sexta-feira, 6 de janeiro de 2017

Paz no Oriente Médio: muito além dos assentamentos.

Os assentamentos promovidos por Israel nas zonas ocupadas - e condenado pela ONU, com a conivência de Obama - não são, ao contrario do que se pensa, o maior problema da região (e que impediria a formação de um Estado palestino). Na verdade, são problemas maiores que impossibilitam esse Estado: 1) "A falta de vontade dos palestinos para coexistir com Israel; 2) a incapacidade administrativa e funcional dos palestinos para constituir-se em Estado". Artigo de Elias Cohen, publicado em Libertad.org:


La ya famosa Resolución 2334 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, aprobada el pasado 23 de diciembre gracias a la abstención de Estados Unidos, condenó los asentamientos israelíes en la Margen Occidental –incluyendo a Jerusalén Este como territorio ocupado– y, entre otras consecuencias, volvió a crear la percepción de que aquéllos son el mayor obstáculo para la paz entre israelíes y palestinos.

La abstención de Estados Unidos refleja la postura de Obama ante el conflicto, contraria a la expansión de los asentamientos israelíes en la Margen Occidental. Algo con lo que está de acuerdo prácticamente toda la comunidad internacional (ningún miembro del Consejo de Seguridad votó en contra). Pero, más allá de la situación legal o de la legitimidad de los asentamientos, si el fin último es la paz, debemos responder una pregunta más apremiante: ¿son los asentamientos realmente el principal obstáculo para la paz?

Al no existir un método científico de predicción en las relaciones internacionales, tal como ha señalado Paul Wilkinson, debemos atender a ciertos patrones y hechos consumados. No podemos afirmar con exactitud si una retirada completa y total de Israel a las fronteras anteriores a 1967 traería la paz, pero la coyuntura actual y las experiencias pasadas indican que, por desgracia, es altamente improbable.

Kerry, en el discurso en el que justificaba la abstención de Estados Unidos, dijo que los asentamientos no eran el principal obstáculo para la paz, pero que su expansión impedía la viabilidad de un Estado palestino. No obstante, son otros problemas mayores los que impiden que un Estado palestino sea posible.

En concreto, son dos: la falta de voluntad entre los palestinos para coexistir con Israel y la imposibilidad administrativa y funcional de los palestinos para constituirse como Estado.

Como argumenta Tim Montgomerie en The Times, “cuando están rodeados de gente que les quiere muertos, los israelíes no pueden ser culpados por no apresurarse a repetir lo que sucedió después de su retirada de 2005 de Gaza”. Ciertamente, desde que Israel abandonó el territorio sin contrapartidas y sacando a sus colonos a punta de fusil –como hizo en 1979 para entregar el Sinaí a Egipto con el objetivo de conseguir la paz–, la Franja ha servido para que Hamás la utilice como lanzadera de misiles y se parapete tras la población civil –Gaza tiene una de las densidades demográficas más altas del mundo–. No es la única vez que Israel se retira de territorios conquistados a cambio de paz y ha recibido violencia. En el año 2000 se retiró del sur del Líbano y lo único que obtuvo a cambio fue una guerra contra Hezbolá en 2006 y la amenaza de otra.

Además, Gaza es una entidad compleja, no es un Estado, y no está subordinada a la Autoridad Palestina, que gobierna en la Margen Occidental.

La solución de los dos Estados es la mejor posible, y la mainstream, para llegar a una paz estable, es cierto. Sin embargo, los palestinos, atrapados entre una Administración corrupta en la Margen Occidental y un grupo terrorista y fanático que quiere la destrucción de Israel (artículos 6 y 11 de la Carta Fundacional de Hamás, sin mencionar la inmensa de cantidad de declaraciones de sus líderes en tal sentido), no están preparados actualmente para sostener un Estado viable y que viva en paz junto a Israel.

Rick Richman, en Commentary, recuerda que los asentamientos nunca fueron un obstáculo para la paz, ni siquiera para Israel, y que en 2000 el entonces primer ministro israelí, Ehud Barak, ofreció a Arafat un 90% del territorio reclamado por los palestinos (reteniendo bloques de asentamientos como Gush Etzión e intercambiándolos por tierra israelí, la fórmula conocida como land swaps) y dividir Jerusalén en dos, por la mismísima Ciudad Vieja, para que también fuera capital del Estado palestino. Arafat dijo no. Otro premier israelí, Ehud Olmert, ofreció hasta el 100% de la tierra reclamada por los palestinos, incluyendo un pasillo entre Gaza y la Margen Occidental, aplicando la misma fórmula de Barak para Jerusalén. Mahmud Abás dijo no.

Sin entrar a considerar la política de asentamientos, es harto evidente que éstos no son el principal obstáculo para la paz.

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