sexta-feira, 20 de outubro de 2017

Escravizar os livres

Inspirado por Ana Paula do Vôlei, o jornalista Alexandre Garcia escreve sobre a tentativa dos esquerdistas de dividir o país de acordo com a cartilha do politicamente correto:


A nossa campeã de vôlei, Ana Paula, que escreve no Estadão, nos lembrou das divergências políticas entre ela e a companheira de equipe Ana Moser. Relatou que havia uma exceção em que esqueciam as divergências e se uniam com a maior firmeza - era o momento em que defendiam as cores do Brasil em competições. Representando o Brasil, eram uma só, uma jogando para a outra, as duas jogando por um time chamado Brasil. A hora do hino, de levar a bandeira no peito, era hora de esquecer diferenças pessoais e políticas em nome da Pátria. Isso é patriotismo, pôr o interesse do país, isto é, de todos os brasileiros, acima de tudo. Patriotismo não é exclusividade de militares que proclamam o Brasil acima de tudo!

Entre uma boa parte de “intelectuais“ brasileiros, aí incluídos os aprendizes, os estagiários em intelectualismo e entre estudantes de todos os níveis que recebem doutrinação ideológica de alguns professores, difunde-se, sob o embrulho dourado do politicamente correto, que patriotismo é coisa de fascista. A maior parte nem sabe o que é fascismo, tal como tudo dizem e nada sabem sobre a sentença do juiz que nada fala em cura-gay; pouco sabem sobre a reserva mineral revogada e recriada na Amazônia e menos sabem da consequência do Fora Temer - que é entregar o poder ao DEM.

Criaram, com sucesso, a mordaça, o medo, a covardia, a canga para jungir os desinformados inocentes-úteis no pensamento único de forma planejada por Antonio Gramsci. George Orwell faria uma nova “Revolução dos Bichos”, com os porcos usando o pretexto do Politicamente Correto. Sonham com “Democracia” sob a tutela da minoria; não resultado da vontade da maioria, como definiram os gregos. Como escreveu a campeã Ana Paula: “...uma geração desorientada, perdida e MANIPULADA”(as maiúsculas são minhas).

Como a maioria discorda dessas idéias absurdas, tratam de aplicar o divide et impera. Dividir para impor suas idéias. Separam brancos e não-brancos, homens e mulheres, jovens e sêniores, liberais e conservadores, pobres e ricos. Para isso, não querem que todos sejam apenas igualmente brasileiros. Gênero, deixou de ser gênero humano, como aprendemos na escola. Passou a ser resultado de decisão pessoal de ser macho ou fêmea. Revogam a natureza, a biologia, o mérito, as diferenças individuais. Passam a identificar as pessoas pela cor da pele, as posses (burgueses x proletários), o local de moradia (bairros “nobres” x periferia), a condição na economia (patrões versus empregados) e até pelas preferências sexuais. Esse politicamente correto assim, significa também um apartheid, regime das separações. Impõem obediência e medo, com submissão aos comissários do politicamente correto. Para isso, precisam enfraquecer a resistência: as religiões, os conservadores (considerados fascistas), as polícias e as forças armadas e, principalmente, dominar o ensino e infiltrar-se nos lares, para anular a influência dos pais. (Via Blog do Puggina).

Che Guevara, essa espantosa mercadoria.

Em texto publicado no Blog de Montaner, Luis Leonel León analisa mais uma faceta do sanguinário Che Guevara:


El derecho de ser libre (no el suyo sino el ajeno) era una de las grandes fobias que padecía el Che Guevara. El deseo de libertad lo entendía y condenaba como un grave delito. Es importante precisar que entre las funciones de los soldados revolucionarios (y él no era un soldado sino un dirigente) no están las de que pensar, ni mucho menos criticar a los líderes y los objetivos de la revolución, sino acatar las órdenes, servir con los ojos cerrados a la causa de la revolución, entregarse al sacrificio de la revolución, a la cárcel de la revolución.

La historia lo consagró como uno de los más férreos defensores de la aniquilación de las libertades, haciendo énfasis en la inutilidad de la prensa libre y del derecho de asociación, que definitivamente iban en contra del proyecto totalitario instalado en la isla desde 1959. En su libro Fidel y el Che (1988), el periodista y diplomático cubano José Pardo Llada, fallecido en 2009 en Colombia, le atribuye las siguientes palabras al Che: “Hay que acabar con todos los periódicos, pues no se puede hacer una revolución con libertad de prensa. Los periódicos son instrumentos de la oligarquía”. (Frases como estas las han repetido los Castro, Chávez, Correa, Morales, Ortega, Maduro y otros dictadores del SSXXI. Y también sus alumnos de Podemos, en España).

De la misma manera pensaba Guevara sobre el derecho de los trabajadores de protestar. En 1961, a solo dos años de que los rebeldes secuestraran los poderes públicos, siendo ministro de Industrias, se dirigió al pueblo en una alocución televisada: “Los trabajadores cubanos tienen que irse acostumbrando a vivir en un régimen de colectivismo y de ninguna manera pueden ir a la huelga”. Con este mandamiento el Che asfixiaba la sociedad civil cubana.

Era enemigo acérrimo de la pluralidad y el arte independiente: obstáculos provenientes de sociedades libres y abiertas como la estadounidense, su modelo adversario por antonomasia. No en balde en el nombre del Che, bajo la anuencia de su mitología, el castrismo castigó con saña a los simpatizantes del rock and roll y otras expresiones consideradas enfermedades ideológicas, desviaciones de la moral revolucionaria del “hombre nuevo”, que desde su muerte el propio Che pasó a simbolizar.

Sabía, al igual que Fidel Castro, que para posicionar un sistema comunista era imprescindible negar todo lo anterior, hacer añicos la historia, vilipendiarla, desaparecerla. Comenzar una ficción de cero aunque resultara una operación de genocidio cultural e histórico. Construir un país nuevo. Un ejército de autómatas al que irónicamente llamarían “hombres nuevos”.

En 1965 le dirigió una carta al editor del semanario uruguayo Marcha, publicada con el título de “El socialismo y el hombre en Cuba”, en la que afirma: “Para construir el comunismo, simultáneamente con la base material hay que hacer al hombre nuevo (…) De allí que sea tan importante elegir correctamente el instrumento de movilización de las masas. Ese instrumento debe ser de índole moral, fundamentalmente, sin olvidar una correcta utilización del estímulo material, sobre todo de naturaleza social”.

En su atormentado ideario, el adoctrinamiento y la guerra iban de la mano. “Pioneros por el comunismo, seremos como el Che”, es la consigna con que cada día, desde hace décadas, son cruelmente adoctrinados los niños cubanos. Millones de niños y millones de adultos que no saben quién realmente fue el Che. Que han llegado a creer, por una mezcla de necedad y esperanza, que de haber estado vivo el Che hubiera sido diferente a los hermanos Castro. Víctimas que siguen desconociendo su larga lista de asesinatos, sus odios, sus desmanes frente al Ministerio de Industrias y el Banco Central, su identificación con los más desalmados métodos comunistas de control, su espíritu colonizador que lo llevó a naufragar en África y al ocaso en la selva boliviana.

No es un secreto que los homosexuales también fueron blancos habituales de su aversión. Pero el irónico y terrible desconocimiento de sus acciones y la perspicacia de la izquierda en manipulación de las llamadas ideologías de género, hacen que en manifestaciones de la comunidad LGBT pueda verse como algo cool, y no como un error espantoso, desplegar banderas o vestirse con la imagen del Che, un homofóbico recalcitrante responsable de la reclusión de cientos de gays en campos de trabajo forzado de donde muchos no salieron con vida.

Lo mismo hizo con muchos que profesaban una fe religiosa. También los consideraba enemigos de la revolución, rezagos del pasado republicano que la revolución comunista tenía que destruir, gusanos a los que había que exterminar. Igual que a quienes no plegaran su producción artística o intelectual a la propaganda revolucionaria. Esa era la verdadera revolución por la que habían tomado las armas. Quiénes quedaran fuera eran enemigos, y como él mismo dijera en las Naciones Unidas en su discurso para justificar los fusilamientos: “Nuestra lucha es una lucha a muerte”.

Este ídolo de los jovenzuelos carnada, o corderos, de la gigantesca marcha, siempre desbocada, de la izquierda: es un peligroso anzuelo. La realidad es que Guevara, mito de bisoños discípulos de universidades de Occidente, era lo más contrario al progreso que se pueda ser. Curiosamente, no pocos de los que se hacen llamar progresistas, los “progres”, aletean en sus marchas y arengas el retrato del guerrillero comunista, sin conocer quién fue ni sus verdaderos objetivos.

Con su descarnado espíritu guerrerista, Guevara, quien la izquierda aún intenta vendernos como paladín del pacifismo, redactó el artículo “Táctica y estrategia de la Revolución cubana”, que apareció en la revista Verde Olivo, órgano oficial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias: “El camino pacífico está eliminado y la violencia es inevitable. Para lograr regímenes socialistas habrán de correr ríos de sangre y debe continuarse la ruta de la liberación, aunque sea a costa de millones de víctimas atómicas”.

En octubre de 1962, en la llamada Crisis de los Misiles, la adrenalina belicista de Guevara y su odio hacia Estados Unidos se exacerbaron. La frustración sobrevino cuando las tensiones entre Cuba, la URSS y Estados Unidos no llegaron a empujar al mundo a un conflicto nuclear. Jamás se curó mentalmente de que los soviéticos retiraran de la isla las armas de destrucción masiva, impidiéndole lanzarlas contra su más odiado enemigo: “Si los misiles hubiesen permanecido en Cuba, los habríamos usado contra el propio corazón de Estados Unidos, incluida la ciudad de Nueva York”, le relató en una entrevista a Sam Russell, periodista del London Daily Worker.

La ceguera o la complicidad de la izquierda seguirá alegando que la violencia del Che estaba entregada a la liberación de los pueblos oprimidos de la Tierra, y que las víctimas, es decir, las bajas, se justifican en esa lucha necesaria. No olvidemos que los muertos de la izquierda casi nunca son muertos. Suelen entrar en la categoría técnica y vulgar de “bajas”. Escalones para el “progreso”. Las guerras de la izquierda no son guerras. Son luchas sociales. Y Guevara es uno de sus mitos. Su santo con fusil.

Decenas de libros, investigaciones, artículos, sus propios discursos y diarios y varias biografías (próximamente, como parte de esta serie, le dedicaré una columna a La máquina de matar, biografía definitiva del Che Guevara, del argentino Nicolás Márquez) revelan cómo el currículo de este genocida comenzó a engrosarse de homicidios en la guerra de guerrillas de la Sierra Maestra, donde apretó el gatillo por primera vez contra sus propios soldados. Allí, como le contó a su padre en una carta, descubrió que le gustaba matar. Increíble arqueología psicológica que no pudo contenerse (es llamativo cómo el Che se atrevió a expresar cosas terribles que Castro también pensaba, pero que por estrategia nunca expuso). No fue un guerrillero heroico como lo vende el castrismo. Fue un psicópata. Un genocida al servicio de las causas humanitarias de la izquierda mundial.

Los discursos de Guevara eran declaraciones de guerra contra la individualidad, cizañas para fomentar resentimiento entre las clases sociales, peroratas ideológicas, sofismas sobre el capitalismo, el consumismo, las instituciones democráticas. Pero, ironías de las dictaduras, desde hace décadas sus icónicas fotografías son mundialmente comercializadas no solo en camisetas sino en todo tipo de productos.

El Che terminó siendo un producto de los servicios de manipulación castrista. Una espantosa mercancía que no pocos desastres y dolores sigue causándole al mundo. Un mundo que, en vez de describir y condenar sus crímenes de lesa humanidad, se resiste a develar el narcótico que la izquierda pone en cada uno de sus homenajes, sus desvíos, sus reservas, sus crueles indiferencias. Un mundo que tristemente aún le desconoce. Y hace tiempo es hora del recuento, del ajuste de cuentas a los disfraces y silencios de la historia.

Dúvida cruel: Melania Trump existe?

"Será que Melania Trump foi realmente substituída por uma dublê de corpo? Ou foi uma entidade extraterrestre que estava ao lado do presidente de óculos escuros bem grandes para disfarçar, se passando pela primeira-dama?". Texto de Vilma Gryzinski:


Quem é mais louco: Donald Trump ou os psiquiatras que saíram pelas ruas de Nova York de roupas pretas e faixa vermelha no pescoço, para alertar sobre o “perigo” que a personalidade narcisista dele representa?

Quem é mais louco: Donald Trump ou os jornalistas que se especializaram em “leitura corporal” da mulher dele e concluíram, logo no dia da posse, que Melania estava mandando pedidos secretos de socorro?

E, por falar nisso, será que Melania Trump foi realmente substituída por uma dublê de corpo? Ou foi uma entidade extraterrestre que estava ao lado do presidente de óculos escuros bem grandes para disfarçar, se passando pela primeira-dama?

Nenhuma dessas perguntas foi inventada do nada. Parecem piada, mas todas têm origem na realidade ou em alguma coisa que parece realidade – as fronteiras são um pouco confusas no mundo de rejeição tão violenta a Trump que uma parte da opinião pública perde o juízo.

A mais comentada do momento é a que especula sobre a “Melania fake”, uma impostora que se passaria pela mulher do presidente da mesma maneira que Saddam Hussein usava sósias, por segurança ou pura maluquice gerada pelo poder absoluto.

A essa altura, todos sabem que os comentários em redes sociais têm pouca conexão com os fatos, mas vamos lá. Trump e Melania estavam embarcando para visitar um centro de treinamento do Serviço Secreto, o de proteção aos presidentes.

Trump falou sobre um assunto qualquer, mas o que incendiou as redes foi o rosto “estranho” de Melania. Até em prótese nasal falaram.

Já que psiquiatras e psicólogos estão dando diagnósticos à distância, contrariando a ética da profissão, vamos entrar um pouco nessa seara. Melania Trump desperta sentimentos extremamente contraditórios.

Como mulher bonita e sedutora, faz uma parte do público antitrumpista desejar inconscientemente que seja um caso clássico de donzela sequestrada. Uma vítima abduzida por Trump e até substituída por uma dublê quando não se submete a suas ordens.

Para a outra parte dos antitrumpistas, Melania é uma oportunista que se casou por dinheiro, usa salto agulha para visitar flagelados (mesmo que não seja verdade) e merece cada segundo de tormento a que o marido a submete.

Sobre a manifestação dos psicólogos e outros profissionais do campo da saúde mental: é verdade. Aconteceu no domingo, na Broadway. Um professor de psicologia batia bumbo à frente do cortejo. Os profissionais pediam que Trump seja enquadrado no artigo 125 da Constituição. Esse artigo trata do afastamento de presidentes por problemas graves de saúde. Nunca foi aplicado.

O inimigo eleito (para esconder o lulopetismo)

"A estratégia é tão óbvia quanto antiga: cria-se um inimigo – Temer – para que o País esqueça quem é o verdadeiro responsável pela atual tragédia nacional – isto é, o lulopetismo". Editorial do Estadão vai ao ponto:


Tudo indica que a segunda denúncia da Procuradoria-Geral da República (PGR) contra o presidente Michel Temer, rejeitada pela Comissão de Constituição e Justiça da Câmara, será barrada pelo plenário, em votação marcada para a próxima quarta-feira. Infelizmente, contudo, isso não significa que o governo passará finalmente a ter tranquilidade para encaminhar as tão necessárias reformas que, em razão da anuviada atmosfera política, entraram em compasso de espera.

O espírito messiânico que culminou nas desastrosas denúncias da PGR – repletas de ilações, carentes de provas e motivadas pela ânsia justiceira de castigar os mais altos escalões da República para purificar a política nacional – parece ter contaminado o ânimo da opinião pública contra Temer. A tal ponto que praticamente tudo o que emana de seu governo ou com ele é identificado, ainda que remotamente, é desde logo tratado como retrocesso, como cassação de direitos ou, simplesmente, como crime. Para os arautos do desastre pouco importa que a inflação esteja abaixo das expectativas mais otimistas, que o valor da moeda esteja alto, que a economia esteja reagindo à crise de maneira muito favorável.

O catastrofismo contribuiu, como já está evidente, para o comportamento imprudente de uma parte do Judiciário e do Ministério Público, cujos exotismos hermenêuticos, a título de acabar com a impunidade, terminaram por atropelar alguns direitos fundamentais, como a presunção da inocência e o devido processo legal, quando se trata de políticos.

A julgar pelas pesquisas de opinião, que mostram o absoluto descrédito dos parlamentares, dos partidos, das Casas Legislativas e dos governos em geral – em particular de Temer, com sua popularidade quase nula –, consolidou-se o discurso segundo o qual a corrupção é endêmica e generalizada. Num cenário desses, não surpreende que comece a ser bem-sucedida a pregação petista segundo a qual Temer seria mais do que simplesmente um mau administrador; ele seria a encarnação de um projeto destinado a arruinar a vida dos pobres e das minorias, favorecendo grupos econômicos e sociais interessados apenas em ampliar seus lucros e sua força. A corrupção teria sido apenas o meio para chegar ao poder – desalojando o partido que se considera porta-voz dos desvalidos – e implementar esse maligno projeto.

Assim, por exemplo, a recente portaria do Ministério do Trabalho que fixou parâmetros para definir o que é trabalho escravo foi desde logo tratada como inaceitável derrogação de direitos, com o objetivo de obter votos da bancada ruralista para barrar a denúncia contra Temer na Câmara. Em meio à gritaria, houve quem dissesse que só faltava “revogar a Lei Áurea”, como fez a presidente cassada Dilma Rousseff em nota, na qual acrescentou que “o presidente golpista se rende ao que há de pior e mais retrógrado, subordinando-se a empresários atrasados, egoístas e responsáveis por práticas de trabalho escravagistas”. Nesses termos, parece claro que é impossível sustentar um debate racional, assim como já havia acontecido com outras iniciativas importantes de Temer, como a reforma da Previdência – que, segundo os petistas, fará os brasileiros trabalharem “até morrer” – e a reforma trabalhista, contra a qual se insurgiram alguns juízes e fiscais do Trabalho, que prometem ignorar as novas leis a fim de proteger os “direitos” dos trabalhadores.

A histeria é tanta que Temer está sendo responsabilizado até mesmo por uma suposta “onda conservadora” que estaria ameaçando as liberdades artísticas e intelectuais. Circula nas redes sociais uma “carta-manifesto pela democracia” em que “artistas, intelectuais e profissionais de várias áreas” denunciam a tal “onda de ódio”. Ao final do texto, o alvo fica claro: os que chegaram ao poder com Temer depois do “golpe parlamentar” e que agora “passaram a subtrair ou tentar retirar um número significativo de conquistas obtidas pelos brasileiros a partir da Constituição de 1988”, limitando “os direitos individuais, civis e sociais no Brasil, precarizando as condições de trabalho, ameaçando a liberdade de ensino nas escolas, a proteção ao meio ambiente, a união de pessoas do mesmo sexo, etc.”. Esse seria, segundo o manifesto, “o conjunto da obra que resulta do golpe de Estado”.

A estratégia é tão óbvia quanto antiga: cria-se um inimigo – Temer – para que o País esqueça quem é o verdadeiro responsável pela atual tragédia nacional – isto é, o lulopetismo.

quinta-feira, 19 de outubro de 2017

Perdeu, heptarréu!


A epidemia da inovação

No mundo corporativo, o futuro se tornou uma commodity, vendida pelas consultorias que tem tudo, menos uma bola de cristal. Artigo de Luiz Felipe Pondé, publicado na FSP:


O mundo corporativo é a distopia perfeita. De um lado, um modo inequívoco de produção de riqueza que elevou a condição material de vida dos seres humanos a um nível jamais imaginável; do outro lado, um sistema que esmaga o sujeito obrigando-o a competir cotidianamente, sem descansar nunca. Se a perfeição da vida material é uma utopia contínua no mundo contemporâneo, essa mesma perfeição produz níveis elevadíssimos de mal-estar, provavelmente garantindo um futuro de mais riqueza regada a desespero a cada dia. Ninguém aguenta mais, mas ninguém pode parar.

Dentro desse quadro, chama atenção a obsessão pela ideia de “inovação”. Ela aparece em todos os níveis da vida, do corporativo às pressões psicológicas sobre os mais velhos e mais jovens, num nível epidêmico.

A ideia, profundamente inscrita no “DNA” (como gosta de dizer o mundo corporativo quando “reflete sobre identidades”) da modernidade, tem raízes filosóficas claras em obras como a do inglês Francis Bacon (1561-1626), entre outros. Seu projeto de “atar a natureza” a fim de conseguir as respostas necessárias para a melhoria das condições materiais de vida “na natureza” numa futura “Nova Atlântida”, associado aos avanços do saneamento básico de Londres ao longo do século 19, são fundamentos básicos dos ganhos técnicos e de gestão de problemas na modernidade. Da natureza ao esgoto, o projeto é o mesmo.

Na vida pessoal, essa epidemia da inovação aparece no modo nefasto como as pessoas buscam “se reinventar” a todo momento. Ela obriga as pessoas a se verem como startups contínuas num mercado infinito de demandas que vão da saúde física permanente à beleza sustentável à custa de obsessões, à espiritualidade a serviço da commoditização da alma, enfim, a uma insatisfação existencial contínua como “motivação” para o imperativo da inovação.

É evidente que a proposta é patológica no nível humano, inclusive porque, apesar dos reais avanços tecnológicos na engenharia médica, marchamos para o envelhecimento e a morte, e isso tem impactos definitivos, mesmo que a indústria da inovação, regada à moda da Singularity University, a bola da vez, venda a ideia de que seremos imortais.

A epidemia da inovação no plano psicológico corrói a capacidade, principalmente dos mais jovens, de lidar com o tédio, o fracasso e a as frustrações “normais” da vida, impondo-nos o imperativo do sucesso crescente, que nos assola das nossas camas, a vida profissional, a lida com filhos até o esgotamento de nossas capacidades intelectuais e afetivas.

Um fato evidente nesse processo é o que muitos chamariam de “pressão do capital”. Essa pressão nos obriga a pensar em nós mesmos como uma commodity buscando “investimento” no mercado de um mundo em “movimento”, em direção à multiplicação do próprio capital que se expande à medida que habita a inovação como condição sine qua non de adaptação a ele.

No mundo corporativo, que gasta dinheiro com palestras circenses, a fim de fazer seus “colaboradores rirem”, assim como uma sessão de meditação em meio ao massacre cotidiano, a epidemia da inovação é um mercado em si mesma. Neste mundo, o futuro é uma commodity em si mesmo, vendido pelas consultorias de futuro. Citando casos conhecidos como a implantação de fake memories (diante destas, fake news é conversa de crianças), esse mercado da inovação vende a ideia de que num mundo próximo a indústria de implantação no cérebro de memórias falsas, mas “felizes”, eliminará a depressão e toda uma série de quadros clínicos indesejáveis.

Para além do absurdo da ideia, de um ponto de vista meramente médico, a própria noção de uma humanidade vivendo continuamente num parque temático “cognitivo” assusta não pelo suposto avanço médico em si, mas pelo modo como as consultorias do futuro vendem a ideia como o máximo da felicidade e da saúde. É a condição definitiva de idiotas cognitivos, sonâmbulos que caminham pela vida como um pós-humano em processo de extinção. Os neandertais, do alto de sua sabedoria de espécie já extinta, chorariam de pena de nós.

Valentina de Botas: desmorrer e uma cantiga de ninar.

"Não foi para isso que marchei pelo impeachment, mas para interromper um projeto de poder vermelho-autoritário que quer se impor mediante outros meios: as larvas que incubou nas instituições". Texto de Valentina de Botas, publicado na coluna de Augusto Nunes:


Num país em que se ainda é necessário explicar por que uma criança não deve ir a uma exposição ver e tocar num homem nu, conclui-se que é inútil explicar; e a presença da mãe chancelando tudo é um agravante, não um atenuante.

Num país em que artistas, que censuravam a seu modo o colega dissidente do credo lulopetista e que dormiram um sono tão profundo em 13 anos de petismo que não viram a máquina do partido difamar opositores e críticos, lançam uma campanha contra “a censura e a difamação” difamando o justo repúdio de grande parte da sociedade (e não só do MBL, que apanha por ter apoiado o impeachment de Dilma) à imposição de um pensamento hegemônico, de um esquerdismo descolado da realidade (há outro?) e preocupado apenas com a liberdade para as respectivas guildas ideológicas monopolizarem a cultura (no sentido amplo) porque ao credo esquerdista, que só deu errado onde foi tentado, restou a preciosa trincheira dos valores.

Num país em que ditos liberais e grande parte da imprensa e de formadores de opinião comemoram a desfiguração da Constituição pelo STF, em particular os votos escandalosamente autoritários dos ministros Luiz Fux e Roberto Barroso que ignoraram picuinhas burguesas como a vigência do estado de direito e a separação dos poderes, para afastar um parlamentar (tanto faz quem seja), e, tendo o Senado consertado a decisão aberrante, vemos muitos, que mesmo sabendo que medida cautelar contra parlamentar é incabível, cederem ao apelo da doutrina da alfafa+pelotão de fuzilamento para não perder os cliques e likes da manada.

Num país que, havendo desencravado do poder a súcia que atrasou nossa vida 30 anos, cede ao voluntariado para o caos se expondo ao risco de restaurá-la por via jurídica na politização da Justiça consequente à judicialização da política, alguns operadores da agenda policial querem impor a própria agenda política. Assim, o procurador do MPF Carlos Fernando dos Santos Lima retoma a ladainha exaustiva de querem-acabar-com-a-Lava-Jato, denunciando que o presidente Temer “está destruindo a operação”. Tenho três perguntas ao blogueiro do povo brasileiro: 1) onde você estava, filhão, quando o ministro da justiça petista Eugênio Aragão disse que afastaria procuradores se sentisse “cheiro de vazamento”?; 2) o que a LJ deixou de fazer por “estar sendo destruída” e não por opção?; 3) onde anda Marcelo Miller? E faço uma sugestão: que Carlos Fernando corra enquanto é tempo; deixe pra lá a paixão, a militância, o medinho e o teclado, e vá prender aquele que o próprio MPF anunciou como chefe da coisa toda. Coragem: combata a impunidade de que você abusa para a retórica oca, e vá prender Lula, depois de tê-lo lavado na sujeira alheia e dado-lhe um discurso de perseguido para voar nas asas seguras de “medidas menos gravosas”.

Num país em que, depois de Lula e discípulos chamarem de golpe o processo livre de irregularidades para depor Dilma, foi interditado o termo “golpe” para dar nome ao golpe arquitetado nas janoelyces para derrubar Temer. Parece que foi outorgada ao lulopetismo a prerrogativa de inutilizar certo léxico da nossa língua. Lamento, chamo as coisas pelo nome que têm: Janot poderia reunir elementos para processar Temer depois que este cumprisse o mandato, mas o PGR tinha a própria agenda política que pretendia alcançar através da policial e forçou a mão. Não foi para isso que marchei pelo impeachment, mas para interromper um projeto de poder vermelho-autoritário que quer se impor mediante outros meios: as larvas que incubou nas instituições.

Num país assim, quero falar de outra coisa; da história de uma menininha, uma cantiga de ninar e de desmorrer.

Minha filha tinha uns quatro anos quando o achamos se debatendo debaixo da árvore na rua de casa. É um filhote, deve ter caído do ninho, expliquei a ela. Andamos o bairro inteiro atrás de veterinário de passarinho. Achamos; também compramos comidinha para ele e minha filha o acomodou num bercinho de boneca na área de serviço. Na manhã seguinte, deparei com a pequena morte ao lado da máquina de lavar. Esperei minha filha acordar. Antes de tomar o próprio café, ela quis alimentar o bicho. 
– Querida, ele morreu. 
– Tá bom, mamãe.

Fizemos um funeralzinho com bolo e frutas, ao som de “se esta rua, se esta rua fosse minha, eu mandava, eu mandava ladrilhar, com pedrinhas, com pedrinhas de brilhantes, para o meu passarinho descansar”. 

Então tá, fui jogar o cadaverzinho no lixo, ela se revoltou.
– Por que você vai fazer isso com o meu único passarinho na vida, mamãe? 
– Ele morreu, meu bem, está morto! 
– E daí, mamãe? Deixa ele quieto no bercinho, por favor, morto não incomoda ninguém, espera um pouquinho ele desmorrer.

Aquela foi a primeira noite em que ela dormiu na cama dos pais, fez o mesmo nas duas ou três noites seguintes. Onze anos depois, nos primeiros dias de agosto, dormi na cama da minha filha para niná-la com a mesma cantiga, trocando “passarinho” pelo nome do melhor amigo dela que se suicidara no fim de julho. Estudavam juntos há oito anos; ele vinha aqui em casa com alegria, à vontade no ambiente simples tão diferente daquele onde vivia com família de posses; trazia o violão quase sempre e compunha músicas que minha filha, tão afinada, cantava. Ainda não conseguimos entender o inexplicável, a incognoscível, a polpa bruta; então entoamos aquela cantiga de infância com um silêncio dentro da gente, procurando em alguma colina ensolarada da alma a esperança de um dia, ao nos fundirmos todos no mesmo azul, desmorram todos que amamos e não precisemos entender nada, o nada.

O medo que nos une

Artigo de Fernão Lara Mesquita, com o martelo na mão:


Democracia é o povo no poder. Ponto.

O desastre brasileiro só se vai aprofundar se continuarmos discutindo “por que” ou “quando” a imunidade dos mandatos parlamentares deve ser suspensa. A discussão que resolve é apenas e tão somente a sobre “quem” deve ter o poder de fazê-lo, até mesmo sem ter de dar satisfação a ninguém sobre o quando ou o por que se decidiu a isso.

O “parágrafo único” do Título I, “Dos Princípios Fundamentais”, da Constituição diz que “todo o poder emana do povo, que o exerce por meio de representantes eleitos ou diretamente, nos termos desta Constituição”. Daí o texto deveria saltar para o Título II, que deveria tratar de empoderar o eleitor para fazer valer o I, se essa Constituição acreditasse em suas próprias palavras. Mas não. Há cinco “jabutis” antes e mais pelo menos uma dúzia enfileirados depois desse “parágrafo único” para negar o que ele afirma e tutelar a vontade popular, que deveria ser soberana. E do Título II em diante segue sempre assim.

Nem no STF, nem no Legislativo, nem mesmo nos debates mediados pela imprensa sobre a imunidade parlamentar, instituto que visa a proteger o representado, e não a pessoa do representante, muito menos um cargo, a palavra “eleitor”, esse tal de “povo” de quem todo poder deveria emanar, chega a ser mencionada. Os três Poderes não só estão livres para cassar representantes eleitos e inverter a seu bel-prazer até o que o eleitor afirma em plebiscitos (como o do desarmamento), eles são cobrados pelos cidadãos supostamente mais ilustrados do País a assumir o papel que deveria ser exclusivo deles de decidir quem continua e quem sai, e quando, do jogo da – é sempre bom lembrar o nome – “democracia representativa”. São os cidadãos mais ilustrados e mais genuinamente imbuídos de civismo que, reagindo uns aos outros intoxicados por ondas de indignação adrede semeadas, exigem, “em nome da democracia”... que se extinga a democracia, seja com juízes, seja com a articulação de cúmplices no crime, seja com soldados.

Em plena era da informação é difícil sustentar que essa inversão decorra apenas de falta de informação. Trata-se de um vício bem mais entranhado. A verdade é que o que irmana esquerda, direita e centro desde sempre no Brasil é a desconfiança que todos têm do povo.

Considere o Estado brasileiro. Considere a Petrobrás, a Caixa Econômica, o Banco do Brasil, o BNDES e as 150 “brases” coadjuvantes no nosso escândalo sem fim. Sai Império entra República, as gerações chegam e se vão, direita e esquerda sucedem-se no poder e as histórias são sempre as mesmas. Só muda o grau da desfaçatez, que vai ficando tanto maior quanto mais óbvia se vai tornando a coisa. O Brasil e o mundo inteiro sabem que empresa e banco estatal só existem para serem roubados. O Brasil e o mundo inteiro sabem que desenvolvimento de verdade só há onde essas excrescências que tratam de justificar-se em nome dele são proibidas. Se quisessem mesmo que o País deixasse de ser roubado, o primeiro alvo de toda essa gente que anda de dedo em riste por aí estaria pra lá de definido. Mas quanto mais roubam o País por meio delas, mais proibido se torna falar em nos livrarmos das estatais.

Qual é o mistério?

Nenhum. Ao redor das empresas estatais e de quem vive específica e confessadamente de roubá-las estão os empregos nas estatais e no serviço público que a alta classe média, “vocal” e politicamente organizada, reserva “aos seus”. Os donos do Estado estendem a ela o regime de privilégios em que vivem de modo a estabelecer a cumplicidade que lhes permite entrar e sair de seus cofres à vontade para comprar e recomprar o poder de continuar eternamente a fazê-lo. Como os empregos públicos, os das estatais também vêm com a garantia da estabilidade eterna, com muito mais salários do que há meses no ano, cercados de “auxílios” isentos de impostos extensivos a toda a raça do agraciado já nascida e ainda por nascer, com aposentadorias precoces por valores muito maiores que os comprados pelas contribuições e dispensada da corrida maluca pela apresentação de resultados. São tão sólidas as garantias de “petrificação” eterna desses “direitos” instantaneamente extensíveis a toda a “privilegiatura” assim que “aquiridos” por qualquer membro individual dela que até os banqueiros, que jamais poderão ser acusados de inclinações altruísticas, lhes concedem crédito para consumo a juros descontados, constitucionalmente assegurados que estão de que o favelão nacional será sempre chamado a pagar a conta nas marés de inadimplência.

Quanto mais miserável esse sistema medieval de servidão faz a Nação neste mundo de competição feroz, mais absolutamente o concurso público, único canal de passagem da nau dos explorados para a nau dos exploradores, afora as nomeações, que são ainda mais explícitas, passa a ser um atestado de rendição. E isso cria um Brasil oficial sem pressa e moralmente entregue desde a partida, com tempo e dinheiro bastantes para tomar de assalto todos os canais de expressão política da Nação, e um Brasil real mudo que aprende a amargas penas que nem correr muito fará qualquer diferença.

O preço disso é a guerra. 60 mil mortos por ano, por enquanto, e piorando por minuto.

Solução só tem uma. Entregar o poder a quem paga a conta. Instituições políticas são uma tecnologia como outra qualquer e a que foi batizada “democracia”, testada e aprovada, pode ser reproduzida sem pagamento de royalties. Poder absoluto para o eleitor interferir a qualquer momento em cada pequeno pedacinho do País é o remédio sem o risco da intoxicação. E isso se faz tirando os porteiros da entrada e escancarando as portas de saída tanto da política quanto do serviço público com eleições distritais, que definem quem é representante de quem, retomada a qualquer hora de mandatos concedidos e empregos contratados sem entrega de resultados e poder de referendo das leis como garantia de uma reconstrução sadia.

Como se faz? Querendo. O Brasil só precisa decidir se quer mesmo democracia, ou seja, o povo no poder. (Estadão).

O STF, o senado e as regras do jogo.

Se o Senado tivesse aprovado o afastamento de Aécio Neves, como havia ordenado a Primeira Turma do Supremo, estaria aplicando pena antes do veredicto. Sem açodamento, é disso que se trata: respeito às regras do jogo democrático. Editorial do Estadão:


Exercendo sua prerrogativa constitucional, o Senado rejeitou anteontem, por 44 votos a 26, a estapafúrdia decisão do Supremo Tribunal Federal (STF) que havia determinado o afastamento do senador Aécio Neves (PSDB-MG) de seu mandato, além de outras medidas cautelares, como o recolhimento domiciliar noturno. Como está claro na lei maior do País, cabe ao Congresso, e não ao Supremo, dar a palavra final sobre a interrupção de mandatos obtidos nas urnas.

Ao contrário do que pensam os indignados que viram na decisão do Senado a prova cabal da impunidade dos corruptos, a sessão de anteontem não julgou a conduta de Aécio Neves, suspeito de corrupção passiva e obstrução de Justiça. Não estava em questão se o senador tucano é culpado ou inocente dos crimes pelos quais foi denunciado pela Procuradoria-Geral da República. Afinal, Aécio nem mesmo é réu, ou seja, não tem do que e como se defender. Se o Senado resolvesse aceitar o afastamento de Aécio, como havia ordenado a Primeira Turma do Supremo, estaria aplicando pena antes que fosse ditado o veredicto. Isso só existe em regimes de exceção.

É preciso um pouco mais de serenidade para que a ânsia de castigar os corruptos – que obviamente é o desejo de todos os cidadãos brasileiros de bem – não se transforme em guerra generalizada contra o Legislativo, ao arrepio das leis do País. Tanto o foro privilegiado para os políticos com mandato como as prerrogativas do Congresso para punir parlamentares não são artimanhas corporativas desenhadas para salvar o pescoço de malfeitores, como parece ter se convencido grande parte da opinião pública, e sim formas de proteger o voto do eleitor contra o arbítrio.

A Constituição instituiu que o mandato de um parlamentar não pode ser retirado sem mais essa nem aquela, pela simples razão de que expressa a soberana vontade dos cidadãos. É preciso haver sólidas evidências de que o detentor desse mandato delinquiu e violou o decoro requerido para o exercício do cargo. Se a qualquer momento, em razão de meras suspeitas e acusações ainda carentes de provas, sem que tenha havido um julgamento formal, cassa-se ou suspende-se um mandato obtido nas urnas, então não há nenhuma segurança de que a vontade do eleitor será respeitada no futuro. Trata-se de intolerável ameaça à própria democracia.

Felizmente, mesmo ao custo de ampliar o desgaste popular dos parlamentares, prevaleceram no Senado o bom senso e a necessidade de reafirmar a importância do mandato conferido pelo eleitor ante a onda de descrédito dos representantes do povo no Congresso. Nem a gritaria das redes sociais nem a determinação do Supremo de que a votação fosse “aberta, ostensiva e nominal” – em mais uma intromissão indevida do Judiciário no Legislativo com o objetivo de constranger os parlamentares perante a opinião pública – foram capazes de demover a maioria do Senado na defesa de suas prerrogativas.

Não se deve supor, é claro, que os senadores que votaram pela manutenção do mandato de Aécio Neves o fizeram, todos, em razão da gritante ausência de bases legais, pois é evidente que muitos deles, encalacrados em processos por corrupção, estavam interessados, antes, em dar uma demonstração de força perante o Judiciário. Mas esse interesse não torna menos legítimo o desfecho do caso, que caminhava a passos largos para se tornar paradigmático destes tempos em que vai se tornando perigosamente natural exigir o justiçamento em lugar da aplicação da lei. Ou não foi isso o que aconteceu no Supremo Tribunal Federal quando alguns dos ministros – a título de acabar com uma “tradição brasileira” de “prender miúdos e proteger graúdos”, como disse o ministro Luís Roberto Barroso ao justificar seu voto contra Aécio Neves – condenaram o senador como corrupto mesmo antes que houvesse um processo formal contra ele?

Espera-se que esse episódio, afinal, sirva como parâmetro para determinar os limites institucionais da ação de irresponsáveis que pretendem destruir a política em nome da salvação do Brasil.

quarta-feira, 18 de outubro de 2017

Brasileiros são contra ideologia de gênero na escola

Pesquisa mostra que 87 por cento da população é contra a presença dessa nefasta ideologia na escola. A rejeição é maior entre os que têm nível superior, relata a Gazeta do Povo:


Oitenta e sete por cento dos brasileiros são contra o ensino da ideologia de gênero em sala de aula, de acordo com um levantamento feito pelo Paraná Pesquisas com exclusividade para a Gazeta do Povo. 

A pergunta feita foi esta: "A teoria de que uma pessoa pode escolher o próprio gênero deve fazer parte do currículo escolar? " 

Dos entrevistados, 87% responderam negativamente, 8,6% responderam positivamente e 4,4% não opinaram.

Pesquisa

A teoria de que uma pessoa pode escolher o próprio gênero deve fazer parte  do currículo escolar?

Fonte: Infografia: Gazeta do Povo. Fonte: Paraná Pesquisas. Metodologia: foram entrevistados 2.365 brasileiros, residentes em 188 municípios e em 26 Estados e Distrito Federal. Tal amostra representativa do território nacional atinge um grau de confiança de 95,0% para uma margem estimada de erro de aproximadamente 2,0% para os resultados gerais. Infografia: Gazeta do Povo.

Ao todo, 2.365 pessoas, de todas as unidades da federação, foram ouvidas entre 11 e 16 de outubro. A margem de erro é de dois pontos percentuais.

Consideradas todas os sub-grupos (sexo, idade, nível educacional, região e situação econômica), o apoio à ideologia de gênero nunca ultrapassa os 11,4%. Curiosamente, o grupo com maior apoio ao ensino do tema é o dos com 60 anos ou mais. 

Entre os jovens de 16 a 24 anos, o não obteve 85,9% das respostas. A maior rejeição ficou no grupo de 35 a 44 anos (91,3%). 

A rejeição à ideologia de gênero também cresce conforme a escolaridade aumenta: 83,7% entre os que têm nível fundamental, 88,6% no grupo que tem ensino médio e 90% entre as pessoas com nível superior. 

Na divisão por regiões, o maior apoio à ideologia de gênero está no Sudeste (10%). O menor, no Nordeste (6,7%). No Sul, o apoio é de 9,4% e, no norte e no Centro-Oeste, que contam como uma região única para os efeitos da pesquisa, é de 7%.

Cinco letras que choram

Coluna de Carlos Brickman, do Chumbo Gordo, publicada em vários jornais do país. Por alguma razão, escreve o articulista, as delações de Joesley, que abalaram mas não derrubaram o poder de Temer, foram catastróficas para Aécio:


Michel Temer está com a popularidade abaixo de cauda de jacaré, mas sai dessa; e, em algum momento até o final do mandato, dezembro de 2018, alguém reconhecerá os êxitos de seu Governo num setor-chave, Economia. Com o mesmo problema da área política, basicamente a necessidade de dar um agrado a numerosos parlamentares, conseguiu reduzir a inflação para baixo da meta, ampliar as atividades de maneira a indicar crescimento futuro, tomar providências que um dia forçarão o Governo a reduzir seus monumentais, extraordinários gastos. Na política e na economia, seguiu a oração de São Francisco: é dando que se recebe. E talvez ganhe para sua memória a frase seguinte do santo, “é perdoando que se é perdoado”.

Já Aécio, tanto faz ter ou não seu mandato mantido pelo Senado. Pois não há como manter um mandato que já não existe: por algum motivo, as delações de Joesley Batista, que abalaram mas não derrubaram o poder de Temer, foram catastróficas para Aécio. De repente, o segundo colocado na eleição presidencial, com 51 milhões de votos, quase metade do eleitorado, cujos aliados se cansaram de dizer que só perdeu por ter sido prejudicado na apuração, virou um zero político. O antigo presidente do Senado demonstrou-se incapaz de coordenar sua própria defesa, de articular-se com seus colegas senadores, de defender-se sem choramingos, sem argumentos.

As acusações foram aceitas como verdade. Deve haver motivo para isso.

Os passos de Temer

O presidente não deve tentar a reeleição. Acha que haverá um bloco à direita, com Jair Bolsonaro ou alguém menos flutuante (Bolsonaro já esteve em nove partidos, inclusive o Ecológico, diz defender o liberalismo mas gosta de estatais); um à esquerda, sob o comando do PT – ou, mais precisamente, de Lula, preso ou solto); um em cima do muro, o esfacelado PSDB; e quer chefiar a sucessão unindo partidos como PMDB, DEM, PSD, PTB, PTB, PR, PRB. Candidato provável, Henrique Meirelles. É cedo para prever, mas no meio da briga partidária, pode sobrar para ele. Ou Dória.

Como diria Caetano

Ou não. Lula neste momento lidera as pesquisas, mas ninguém vence a eleição com o nível da rejeição que ostenta: metade dos eleitores diz que não vota nele de jeito nenhum. Mas falta um ano e isso pode mudar. E Lula nem precisa ser candidato: basta que possa proclamar que “a zelite” usa as leis para prejudicá-lo e, por isso, em vez de sair candidato, lança outro. Quem conseguiu eleger Dilma sabe a força de que um poste é dotado.

A força do adversário

Lula conta, na campanha para que o eleitor o veja como perseguido, com o valioso apoio dos adversários. Os procuradores da Lava Jato já fizeram o que não deveriam com aquele “power point” segundo o qual, com ou sem investigações, Lula era apontado como ponto central da ladroeira. Já havia ocorrido, há tempos, o caso “Vavá dois pau”, uma operação contra Genival, irmão de Lula, que teria pedido “dois pau pra eu” para usar sua influência num caso. Que influência, cara pálida? Alguém que, entre Petrolão, Mensalão e Quadrilhão, aceita “dois pau”? E agora houve o caso mais obscuro de todos; a pressão sobre o filho de Lula.

Vale tudo

Há pouco mais de uma semana, no dia 10, um delegado da Polícia Civil de Paulínia, SP, com três policiais armados, invadiu com ordem judicial a casa do psicólogo Marcos Lula da Silva, o mais velho dos filhos de Lula. Segundo se soube, com base em denúncia anônima, acreditavam que na casa houvesse drogas e armas. Não havia. Recolheram então dois computadores, pendrives, CDs e DVDs; foram a outro endereço, com base na mesma suspeita, e o resultado foi o mesmo: nenhum.

A juíza Marta Pistelli, que dera a ordem de busca e apreensão de “armas e drogas”, disse ter sido enganada pela Polícia Civil. Mandou devolver tudo o que tinha sido ilegitimamente apreendido e foi mais longe: disse que tinha autorizado a busca e apreensão em um endereço, não em dois.

E até agora o governador Geraldo Alckmin, PSDB, que pretende ser candidato à Presidência, talvez contra Lula, ficou mudo. Nada disse – nem ele nem seu secretário da Segurança. Abriu-se uma investigação e o delegado foi afastado do caso – aliás, de qual caso? Por que adversários de Lula tanto querem estimular sua candidatura?

Como se faz

As investigações sobre corrupção no Brasil ocorreram também em Portugal, com manobras casadas e sócios ultramarinos. Mas, em Portugal, sem delações premiadas, a acusação é completa e não dá margem à criação de vítimas (http://wp.me/p6GVg3-41C). Atingiu do banqueiro Ricardo Salgado (Banco Espírito Santo) a José Sócrates, preso enquanto era primeiro-ministro. Sócrates se diz perseguido mas ninguém lhe dá bola. Juiz e procurador podem andar tranquilos pelas ruas, sem ser reconhecidos.

Reinações de Narizinho (Hoffmann)

A senadora Gleisi Hoffman, que nada entende de economia (nem de outras áreas, por sinal), andou pisando no tomate com suas opiniões nada racionais. O economista Alexandre Schwartsman pegou a Narizinho paranaense no pulo (via Chumbo Gordo):


A senadora Gleisi Hoffman nos brindou com a seguinte pérola: “a atividade econômica está no chão; como é que vai ter inflação?”. Fosse eu médico (para alegria de Da. Gilda, que, como boa mãe judia, ainda não se conformou com minha escolha de carreira) certamente receitaria as pílulas do Dr. Caramujo para a memória da senadora.

Basta lembrar que em 2015 a inflação chegou a 10,7% enquanto o PIB encolheu 3,8%. Mesmo se desconsiderarmos os efeitos dos preços de alimentos e dos preços administrados (que subiram muito naquele ano para compensar o desastrado congelamento de anos anteriores) a inflação teria atingido quase 8%.

Já nos 12 meses terminados no segundo trimestre de 2016, ainda no governo Dilma, o PIB caiu 4,8%, o pior resultado da história, com a inflação perto de 9% (ou 7%, se expurgados alimentos e preços administrados). É verdade que o desemprego hoje é 1,5% mais alto do que em meados do ano passado, mas já alcançara 11% naquele momento contra 6,5% no começo de 2014, ou seja, o mercado de trabalho já havia sucumbido à recessão iniciada dois anos antes.

Posto de outra forma, a experiência da senadora, então ministra, deveria tê-la ensinado que “atividade econômica no chão” não basta para domar o processo inflacionário. Se inflação dependesse apenas da atividade, o governo Dilma poderia se gabar de ter produzido a menor inflação da história. Como sabemos, não foi o caso.

…medidas como a criação do teto constitucional para os gastos federais sinalizaram uma trajetória de ajuste das contas públicas, ainda que gradual e sujeita a vários acidentes de percurso. Para ser sincero, permaneço cético quanto à manutenção do teto sem medidas adicionais, mas o consenso…

Quem acompanha o comportamento dos preços nota que a inflexão se deu no último trimestre de 2016, quando o IPCA, medido em 12 meses, cedeu mais de dois pontos percentuais, bem mais do que vinha caindo em trimestres anteriores (em torno de meio ponto percentual por trimestre), fenômeno similar ao observado no caso da inflação sem alimentos e preços administrados, e que persiste ao longo de 2017.

À parte o choque favorável dos preços agrícolas, que trouxe a inflação de alimentos para terreno negativo (mas que, por definição, não teve impacto direto na inflação ex- alimentos e administrados), dois fatores desempenharam papel central na quebra da espinha dorsal da inflação.

Por um lado a postura do BC. É bom lembrar que, à época, não faltou quem afirmasse que a meta de 4,5% para 2017 era inexequível, sugerindo que a nova diretoria adotasse uma “meta ajustada”. A rejeição desta proposta indicou que a instituição se comportaria de maneira oposta à sua conduta sob Alexandre Pombini, cuja sujeição ao Executivo, mais do que evidente, era escandalosa. A firmeza do BC ajudou a consolidar a queda das expectativas de inflação.

Por outro lado, medidas como a criação do teto constitucional para os gastos federais sinalizaram uma trajetória de ajuste das contas públicas, ainda que gradual e sujeita a vários acidentes de percurso. Para ser sincero, permaneço cético quanto à manutenção do teto sem medidas adicionais, mas o consenso que se formou indica que a maioria do mercado dá à atual administração o benefício da dúvida, mesmo se boa parte da tarefa for legada ao próximo governo.

O desemprego elevado só trouxe a inflação para baixo porque medidas corretas de política econômica foram adotadas. Quem acha que recessão resolve sozinha o problema deveria aprender com a Venezuela, mas não aplaudi-la, como fazem a senadora e seu partido.

Como o Irã desestabiliza o Oriente Médio

Em artigo publicado por Libertad.org, Madyson Hutchinson observa que a crescente influência do Irã é uma ameaça à estabilidade regional, prejudicando vários aliados dos Estados Unidos. Daí o rompimento do "Acordo nuclear com o Irã", firmado por Obama - que não impediu o avanço da teocracia iraniana:


El presidente Trump anunció el pasado viernes que Estados Unidos no recertificará el controvertido Plan Integral de Acción Conjunta (JPCOA) con Irán — más conocido como el “Acuerdo nuclear con Irán”.

El controvertido convenio ha estado en el punto de mira desde que el presidente Barack Obama lo firmó en 2015. Sus críticos dicen que el acuerdo no hace lo suficiente para impedir que Teherán desarrolle un arma nuclear, factor que amenaza la seguridad de toda la comunidad internacional.

Según la estrategia del presidente, las afrentas de Irán no se limitan a su programa nuclear. Por eso Trump incluyó a la necesidad de contrarrestar la agresión iraní como uno de los componentes de su estrategia de cuatro puntos.

La creciente influencia de Irán es una amenaza para la estabilidad regional y está perjudicando a los aliados de Estados Unidos. Desde que le levantaron las sanciones en 2016, Irán cuenta con mayor influencia financiera y económica que ha sabido usar para desestabilizar a muchos de sus vecinos.

1. Guerras proxy y sabotaje contra aliados de Estados Unidos 

Irán tiene un extenso historial respaldando grupos rebeldes y saboteando establecidos gobiernos regionales.

En Yemen, Irán busca debilitar la influencia saudita respaldando a los rebeldes hutíes contra las fuerzas sauditas y yemenitas, así como contra una fuerza expedicionaria liderada por Arabia Saudita. Los hutíes han atacado con armamento proporcionado por Irán navíos estadounidenses y de aliados de Estados Unidos en el Mar Rojo. Irán incluso amenazó con acciones militares contra Arabia Saudita.

2. Contrabando de armas y soldados

Irán ha sabido sacar ventaja en la lucha de Irak contra el Estado Islámico (EI) y la subsiguiente inestabilidad. En especial, la creación de infraestructuras de transporte y logística diseñadas para movilizar soldados y armamento vía Irak para abastecer a sus fuerzas subsidiarias en Siria y el Líbano.

Irán está haciendo lo mismo en Yemen. Un oficial de Estados Unidos ya avisaba que Irán ha estado proporcionado un letal arsenal de armas a los rebeldes hutíes que se ha usado incluso contra navíos de aliados de Estados Unidos en el Mar Rojo.

Irán también ha reclutado miles de refugiados afganos y los ha desplegado como voluntarios armados para combatir al lado de las tropas del presidente Bashar al-Asad en Siria.

3. Se alinea con regímenes brutales

La guerra civil siria ha sido sangrienta y brutal. Más de medio millón de sirios han sido asesinados y millones han tenido que huir de sus hogares. El respaldo de Irán al presidente al-Asad es uno de los elementos clave para la supervivencia del gobierno sirio.

Irán ha enviado altos oficiales militares, ha desplegado centenares de soldados de la Guardia Revolucionaria y ha facilitado dinero, inteligencia, entrenamiento, comunicaciones y apoyo armamentístico a al-Asad -a pesar de sus enormes violaciones de derechos humanos.

Los aliados de Irán incluyen naciones hostiles como Rusia, que ha combatido junto a fuerzas iraníes y de al-Asad en Siria, al igual que Venezuela, país que sigue deshaciéndose bajo el mando de un gobierno corrupto y antioccidental.

El respaldo de Irán a la Autoridad Palestina ha fomentado un aumento en el terrorismo palestino y la confianza de que surja un Estado palestino unitario que reemplace a Israel.

4. Terrorismo patrocinado a nivel estatal

Uno de los peores males de Irán es su financiamiento del terrorismo. El Departamento de Estado americano lista a Irán como el país patrocinador de terrorismo Nº 1 — y con razón. Durante años, Irán ha prestado su respaldo a grupos antioccidentales como Hamás y Hizbolá, así como a organizaciones subsidiarias en Irak, Siria y Yemen, lo cual ha empeorado la situación de los conflictos regionales.

En la Franja de Gaza, Hamás lleva a cabo ataques periódicos contra Israel con armas financiadas por Irán y se ha beneficiado del entrenamiento militar, también financiado por Irán.

En el Líbano, Hizbolá difunde noticias pro-iraníes, y ejecuta ataques en la frontera libanesa-israelí. También hay combatientes de Hizbolá en Siria, que Irán financia y que han tenido un papel importante apuntalando al régimen de Bashar al-Asad.

A Irán se le acusa de respaldar a los talibanes en Afganistán, cuya relación se formalizó a principios de 2014, y por negarse a castigar a altos miembros de al-Qaeda.

Prevenir que el régimen iraní obtenga capacidades nucleares es importante, pero ésa no es la única amenaza que Irán representa para la región.

La influencia iraní sigue en expansión y, en lugar de frenarla o de prevenirla, las cláusulas del acuerdo nuclear han hecho que sea más fácil para Irán tener influencia negativa y desestabilizar Medio Oriente.

Que el presidente Trump se haya negado a certificar el acuerdo podría marcar un punto de inflexión en la destructiva influencia de Irán.

Há um jornalismo que acabou

Jornalismo refém de ideologia é jornalismo morto. E a culpa não é do próprio, mas dos jornalistas, mal formados nas escolinhas de comunicação. Nem percebem que falam para as paredes, ressalta Percival Puggina. Esse jornalismo nem sequer merece um réquiem:


Há um jornalismo que acabou. Fala com as paredes. Irresignado ante a falta de eco, cospe no vento. Cisca no dicionário adjetivos que, de tão mascados, se tornaram rejeitos de lixo orgânico, direto ao saco preto. O vocabulário com que o "politicamente correto" se protegia entra num debate, hoje, murcho como maracujá. Quem leva a sério o adjetivo "reacionário!", ou "conservador!", ou "neoliberal!" (lembram dele?), ou ainda o "fascista!", que os próprios comunistas gastaram mundo afora contra seus adversários antes do tiro na nuca?

Durante décadas, esses senhores foram os regentes das redações, onde desfilavam proféticos, iluminando o mundo com olhares que se derramavam sobre uma nova humanidade e um novo tempo. Eram os kaisers do quarto poder, ditando as normas técnicas para a engenharia do brilhante futuro. Perder tempo com eles, agora, é como contemplar a alvorada de um passado que se refuga. Xô! Quebraram o Brasil, acabaram com a Educação e atacaram, um a um, os valores que sustentariam moralmente a nação.

A sociedade compreendeu, por fim, que, tanto quanto ela precisa conservar valores que orientem as ações humanas para o bem (conservadorismo), a economia precisa de liberdade (liberalismo) para evoluir. Se observarmos atentamente, veremos que isso é tudo que o velho jornalismo militante, mãos dadas com os camaradas do mundo acadêmico, se dedicou a destruir; e que parcela importante do clero católico se descuidou de preservar.

Tem duas razões fundamentais para viver, esse jornalismo. A primeira é servir de memorial adulterado dos "anos de chumbo". Vivem na nostalgia daquele período, misturando a saudade da própria juventude com o tempo em que conseguiram articular um discurso cuja consequência, em tese, rimava com a causa. A segunda é combater liberais e conservadores, qualificando-os como fascistas. Mas, sem direito a tiro na nuca, tudo fica menos produtivo. Fazer o quê? Mudar-se para Cuba ou para a Coreia do Norte?

Não recordo, ao menos em passado recente, de esforços retóricos tão velhacos, tão fraudulentos, quanto os empregados nas últimas semanas por esse jornalismo para tentar convencer a sociedade de que:
• os conservadores seriam hipócritas bradando contra nudez e erotismo na arte;
• gravuras grotescas dedicadas a sujos entreveros sexuais, se expostas em ambiente cultural, deveriam merecer a mesma reverência de conhecidas obras-primas da arte universal;
• sentimentos e atitudes tão diferentes entre si como repulsa, indignação e boicote seriam "sinônimos" de censura;
• sexo não existiria, o que existe é gênero e toda criança deveria começar a aprender isso no bercinho da maternidade;
• as redes sociais seriam uma terra de ninguém tomada pela direita raivosa.
Quem faz afirmações assim não está a mudar de assunto. Está a corromper a razão, conforme mencionei em recente vídeo. Há semanas repetem isso ao país e querem credibilidade? Pretendem seguir influenciando a opinião pública? Subestimam a inteligência daqueles com quem se comunicam! Foi ao servir nacionalmente esse cardápio de falsidades que o velho jornalismo militante deu extraordinário alento aos bons conservadores e aos bons liberais. Refiro-me aos conservadores que estimam a liberdade e aos liberais que reconhecem a necessidade de preservar valores morais. 

A sociedade não se escandaliza com nudez desde 22 de abril de 1500 e pouco se interessa pelo que acontece atrás das portas, desde que seja vedado o acesso a crianças. Mas entendeu, perfeitamente bem, ser isso que jogou o velho jornalismo militante na pornomilitância.

O silêncio que cai sobre ele vem por overdose de si mesmo.