terça-feira, 4 de outubro de 2016

Os intelectuais que apoiam Trump: pela restauração da promessa americana.

Cento e trinta intelectuais - incluindo escritores, acadêmicos e líderes de think tanks liberais e conservadores - resolveram ser mais ativos na campanha presidencial norte-americana, apoiando Donal Trump. Sobre o tema, segue texto de Alejandro Chafuen:



"Dadas nuestras opciones de cara a la elección presidencial, entendemos que Donald Trump es el candidato que más probablemente restaure la promesa americana, y así como nosotros elegimos apoyarlo, los instamos a apoyarlo".


Con esta introducción, un grupo de escritores y académicos del mundo conservador y clásico-liberal estadounidense han decidido volverse más activos en la contienda presidencial.

Ciento treinta de ellos firmaron la declaratoria. Incluye a presidentes de universidades y profesores, líderes de think tanks, escritores independientes e intelectuales. Los nombres más reconocidos son el exvocero de la Cámara de Representantes Newt Gingrich, el economista y comentarista Larry Kudlow, y el exministro de Educación Bill Bennett. Pero también están allí Peter Thiel -cofundador de PayPal y autor del notable libro ‘Zero to One: Notes on Startups, or How to Build the Future’ (De Ceros a Unos: Apuntes sobre Startups, o de Cómo Construir el Futuro). Thiel es, quizás, el más libertario de todos.

Larry Arnn, por otro lado, quizás sea el más conservador. La declaratoria viene acompaña con la clásica advertencia: ‘Los puntos de vista expresados no representan la opinión de universidades, casas de estudio e instituciones de aquellos que han firmado’. Sin embargo, uno no debería pasar por alto por completo las afiliaciones.

Arnn es presidente del Hillsdale College que, a través de su alcance y programas educativos ha logrado superar a la Fundación Heritage como el principal destino de donaciones de conservadores y liberales (en su sentido europeo), Hillsdale se ha convertido en la universidad conservadora de mayor crecimiento en Estados Unidos. Arnn es también presidente de la Philadelphia Society, fundada en 1964. Al menos dieciséis otros miembros de la sociedad han decidido apuntarse en el listado. Entiendo que muchos de los otros cuatrocientos miembros puedan tener sus dudas, pero aquellos que firmaron, como Al Regnery, George Gilder, Charles Kesler, Nick Capaldi, y Neal Freeman, se han ganado y mantienen una gran reputación como intelectuales. Ellos representan las diversas tradiciones que siempre caracterizaron a la sociedad: conservadores, libertarios de la Escuela Austríaca y economistas de Chicago, y ‘fusionistas‘ que toman prestadas ambas tradiciones, suelen promover la libertad de la persona como medio de alcanzar objetivos conservadores.

La lista incluye a expertos reconocidos con inmejorables credenciales liberales, como ser John Lott, experto en derechos de tenencia de armas; Peter Ferrara, pionero y experto en reformas para la seguridad social; y Herb London, que lidera un instituto dedicado a la seguridad nacional. Escritores sindicados como Deroy Murdock y Bill Murchison también se unieron a la declaratoria. Y ésta incluye a algunos de los más profundos intelectuales y pensadores, como Hadley Arkes, profesor emérito del Amherst College, y Roger Kimball, editor y director de The New Criterion y director de Encounter Books. Nada más distinto al estilo de Trump que la literatura académica publicada por Kimball y las contribuciones académicas de Arkes.

La fuerza motora detrás de este esfuerzo, sin embargo, es el profesor Frank H. Buckley, de la Universidad George Mason (GMU). Escritor prolífico, Buckley se ha dedicado a describir el modo en que el Estado de Derecho se encuentra en declive en Estados Unidos y la forma en que el marco legal y económico está contribuyendo a crear inequidad, reduciendo la movilidad social ascendente. Cuando dirigía el Centro para Leyes y Economía de la GMU, Buckley organizó varios programas con latinoamericanos y visitó varios países -incluyendo la Argentina. Pudo contemplar cómo se vería el futuro de Estados Unidos a no ser de que Washington sufra un fuerte shock.

Conozco muy bien a aproximadamente un tercio de aquellos que firmaron la misiva, incluyendo a Buckley, a quien acompañé a la Argentina cuando visitó la Fundación Pensar. Percibo que él se encuentra ahora feliz de saber que el shock es real. Otros -que también han firmado- lo han hecho por realismo y algo de resignación, ‘dadas las opciones‘ disponibles: estudiaron las políticas públicas, los equipos y la trayectoria de los candidatos y, en el balance, anunciaron que votarán (y solicitarán a otros a que así lo hagan) por Donald J. Trump.

Es también importante tener presente a numerosos expertos y escritores que no figuran en el listado, y por los cuales tengo un enorme respeto. Sospecho que ninguno de ellos conminará a otros a votar por Trump y desconozco si ellos mismos lo harán.

Tengo una especial admiración por Arthur Brooks (AEI), Robert P. George (Programa James Madison en la Universidad de Princeton), Robert Sirico (Instituto Acton) Paul Kengor (Center for Vision and Values en Grove City College), Michael Krauss (Universidad George Mason) y muchos otros. Ellos han dedicado su vida a respetar el derecho a disentir y a elevar la discusión intelectual en el ámbito académico y en círculos políticos y sociales. Donald Trump no expresa de la mejor manera el pensamiento de aquéllos. Y entiendo que son, en conjunto, verdaderamente independientes y que objetan a Trump por razones de conciencia.

Con todo, aquellos que sí firmaron comparten un detalle en común. No son parte de poderosas redes financieras -y nada tengo contra el dinero ni sus redes. Pero, de igual manera, no comparto muchas de las agresiones verbales lanzadas por Trump, no concuerdo con aquellos que se encuentran hoy librando una guerra, en ocasiones, una guerra abierta en redes sociales mientras se ocultan tras bambalinas, emprendiéndola contra aquellos que quieren sacar lo mejor de las personas en un escenario complejo. Situación en la que nos han depositado las mismas élites que, ahora, se rasgan las vestiduras.(Libertad.org).

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