Ministério Público não abre mão das investigações referentes à Lava Jato. “Orçamento é isso mesmo, é uma proposta que se faz através de uma previsão, que, com o passar do tempo, principalmente nesse momento da economia, tem de sofrer ajustes de rota e de direcionamento”, afirmou.

Para Raquel Dodge, o aumento da previsão orçamentária para a força-tarefa passa uma mensagem clara. “Nossa instituição apoia a atuação contra a corrupção empreendida no âmbito da Operação Lava Jato, de modo a fixar o montante exatamente solicitado pelos integrantes da força-tarefa. Passa uma mensagem clara de que não estamos fazendo nenhuma redução, de que estamos acolhendo integralmente o pretendido.”

Questionamentos

Em ofício encaminhado semanas atrás a Janot, Raquel fez uma lista de 40 perguntas sobre a proposta orçamentária para 2018. A nova procuradora-geral da República destacou que a força-tarefa da Lava Jato em Curitiba tinha solicitado R$ 1,65 milhão, mas na proposta orçamentária inicial, foi disponibilizado somente R$ 522,655 mil. “Qual a razão dessa redução para a FT (força-tarefa) Lava Jato? Qual o valor programa do para a força-tarefa em 2017?”, questionou a futura procuradora-geral da República. Na época, a PGR negou que houvesse redução. 

Força-tarefa do RJ

O CSMPF também decidiu prorrogar por mais seis meses a força-tarefa de procuradores que atuam na operação Lava Jato no Rio de Janeiro. A iniciativa dará sequência às investigações no estado por um grupo específico de procuradores. A atuação da Lava Jato no Rio já levou à prisão, entre outros, o ex-governador Sérgio Cabral (PMDB).

PT é um caixão que serve de palanque para Lula

O editor Carlos Andreazza publica, no Globo, artigo sobre "O cálculo de Lula", observando que a intenção do tiranete é "martelar-se como vítima para seu público. Vitimizar-se somente, no entanto, não basta para sustentar discurso competitivo até a eleição. Aí que entra o zumbi PT". Agora vou dar três toques na madeira:


Há quem aponte o fiasco petista na eleição municipal de 2016 como sinal de que Lula não teria força para uma campanha em 2018. Trata-se de grave erro de leitura, decorrente da compreensão de que PT e seu fundador seriam o mesmo. Não são. Sim: o PT é Lula. Ele, contudo, é também o partido — mas isso apenas para o exercício de propriedade em que o criador se serve da criatura. O PT morreu como organização política. Serve ainda, porém, como caixão — mais um — sobre o qual seu senhor arma palanque.

Na semana passada, classificou-se como fracassado um ato em São Paulo — com a presença do ex-presidente e em desagravo a ele — que não reuniu mais que duas mil pessoas. Entendo que a percepção imediata seja essa. Se a expectativa era por um comício do catalisador que Lula foi em 1989 (e, ainda enganando, até 2002), o fracasso fica tão evidente quanto a inocência da expectativa. Já não há ilusões acerca do ex-popular. Isso não significa que não tenha votos nem que sua pregação, convertidos. Se é provável que os 20% de lulistas convictos tenham se tornado minoria silenciosa, certo é que votarão — incondicionalmente — nele. Certo é também que um candidato não precisará de muito mais para estar no segundo turno em 2018.

Hoje, o que interessa a Lula é menos a concentração de audiência num evento — menos cultivar a própria mitologia — do que a frequência de oportunidades para repetir sua narrativa entre os seus. Não interessa se para jornalistas puxa-sacos, se para rádios dos grotões ou se para um milhar de mortadelas, a intenção de Lula ao falar é apenas uma: martelar-se como vítima para seu público.

Vitimizar-se somente, no entanto, não basta para sustentar um discurso competitivo até a eleição. Aí que entra o zumbi PT.

Imposta como presidente petista por Lula, Gleisi Hoffmann é símbolo representativo do cadáver em que se putrifica o PT. Há quem relacione o grau a mais no tom de histeria da senadora — confundido com ascensão política — à definição de que seria ela o plano B do partido caso Lula não possa disputar a eleição. Trata-se novamente de grave erro de leitura, decorrente da compreensão de que o PT teria existência sem ele. Não teria. Não há plano B.

O próprio protagonismo de Gleisi é ilustrativo do processo acelerado de autodestruição a que Lula submete o PT para sobreviver individualmente e, com sorte, reencaixar seu projeto de poder — o partido desmorona enquanto seus escombros lhe servem de plataforma ao derradeiro comício. Nessa ruína, sim, Gleisi foi a escolhida. Não como alternativa presidencial. Mas como boi de piranha — agente detonadora da radicalização do discurso petista.

Mero utensílio tático, a senadora verbaliza a estratégia traçada pelo ex-presidente. Enquanto ele viaja Brasil adentro se vitimizando profissionalmente e se apregoando como candidato suprapartidário da esquerda, ao partido cabe se atirar ao precipício do ataque raivoso, cuspir fogo na gasolina esquerdista, reinventar a tal elite opressora, disparar contra a imprensa e, sobretudo, centrar munição em Sergio Moro. Tudo para robustecer as circunstâncias necessárias a uma campanha eleitoral como jamais houve, judicializada, a ser esgrimida nos tribunais pelo senso de oportunismo lulista — o ambiente incerto, institucionalmente miserável, em que um tipo como Lula cresce.

O PT afunda, como escada na lama, para que ele, acima de partidos, suba.

Qualquer outro em seu lugar estaria liquidado para as urnas. Por muito menos, Aécio Neves está. Condenado a quase dez anos de prisão, ainda assim Lula encontrou a vereda — a politização de sua condição de réu — por meio da qual avançar, trilha facilitada pela seletividade, pelo açodamento e pela incompetência do Ministério Público Federal. Ele deve ser grato a Janot. Em primeiro lugar, pela obra de ficção em que consistiu a caguetagem dos donos da J&F, lá onde uma história de crescimento empresarial anabolizado por 13 anos de gestão petista revela como bandido protagonista, entretanto, o PMDB de Temer. Em segundo lugar, pela difusão influente de que entre os crimes cometidos pelos políticos não haveria diferenças — como se a prática generalizada de caixa dois pudesse ser ombreada ao assalto ao Estado, promovido pelo petismo, para permanecer no poder. Em terceiro lugar, pela qualidade precária das denúncias relativas à Lava-Jato, flagelo em que se destaca a deturpação da delação premiada, que, de ponto de partida para aprofundamento sigiloso de investigação, deformou-se em fim vazado de si mesmo — como se a fala isolada de alguém contra outrem pudesse ter peso de prova. Deu no que deu.

Não importa a verdade. Não importa a sentença de Moro. Lula é o injustiçado, aquele contra quem não há prova material — não é essa a narrativa? Não importa a verdade. Ele é o perseguido, aquele cuja eventual ausência entre os postulantes a presidente será fraude. Não importa a verdade. Este é um amanhã enfiado goela abaixo do brasileiro por Lula, mas graças a Janot e turma: a campanha será disputada nos tribunais, ele será candidato — e já está no segundo turno.

Profissionalização da política, um problema para a representatividade.

O ex-embaixador Rubens Barbosa, presidente do Instituto de Relações Internacionais e Comércio Exterior, faz lúcido questionamento à profissionalização da política. O político profissional tende a enfraquecer a própria representatividade. No Brasil, a política virou profissão no mau sentido. Artigo publicado no Estadão:


O episódio lamentável da ocupação da Mesa Diretora do Senado – que serviu até de mesa de almoço – por senadoras que se opunham à aprovação da reforma trabalhista, contra todos os princípios de comportamento parlamentar, levou-me a reflexão sobre a atuação dos políticos na sociedade brasileira. Certamente, as nobres senadoras desconhecem uma das regras básicas na política, recomendada pelo cardeal Mazarino, homem público contemporâneo de Luís XIV, em seu Breviário dos Políticos, segundo a qual “é perigoso ser muito duro nas ações políticas”. A arte da política, como ensinou Maquiavel, consiste em organizar e superar as divergências entre partidos e pessoas, sem o que reinarão o conflito e a anarquia.

Max Weber, sociólogo alemão, assinalou que os políticos vivem “de” e “para” a política e que ela é não só uma vocação, mas também uma profissão. Uma vez entrando na política, são raros os que dela se afastam. Essa situação não existia na democracia ateniense. A regra era o sorteio, e não a eleição dos cidadãos, havia uma rotação de funções e as responsabilidades passavam de um cidadão para outro. Em alguns países essa situação ainda existe. Na Suécia, por exemplo, a renovação é de 40% e muitos dos que entram para a política depois retornam a suas atividades privadas.

Voltando para a nossa triste realidade, não surpreende que nas pesquisas de opinião pública aqui realizadas nos últimos anos seja justamente a classe política o grupo menos considerado pela sociedade. Há uma crise de representatividade. O grito das ruas é eloquente: “Eles não me representam”.

Como explicar o comportamento anárquico, tanto na Câmara dos Deputados quanto no Senado Federal, durante as discussões e votações de matérias de grande interesse para cada cidadão e para o País, por serem reformas modernizadoras que vão permitir ao Brasil acompanhar as tendências num mundo em fase de grandes mudanças?

A política no Brasil virou profissão no mau sentido. Na França o novo presidente, Emmanuel Macron, classificou a política como um “negócio de profissionais convictos”. Pelo que estamos vendo nos fatos apurados na Operação Lava Jato, a palavra negócioganha uma atualidade impressionante.

No Brasil, é difícil reconhecer na maioria dos políticos as três qualidade do homem público lembradas por Max Weber: paixão, no sentido próprio de realizar; sentimento de responsabilidade, cuja ausência os leva a só gozar o poder pelo poder, sem nenhum propósito positivo; e senso de proporção, a qualidade psicológica fundamental do político.

A profissionalização da política causa crescentes riscos ao exercício de mandatos, seja no Executivo, seja no Legislativo. A defesa das prioridades partidárias e de seus próprios interesses leva os políticos em geral a atuar deixando de lado o interesse nacional e o bem comum. De forma crescente, os interesses corporativos passam a dominar os objetivos da classe política, como temos podido observar nos últimos tempos. Além disso, com o crescimento da economia o Brasil mudou de escala e as oportunidades de negócios se tornaram muito atraentes, como vimos nos escândalos da Petrobrás. Regras instáveis para as eleições, para o financiamento das campanhas, para a criação e o funcionamento dos partidos, entre outros aspectos, levam à confusão entre o público e o privado e à defesa de interesses pouco republicanos. Aumenta o fosso entre o governante e o governado, cai o nível cultural e instala-se a corrupção.

Como justificar a permanência na vida política por tanto tempo? Muitos apontam para a complexidade das matérias em pauta e a necessidade de conhecimentos jurídicos, econômicos e outros que facilitariam a discussão de temas especializados. Historicamente, a política iniciou-se como uma atividade reservada à chamada elite rural e urbana e houve momentos em que só participavam dela os alfabetizados e os que tinham certo nível de renda. A democratização da vida política foi muito positiva, mas provocou distorções que hoje afastam muitas vocações da militância partidária e abre espaço para políticos que roubam para o partido, como assinalou o juiz Sergio Moro. Há um apego aos mandatos porque a profissão política oferece vantagem material e retribuição simbólica (sem falar narcisista) de grandeza, autoestima, capacidade de sedução e do “sabe com quem está falando”... O índice de renovação nas eleições proporcionais para o Congresso é muito baixo, embora esteja crescendo (43% no último pleito). A longa presença dos políticos na vida pública, com sucessivos mandatos (há mais de 15 deputados com mais de seis mandatos e alguns com mais de 30 anos na Câmara), torna-se regra, agora ampliada pela eleição de membros da mesma família (mulheres, filhos e outros parentes).

A França, depois a última eleição presidencial, está discutindo reformas institucionais que merecem ser acompanhadas pelos que se interessam pelo aperfeiçoamento dos costumes políticos. Macron propôs na campanha ampla reforma institucional. Eleito chefe de Estado, propôs algumas medidas visando a reduzir a acumulação de cargos: os parlamentares não podem exercer mandato nas Casas do Congresso e ao mesmo tempo ser nomeados para cargos no Executivo. Em discurso perante os parlamentares, ousou propor a redução do número de deputados e senadores em um terço e a reeleição a, no máximo, três mandatos. Se os políticos não aprovarem essas medidas, anunciou que vai convocar referendo para que o povo decida.

Eis uma agenda política que, se aplicada no Brasil, mudaria o cenário nacional e melhoraria a percepção dos eleitores quanto à representatividade e à importância da renovação política. Procura-se candidato, com coragem, para enfrentar esse desafio na eleição de 2018.

Um caso de cura da nossa doença

Fernão Lara Mesquita relembra a história norte-americana, que consolidou esta receita: "tudo o que for do interesse do leitor é passível de voto direito". Aliás, o recall de políticos também é uma boa medida:


Há 100, 120 anos os Estados Unidos estavam numa crise muito parecida com a do Brasil de hoje. O fim da cultura rural, a urbanização caótica, a explosão da miséria e da violência nas grandes cidades, a descoberta da economia de escala esmagando o trabalho, as novas tecnologias (ferrovias) proporcionando a ocupação econômica de territórios virgens antes que houvesse regras para sua exploração, os robber barons que primeiro trilharam esses caminhos criando monopólios com ajuda de políticos corruptos e levando a patamares nunca sonhados o poder de subornar...

Com o problema e suas causas essenciais diagnosticados, o remédio, formulado na legislação antitruste para impedir a criação de monopólios, não era ministrado por um sistema tomado por caciques que controlavam havia décadas as portas de entrada da política e do serviço público. A separação dos Poderes, a independência de um Judiciário também venal, a blindagem dos mandatos, todas as instituições criadas pelos fundadores para garantir a hegemonia da vontade popular estavam sendo usadas para anulá-la. A expressão da vontade dos eleitores exclusivamente por meio de canais de representação, combinada com a intocabilidade dos mandatos, tinha sido pervertida em garantias de impunidade contra a falsificação dessa vontade. Ia morrendo numa odiada tirania da minoria o sonho do governo do povo, pelo povo e para o povo.

As esperanças começaram a renascer com o movimento Progressista (1890-1920), que se inspirava no modelo suíço de recurso a ferramentas de democracia direta para contornar instâncias de representação recalcitrantes. O foco concentrou-se em dois instrumentos importados e uma adaptação nacional. Os direitos de referendo das leis dos Legislativos municipais e estaduais e de propor leis por iniciativa popular, como se fazia nos cantões suíços, para criar um acelerador para forçar reformas e um freio contra leis viciadas por interesses espúrios. Eleições primárias diretas para neutralizar o primeiro foco de acordos contra o direito de escolher, que estava no poder dos caciques de decidir quem podia ou não se candidatar. O recall, ou retomada de mandatos a qualquer momento por iniciativa popular, viria mais adiante para quebrar resistências. O objetivo era “manter a opinião pública sempre em posição de ascendência sobre as instituições de representação para amarrá-las concretamente à vontade popular”.

Por aquela mesma altura o jornalismo americano passou por uma revolução com o surgimento da revista McClure e seu jornalismo investigativo em profundidade revolvendo a sujeira (muckraking) da política, desmascarando os robber barons e seus métodos de ação e indicando os remédios contra a institucionalização da mentira. A matéria de Ida Tarbell sobre Rockefeller e seus esquemas com as ferrovias, que tinham “departamentos de política” exatamente semelhantes em métodos e propósitos aos das nossas odebrechts e JBSs, tornou-se um ícone desse novo jornalismo. E a circulação saltou para a casa dos milhões de exemplares.

Em 1901, o presidente McKinley é assassinado antes da posse e Theodore Roosevelt – um outsider que entrara para a política para desafiar “o sistema”, fizera fama em Nova York desvendando grandes esquemas de corrupção e, por ter sempre desafiado os velhos caciques republicanos, havia sido “contemplado” com a Vice-Presidência, numa manobra para tirá-lo da eleição presidencial de 1900 – torna-se presidente da República e passa a “governar com os jornalistas”, abraçando amplamente as reformas e procurando, com inédito sucesso, coordenar com eles a comunicação de suas investidas nesse campo.

São Francisco e Los Angeles tinham feito os primeiros ensaios e houve outras experiências em nível municipal, mas o movimento toma impulso decisivo ao se transformar em bandeira de luta do governo nacional. Em 1902 o Estado de Oregon inscreve em sua Constituição os direitos de iniciativa e referendo. Ali se estabeleceu o modelo de coleta de assinaturas que ficou nacionalmente conhecido como o “Sistema do Oregon”: 8% do eleitorado para qualificar uma lei de iniciativa popular e 5% para forçar um referendo. Com eles nas mãos, os eleitores foram construindo por ensaio e erro todo o resto da receita. Entre 1902 e 1913, 108 leis de iniciativa popular foram a voto no Oregon. A primeira delas para instituir as primárias diretas. Até 1915, quando a 1.ª Guerra Mundial esfriou o movimento, outros 15 Estados haviam adotado o modelo. A Califórnia foi o primeiro a incorporar o recall, em 1911. Isso acabou com as resistências e consolidou a revolução.

Hoje nenhum servidor público ou representante eleito, aí incluídos os juízes, é estável em seu cargo ou em seu mandato e tudo é passível de ir a voto direto nos EUA. Seja tomando carona nas eleições do calendário normal (a cada dois anos, incluindo legislativas e majoritárias), seja por meio de eleições especialmente convocadas, leis de iniciativa popular, veto a leis dos Legislativos, cassação de cargos e mandatos são diretamente decididos pelos eleitores. Na última eleição para presidente a média nacional de quesitos nas cédulas foi de 72. Impostos, emissão de dívida, gestão de escolas públicas, temas ambientais, leis sobre usos e costumes, direitos do consumidor, regulamentos de negócios, salário mínimo, alimentação e agricultura, legislação penal, tudo pode ser proposto ou desafiado mediante coleta de assinaturas ou mecanismos automáticos impondo esse procedimento aos próprios Legislativos em assuntos sensíveis nos municípios e nos Estados americanos. Há mais de uma dúzia de modelos diferentes de ballot measures ou “medidas para votação” passíveis de ser incluídas na cédula da próxima eleição para um “sim” ou “não” dos eleitores.

Foi isso que pôs a política jogando a favor da nação, reduziu drasticamente a corrupção e fez dos norte-americanos o povo mais rico e mais livre da História da humanidade. (Estadão).

segunda-feira, 24 de julho de 2017

Ambientalistas ou anticapitalistas?

O ambientalismo não passa de uma seita, integrada por gente que pouco ou nada entendem de ciência ou ecologia. São, na verdade, anticapitalistas . Artigo de João Luiz Mauad, publicado pelo Instituto Liberal:


Se você contar isso a um estrangeiro, a primeira reação dele será dizer que você está brincando, mas como estamos em Pindorama, é um fato: O jornalista Lauro Jardim noticia que, dos 41 poços exploratórios arrematados no leilão de 2013 da ANP, nenhum conseguiu até agora licença ambiental. Isso representa paralisação de investimentos da ordem de US$ 5 bilhões. Quantos empregos isso significa? Não importa. Os responsáveis pelo embargo não estão nem aí para esses detalhes menores.

Ao contrário, devem estar muito orgulhosos, afinal, haverá nova rodada de licitações em breve e provavelmente o número de interessados deve ser ainda menor que o da última. Ponto para eles, que aos poucos estão conseguindo transformar o país num ambiente absolutamente inóspito ao investimento, principalmente ao investimento estrangeiro, embora o ambiente natural em nada tenha melhorado, como se nota pela situação da maioria dos nossos mares, rios e lagos.

Como já tive oportunidade de escrever anteriormente, malgrado a mídia nem sempre dê o devido destaque, qualquer desavisado que pretenda erguer um prédio de apartamentos, explorar uma mina de qualquer coisa, construir uma pequena usina hidrelétrica ou uma nova fábrica precisa estar disposto a encarar uma intrincada legislação ambiental e as onipotentes agências reguladoras, com autoridade suficiente par embargar quaisquer novos projetos.

O incauto empreendedor deve percorrer um labirinto infindável de licenças e processos, além da má indefectível vontade de burocratas e a oposição de grupos ativistas raivosos e barulhentos, não raro mais preocupados com ovos de tartaruga e minúsculas rãs do que com os potenciais empregos da patuleia. Cada pequeno avanço nesse labirinto envolve custos absurdos de tempo e dinheiro, sem qualquer garantia de o projeto seguirá adiante.

Dado este estado de coisas, é um verdadeiro milagre que investimentos produtivos ainda aconteçam em Pindorama. Pergunte a qualquer empresário sobre os percalços enfrentados para tocar um novo empreendimento e você vai se surpreender com o que vai ouvir.

O mais notável e paradoxal, entretanto, é que a maioria dos brasileiros, que supostamente desejam o desenvolvimento econômico do país, aceita e até mesmo aplaude este estado de coisas. Apesar de tudo, a seita ambientalista nunca foi tão popular.

Um movimento que nasceu da justíssima indignação de alguns com a poluição do ar, dos rios e dos mares, além da preocupação com os riscos para a saúde humana provenientes da atividade industrial, com o tempo foi sendo encampado e transformado por ideólogos socialistas, preocupados não com a poluição ambiental ou com a nossa saúde, mas com o desmantelamento do capitalismo.

Hoje em dia, as bandeiras “verdes” têm menos a ver com poluição do que com a ojeriza aos combustíveis fósseis ou qualquer forma de energia que não seja eólica ou solar, ainda que estas, em conjunto, ao todo não signifiquem nem 2% da necessidade de energia do país.

Até mesmo os aparelhos de ar condicionado, geladeiras e outros eletrodomésticos estão na lista negra dessa gente. Alguns mais radicais, sem maiores considerações pelo conforto humano, consideram antiecológica a utilização de qualquer equipamento industrial minimamente prejudicial ao famigerado aquecimento global.

Dizem as más línguas que o Brasil não é para amadores. Começo a desconfiar que o Brasil não é para gente séria…

Em defesa do Ocidente

O professor João Carlos Espada apresenta "três livros tranquilos que partilham a confiança na tradição europeia e ocidental e na legitimidade do sentimento nacional - conceitos sob fogo das patrulhas do politicamente correto":


After Europe, de Ivan Krastev (Penn, 2017), é a minha primeira sugestão de leituras estivais, nesta segunda crónica sobre o tema. O título, algo alarmista, não corresponde ao tom ponderado do argumento. Mas corresponde ao olhar não convencional do autor — colunista do New York Times, e académico residente do Institute for Human Sciences, de Viena (que virá a Lisboa a 16 e 17 de Novembro).

Krastev recusa a dicotomia infeliz entre “nacionalismo versus globalismo” e sugere que tentemos compreender os eleitores. Alerta para a importância do sentimento nacional e recorda que ele esteve associado à emergência da democracia moderna. O título After Europe não se refere, por isso, ao fim da União Europeia. Refere-se apenas ao fim da ilusão de que é possível construir o nobre projecto europeu ignorando os sentimentos dos eleitores.

Um argumento semelhante tinha sido meses antes apresentado por David Goodhart em The Road to Somewhere: The Populist Revolt and the Future of Politics (Hurst, 2017). O autor argumenta que a tradicional divisão entre esquerda e direita está a ser gradualmente substituída, ou sobreposta, por uma nova oposição: entre, por um lado, a “identidade adquirida” de grupos dotados de grande mobilidade profissional e residencial que pertencem “anywhere” (a qualquer lugar, digamos assim); e, por outro lado, a “identidade herdada” de grupos com reduzida mobilidade profissional e residencial que pertencem “somewhere” (a algum lugar, digamos assim).

David Goodhart situa-se ao centro-esquerda e foi fundador da revista Prospect — que desde a década de 1990 tem dado voz à esquerda moderada britânica. Tendo sido apoiante de Tony Blair, ele critica hoje o tom altivo com que Blair e os “anywheres” tendem a condenar o provincianismo dos “somewheres”. Recusa a dicotomia infeliz entre “anywheres” versus “somewheres” e procura sugerir caminhos para os reconciliar. À semelhança do argumento de Krastev, Goodhart considera que esses caminhos supõem o respeito pelo sentimento nacional.

Um argumento semelhante, vindo do centro-direita, é apresentado por Douglas Murray em The Strange Death of Europe: Immigration, Identitiy and Islam (Bloomsbury, 2017). O autor, que é vice-director da revista The Spectator, começa por recordar as palavras de Stefan Zweig, nas vésperas da II Guerra Mundial, sobre a “sentença de morte” que a Europa e o Ocidente estavam a passar a si próprios. E argumenta que esse diagnóstico precoce pode agora estar a concretizar-se devido a dois fenómenos simultâneos.

Por um lado, argumenta Murray, assistimos a um inédito movimento migratório de populações. “A Europa está a tornar-se o lar do mundo inteiro”, diz o autor. Isto seria em si mesmo um problema, mas torna-se mais grave porque coincide com outro fenómeno que ocorre simultaneamente, embora tenha origem distinta, sobretudo endógena: “a Europa perdeu a fé nas suas convicções, tradições e legitimidade”.

Sem confiança em si mesma, a Europa e o Ocidente não têm condições para assimilar ordeiramente as vagas migratórias. Esse “choque de culturas” é sobretudo sentido pelas populações nativas europeias com reduzida mobilidade profissional e geográfica — os “somewheres” de David Goodhart — e que por isso têm de conviver diariamente com diferentes, muitas vezes hostis, culturas e religiões dos imigrantes.

Segundo Douglas Murray, um pouco à semelhança de David Goodhart, é esse choque entre, por um lado, culturas nativas enfraquecidas e, por outro lado, vincadas culturas recém-chegadas, que estaria na base do chamado fenómeno populista — a que David Goodhart chamou “revolta dos somewheres”.

Estes são três livros de autores com diferentes posicionamentos políticos — Krastev e Goodhart ao centro-esquerda, Murray ao centro-direita. Mas eles certamente partilham muito em comum.

Desde logo, todos acreditam na civilização europeia e ocidental, bem como na legitimidade do sentimento nacional — conceitos que estão hoje sob suspeita entre as patrulhas ideológicas do “politicamente correcto”. Em segundo lugar, todos acreditam que a expressão política da civilização europeia e ocidental é a democracia parlamentar fundada no primado da lei e no sentimento de pertença nacional — o sentimento que, quando polido pela civilização europeia e ocidental, permite às maiorias respeitarem as minorias e às minorias aceitarem o governo das maiorias.

Em suma, estes são livros tranquilos, com argumentos tranquilos. Não exibem o tom “indignado” que hoje tende a dominar o chamado “debate” público — um debate basicamente tribal e fundamentalmente sobre coisa nenhuma. Creio que podem constituir estimulantes leituras para férias (a que, na próxima segunda-feira, acrescentarei livros de autores portugueses). (Observador).

Que diabo de parlamentarismo é este?

Denis Rosenfield faz algumas reflexões sobre a encruzilhada política vivida pelo país e pergunta: "como pode um sistema representativo sem partido dignos desse nome?":


Volta e meia, imerso em crises, o País vê-se confrontado com propostas de reforma política voltadas para a implementação do parlamentarismo. É como se, por um passe de mágica, todos os problemas fossem suscetíveis de equacionamento simples, com base na mera troca de sistema de governo.

O problema é que as instituições parlamentaristas funcionam muito bem no âmbito dos princípios ou em seus países de origem. Mas não necessariamente quando transplantadas para países com tradições e História distintas.

A questão, muito bem analisada na obra de Oliveira Vianna, consiste na refração das ideias e no deslocamento das instituições. Teria sentido simplesmente importar um sistema de governo? Seria ele “importável”? As ideias ganham, nesse processo, outro significado, a despeito de guardarem a aparência de sua significação anterior. Os “importadores” podem até ter a melhor das intenções, mas seus efeitos podem não corresponder ao que foi projetado.

Operando em outro contexto institucional e conforme outra História, produzem-se consequências que não se verificariam em seus países de origem. A depender do modo de utilização das ideias, elas podem vir a produzir grandes deslocamentos políticos. Como pode uma ideia constitucional vingar em países de tradição totalmente diferente? De que valem comparações se elas não levarem em conta o contexto histórico de implementação dessas ideias?

Há uma certa tendência na política brasileira de opção por grandes transformações, em vez de mudanças graduais que observem os vários contextos particulares de sua concretização. O parlamentarismo pressupõe partidos políticos organizados, com doutrina própria, que disputem a opinião pública segundo as suas concepções; procurem conhecê-la e persuadi-la do bem fundado em seus projetos. Não devem ser meros agregados de pessoas e interesses, mas ter um propósito válido para toda a coletividade.

Ora, observamos na cena política brasileira um forte componente fisiológico, e mesmo de corrupção, que faz a representação política ser falseada, ou seja, submetida a trocas dos mais diferentes tipos para que propostas coletivas sejam aprovadas. A aprovação de reformas passa por negociações que nada têm de republicanas, embora sejam de interesse nacional.

Imagine-se, num sistema parlamentarista, o não atendimento desse tipo de demanda. Ele não repercutiria somente na não aprovação de um projeto, mas produziria um voto de desconfiança, podendo levar à queda do Gabinete de governo. Dado o caráter inorgânico dos partidos políticos brasileiros, poderíamos ter vários primeiros-ministros no transcurso do ano.

De nada adiantam grandes ideias se não vierem acompanhadas de medidas básicas que seriam de muita valia para um melhor regime republicano. Pense-se, por exemplo, que um novo governante deveria, por sua vez, substituir os milhares de cargos comissionados, criando total balbúrdia na administração pública. Aliás, necessita o País de tal número de cargos?

É evidente que a inexistência de cláusula de barreira para a criação de partidos políticos é um poderoso estímulo à fragmentação partidária, tornando difícil qualquer organização. A observação histórica mostra que, tanto em sistemas de governo presidencialistas como parlamentaristas, poucos partidos fortes são de natureza a produzir estabilidade governamental.

Tampouco são favorecidas as instituições se essa pletora de partidos for organizada sob a forma de eleições proporcionais e, dependendo da aliança, o voto num partido redundar na escolha de outro. A proibição de coligações partidárias seria um poderoso instrumento de depuração do sistema político, produzindo um mínimo de organicidade. Haveria coincidência entre a representação política e a partidária.

Agora, na contramão de qualquer depuração, estamos vendo nascer propostas de financiamento público de eleições estimadas em mais de R$ 5 bilhões. Num país em séria crise econômica não deixa de ser um escárnio. Tome-se o caso da França. As perdas dos socialistas e republicanos, por suas derrotas legislativas, são estimadas em torno de poucas dezenas de milhões de reais, já feita a conversão. O partido de Emmanuel Macron ganhou em torno de 80 milhões. Os patamares, comparativamente, são para nós muito baixos. No Brasil fala-se de bilhões de reais como se fosse apenas o necessário, da mesma forma que a nossa corrupção é de país rico, sempre calculada em bilhões.

Partidos deveriam ser financiados, enquanto entidades privadas, por seus membros e simpatizantes. Deveriam fazer um esforço de coleta de doações, permitidas a pessoas físicas pela nova legislação. 

Considerando que não há nenhuma organicidade partidária, parte-se agora, dada a proibição da contribuição empresarial, para o financiamento público, que é originário de impostos. Tirar-se-ia do orçamento da saúde, da educação ou da habitação, por exemplo, para financiar os partidos.

Hoje se sabe, graças à Lava Jato, que os recursos de empresas só aparentemente eram privados; na verdade, eram resultado da corrupção, do desvio de recursos públicos. Graças a esse esquema político perverso, os espetáculos políticos midiáticos puderam ser realizados. A opinião pública, despreparada, comprou a mensagem que lhe foi oferecida. A política tornou-se assunto de marqueteiros, mercadores de imagens pagos a peso de ouro.

Oliveira Vianna, em seu célebre livro o Ocaso do Império, assinala que no Segundo Reinado os partidos se haviam tornado “simples agregados de clãs organizados para a exploração em comum das vantagens do Poder”. Ou, ainda: “Os programas que ostentavam eram, na verdade, simples rótulos, sem outra significação que a de rótulos”. Parece que está falando dos dias de hoje. ("Parlamentarismo e importação de ideias", Estadão).

A miséria da esquerda

A ralé esquerdista, que sempre confundiu conhecimento com ideologia, não vive sem Lula seu guru semialfabetizado. Por isso mesmo vai afundar junto com o tiranete. Que não falte pá de cal. Editorial do Estadão:
 

Os intelectuais petistas começam a admitir em voz alta aquilo que seus colegas militantes apenas murmuravam aqui e ali: a esquerda - como eles a entendem - é totalmente dependente de Lula da Silva para existir como força eleitoral. Sem o demiurgo petista e suas bravatas demagógicas, reconhecem esses amuados ativistas, os partidos do dito “campo popular” dificilmente serão capazes de comover os eleitores com seu discurso estatizante, baseado na puída tese marxista da luta de classes. Ou alguém acredita que Dilma Rousseff, que se julga herdeira de Leonel Brizola e seu esquerdismo terceiro-mundista, teria sido eleita e reeleita presidente da República não fosse seu padrinho?

“Impedir o PT de ter um candidato competitivo a um ano do pleito equivale a banir a esquerda da vida política”, sentenciou o professor de História da USP e autor do livro História do PT, Lincoln Secco, em recente entrevista ao Estado. Segundo Secco, “a esquerda não tem plano B sem o Lula”. Mais do que isso: o professor petista considera que, “sem apoio do Lula, nenhum candidato da esquerda se viabiliza”.

O professor Secco não está sozinho nessa avaliação. A sentença do juiz federal Sérgio Moro que condenou Lula a mais de nove anos de prisão por corrupção e lavagem de dinheiro teve o condão de fazer com que outros militantes manifestassem sua preocupação com o futuro eleitoral da esquerda, depois de mais de uma década de bonança petista. Para essa turma, é preciso começar a encarar a vida sem Lula na cédula de votação em 2018.

O mais curioso desse diagnóstico é que Lula da Silva jamais foi de esquerda. Sua carreira como líder sindical e depois como político se notabilizou pelo oportunismo desbragado. “Eu nunca fui um esquerdista”, disse o chefão petista em 2006, quando era presidente, buscava a reeleição e tinha de convencer o mercado de que nada mudaria na condução prudente da política econômica. Já quando precisa insuflar a militância esquerdista, Lula não tem dúvida em bradar, como fez no mais recente congresso do PT, que é necessário fazer “a esquerda voltar a governar o País”. Cabe aos ingênuos escolher em qual Lula se deve acreditar.

Diante da perspectiva muito concreta de passar os próximos anos na cadeia, Lula da Silva parece ter intuído que o melhor a fazer no momento é travestir-se de esquerdista, vociferando palavras de ordem contra o capital, a imprensa e a classe média, de modo a eletrizar os tolos que ainda se dispõem a defendê-lo, a despeito de todas as evidências. Sua intenção é óbvia: transformar seu julgamento em um caso político, como se sua condenação judicial, acompanhada de carradas de provas, fosse uma ação da “direita”, interessada em destruir as chances eleitorais da “esquerda”.

Essa encenação para engambelar esquerdistas bocós conta com a participação ativa da cúpula do PT, ciente, é claro, do risco de ver o partido encolher drasticamente nas próximas eleições caso Lula não possa concorrer. No mais recente encontro do Foro de São Paulo - o notório convescote de partidos esquerdistas da América Latina que acabam de se reunir em Manágua -, a presidente do PT, senadora Gleisi Hoffmann, disse que “a direita reacionária e golpista não descansa” em seu intento de “destruir o PT e impedir que o maior líder popular brasileiro, Lula, seja nosso candidato nas eleições presidenciais de 2018”. Segundo a petista, “mais do que nunca necessitamos de um governo de esquerda de volta ao nosso país”. No mesmo discurso, sem ruborizar, a senadora aproveitou para se solidarizar com as ditaduras da Venezuela, de Cuba e da Nicarágua.

A estratégia petista de vincular o destino de Lula ao da esquerda - não só brasileira, mas latino-americana - parece estar funcionando bem, a julgar pelo lamento dos esquerdistas que já se consideram órfãos do chefão petista. Isso só comprova a miséria do pensamento dito “progressista” no País. Afinal, se essa esquerda, para existir, depende de um rematado demagogo condenado por corrupção, então é mesmo o caso de considerá-la moralmente extinta.

domingo, 23 de julho de 2017

Lula e bandidos à solta, tudo a ver.

Compartilho a indignação de Percival Puggina em relação ao comportamento de certas ongs defensoras de bandidos, que cresceram sob os governos petistas. "Durante 13 anos de governo petista" - escreve o articulista -, "essa estratégia foi determinante da crise que nos levou à condição de 11° país mais inseguro do mundo, com o maior número de homicídios e 19 das 50 cidades mais violentas do planeta. Por enquanto. O fim da era Lula é o fim desse macabro programa":


Se você ainda não ouviu falar em desencarceramento, prepare seus olhos, ouvidos, nariz e garganta para o que vem por aí.

Nada disso é recente, tudo está entre as causas da nossa insegurança e precisa de Lula em liberdade para que o processo se complete. Lula atrás das grades sinaliza o capítulo final de uma era na política brasileira, encerrando muitas carreiras, idéias e militâncias impulsionadas pela energia que dele emanava.

Desencarcerar? Soltar presos? Polícia prende, justiça solta? Agenda pelo desencarceramento? Que diabos é isso? Os promotores de Justiça do MP/RS, Diego Pessi e Leonardo Giardin de Souza, abriram a janela sobre o tema. Ambos são autores do livro “Bandidolatria e Democídio, ensaio sobre garantismo penal e criminalidade no Brasil”. Em recente artigo, chamam a atenção para a existência de uma tal “Rede Justiça Criminal, ente fantasmagórico que diz reunir oito ONGs preocupadas com o sistema criminal brasileiro (prisaonaoejustiça.org). Dentre as reivindicações da abnegada militância, destaca-se a inarredável proibição de prender, pois cadeias superlotadas geram “mais violência”, sendo necessário apostar em mecanismos que dificultem a prisão ou induzam a soltura de criminosos”. Tudo que você quer, não é mesmo, leitor?

Em novembro de 2013, essa rede criou uma Agenda pelo Desencarceramento. Seus autores consideram “chegada a hora de reverter a histórica violência do país contra as pessoas mais pobres e, com seriedade, fortalecer a construção de um caminho voltado ao horizonte de uma sociedade sem opressões e sem cárceres”. Para isso, pontuam as seguintes metas:
• suspensão de qualquer investimento em construção de novas unidades prisionais;• restrição máxima das prisões cautelares, redução de penas e descriminalização de condutas, em especial aquelas relacionadas à política de drogas;• ampliação das garantias da execução penal e abertura do cárcere para a sociedade;• vedação absoluta da privatização do sistema prisional;– Combate à tortura, desmilitarização das polícias e da gestão pública.
Enquanto os brasileiros convivem com níveis de violência e insegurança superiores aos de regiões em guerra, influentes organizações assombram a sociedade com tais propostas. Por quê? Marxismo em grau máximo.

Para ideologias coletivistas, o indivíduo é um anacoluto, uma inconsistência na gramática marxista, onde somente o coletivo tem importância. O indivíduo é descartável por ser portador de interesses conflitantes com os do coletivo onde deveria estar inserido. Por isso, a Sibéria, os gulags, as clínicas psiquiátricas. Por isso, para a turma do desencarceramento, violência não é praticada por quem está nas ruas roubando, matando, estuprando, apavorando a sociedade; violenta é a sociedade que encarcera aqueles a quem, antes, “excluiu”. O criminoso seria produto geneticamente inevitável dessa sociedade que só será curada pelo mergulho no socialismo (é assim que eles chamam o comunismo). De modo simétrico, está tudo na Teologia da Libertação, absolvendo, o pecado individual em nome de um impessoal e coletivo pecado social que só se redime com os “oprimidos, conscientizados, lutando por sua libertação”.

Cansei de escrever e dizer que era exatamente isso que estava por trás da leniência da legislação, da falta de investimentos no sistema prisional, da inoperância do Fundo Penitenciário Nacional; que era exatamente isso que promovia a superlotação e a gritaria dos militantes de direitos humanos ante o desejado produto de sua estratégia: solta todo mundo que assim não dá.

Agora, tanto o método quanto a finalidade estão muito claros, com agenda redigida por seus articuladores, que, obviamente, permanecem à sombra de suas ONGs. Durante 13 anos de governo petista, essa estratégia foi determinante da crise que nos levou à condição de 11° país mais inseguro do mundo, com o maior número de homicídios e 19 das 50 cidades mais violentas do planeta. Por enquanto. O fim da era Lula é o fim desse macabro programa.

Robotização: oportunidade e prosperidade para os humanos.

A robotização é a oportunidade de um futuro melhor para todos. Que os malditos socialistas de todos os partidos não nos privem dela. Artigo de Diego Barceló Larran, publicado no site Libertad.org:


Cuando se habla de la robotización, hay un enfoque convencional demasiado extendido. En primer lugar, se admiten sus ventajas evidentes. Por ejemplo, los robots pueden realizar ciertas tareas con una precisión imposible para el hombre (como cirugías complejas). Luego, se advierte que “la automatización puede conducir al desastre” y se insiste en asustar a la gente con un “futuro sin empleo”. El final es el mismo con el que suelen acabar las recomendaciones de los socialistas de todos los partidos: pidiendo más impuestos y regulaciones.

La visión convencional sobre la robotización es contradictoria: al mismo tiempo que se ponderan sus ventajas, se propone desincentivar su utilización con penalizaciones tales como un impuesto extra sobre los beneficios o más cotizaciones a la Seguridad Social.

La historia desmiente que el avance de la tecnología implique un aumento del desempleo. Desde comienzos del siglo XIX, cuando artesanos ingleses destruían telares y máquinas de hilar para defender sus empleos, hasta ahora, la población de Inglaterra se multiplicó por más de siete, desde 8 hasta casi 60 millones de personas. Desde entonces, la tecnología avanzó más allá de lo que cualquiera hubiera podido imaginar. No solo se eliminaron los empleos de aquellos artesanos, sino también los de muchísimos otros trabajadores. Incluso hubo algunos que surgieron por una nueva tecnología que un avance posterior suprimió (un caso es el de las operadoras telefónicas). Pese a ello, Inglaterra está hoy en pleno empleo, con una tasa de paro inferior al 5%.

El caso inglés no es el único. Muchos otros países tecnológicamente avanzados disfrutan en la actualidad de pleno empleo. Desde Estados Unidos hasta Japón, pasando por Singapur, Corea del Sur, Alemania, Suiza y Noruega. Pese a esta evidencia, se insiste en seguir asustando a la gente con un futuro de desempleo alto y permanente por culpa de la robotización.

Que esto ocurra no es casualidad. Es algo perfectamente lógico. Cada avance tecnológico supone un ahorro de costes que permite a las empresas ser rentables aun con precios de venta más bajos. Los menores precios generan ahorros en los consumidores que, por lo tanto, tienen un dinero extra para gastar en otras mercancías y servicios. La demanda incrementada de esas otras mercancías y servicios conduce a la creación de nuevos empleos que (más que) compensan los puestos suprimidos por la tecnología. Mientras los gobiernos no lo impidan con más trabas, impuestos y regulaciones, este mecanismo no tiene por qué dejar de funcionar en el futuro.

Es evidente que el avance de la robotización va a exigir cambios en la sociedad. Eso deberá tener su reflejo en las normas que regulan nuestras vidas. Por ejemplo, las normas de tráfico tendrán que adaptarse a la paulatina generalización de los vehículos autónomos. Es probable que el cambio tecnológico sea aún más veloz que hasta ahora, por lo que tendrán que reforzarse las herramientas para que los trabajadores desplazados puedan capacitarse para los nuevos empleos.

Ninguna de las dificultades previsibles por el aumento de la robotización debe hacernos perder de vista lo esencial: la oportunidad de un futuro de mayor prosperidad para todos. Que los socialistas de todos los partidos no nos priven de ella.