sábado, 8 de abril de 2017

O crime de Assad e o castigo americano

Carlos Alberto Montaner comenta a boa resposta de Trump ao crime do tirano sírio Assad, que, junto com Putin, estava colocando à prova o presidente norte-americano. De quebra, o ditador da Coreia do Norte e a teocracia iraniana devem botar as barbas de molho depois desse bombardeio. Adeus, Obama, até nunca mais:


Donald Trump dijo que lo estremecieron las imágenes de esos “niños hermosos” destrozados por el gas Sarín esparcido por la aviación del dictador sirio Bashar al-Assad. Por eso, afirmó, ordenó el lanzamiento de 59 misiles contra la base de donde habían despegado los aviones. Desde el fin de la Primera Guerra mundial está prohibido el uso de esas crueles armas químicas.

Me parece bien el castigo. La gente, incluso la peor gente, tiene que aprender que sus acciones tienen consecuencias. La crueldad de Assad merecía la muy grave sanción de los Tomahawks. Estos misiles cargan unos 450 kilos de explosivos y cuestan, cada uno, aproximadamente un millón seiscientos mil dólares. La operación le costó a Estados Unidos, unos cien millones de dólares y devastó la base aérea siria.

Dejó 59 cráteres, 20 aviones destruidos y unas instalaciones minuciosamente aniquiladas, aunque previamente los militares norteamericanos les avisaron a los rusos y a los sirios lo que se proponían llevar a cabo. Esta vez la guerra avisada dejó seis soldados muertos. Sin las llamadas hubieran sido muchos más. El objetivo no era matar enemigos, sino proyectar cierta imagen.

Para Donald Trump también fue un episodio de aprendizaje. Aprendió que el presidente de Estados Unidos tiene que tomar decisiones en las que todas las opciones son malas. Para alguien acostumbrado al toma y daca de los negocios, supuestamente experto en recibir algo sustancial por lo que entrega, debió ser extraño tirar cien millones de dólares por la borda (nunca mejor dicho) sin la esperanza de recibir a cambio otra cosa que las críticas agudas de algún sector afectado.

Si debilitaba a Assad, favorecía a ISIS y a Al Qaeda, los encarnizados enemigos de Estados Unidos. Si se inhibía, como predicaba antes de llegar a la Casa Blanca, beneficiaba a la dictadura de Assad, a Irán y a Rusia, mientras se tensaban y perjudicaban las relaciones con Turquía, un aliado en la OTAN, y con Arabia Saudita, un incómodo amigo, despótico y errático, pero valioso suministrador de petróleo y gran comprador de productos americanos, incluidos costosos equipos militares.

Puesto en la misma tesitura, Obama prefirió pagar el precio de no actuar contra Assad, pese a haber declarado que la utilización de armas químicas era una “línea roja”. Seguramente la advertencia era una fanfarronada destinada a tratar de impedir que las usara. Algo así como el bluff al que recurren los jugadores de póker. Sólo que, cuando se descubre la mentira, los enemigos saben que el jugador es débil y se envalentonan.

Probablemente Obama no ignoraba que Eisenhower pasó ocho años de tranquilidad relativa en la presidencia de Estados Unidos recurriendo el bluff de estar dispuesto a utilizar las armas nucleares contra cualquiera que retara el poderío americano. Cuando se retiró, se supo que había utilizado un farol –traducción de bluff—que le había salido maravillosamente bien. A Obama, en cambio, no lo creyeron. Al fin y al cabo no era un general victorioso sino un inexperto Premio Nobel de la Paz.

Los sirios y, sobre todo, los rusos, estaban poniendo a prueba a Donald Trump. No necesitaban el bombardeo con armas químicas para lograr el objetivo de someter a los enemigos de Assad. Lo estaban logrando con armas convencionales. Pero la jugada les salió mal.

Al margen de las imágenes terribles de los niños asesinados, la primera motivación de Trump fue enviar el mensaje de que con él en la Casa Blanca no se puede jugar. Él no era Obama. Por eso, 24 horas antes de desatar la furia de los misiles, tuiteó, injustamente, que la culpa del uso de las armas químicas la tenía el presidente anterior por no haber actuado con contundencia tras haber trazado la imaginaria línea roja ignorada por los sirios. Era el primer síntoma de que habría respuesta.

¿Y ahora qué va a pasar? Sin duda, como dijo Netanyahu, los iraníes y los norcoreanos van a poner sus barbas en remojo. Ya saben que Donald Trump dispara desde la cintura. Sólo que eso también trae serias consecuencias. La política el arte de escoger la opción menos mala. El problema es que casi nunca sabemos cuál es esa maldita opción.(Blog de Montaner).

6 comentários:

Fer 555 disse...

orlando
vc é excelente
poderia dar uma sugestao
seria ja colocar traduzida a materia
ajudaria muito
pois quero repassar
mas sem traducao nao da
obrigado

Fer 555 disse...

orlando
vc é excelente
poderia dar uma sugestao
seria ja colocar traduzida a materia
ajudaria muito
pois quero repassar
mas sem traducao nao da
obrigado

Paulo disse...

Enquanto os bananeiros vão levando suas vidas preocupados com seus times de futebol caminhando ladeira abaixo como nação os USA, player global, acabam de mandar para a Península da Coreia o porta-aviões nuclear Carl Vinson junto com um grupo de ataque completo. Deve ter ditadorzinho comunistinha na região correndo para o banheiro...

Anônimo disse...

Esses bombardeios cometidos pelos,USA,Rússia e Síria só serve pra matar civis inocentes,numa ação cruel e covarde.Se querem combater esses terroristas de verdade tem que colocarem tropas terrestres,caso contrário esse massacre de civis vai continuar.

Túlio Xavier

Orlando Tambosi disse...

Túlio, não misture as coisas (Rússia e Síria são aliados). Os EUA não atacaram civis.

FER555, obrigado,
mas traduzir exigiria muito tempo. Vamos de portunhol, portanto.

Anônimo disse...

Caro Orlando,é notório que essa praga do Estado Islâmico está usando civis como escudo humano,que são as maiores vítimas desses bombardeios,venham da onde venham.Só o combate terrestre porá fim à essa tragédia.Um abraço.

Túlio Xavier