terça-feira, 25 de julho de 2017

Este manicômio chamado Argentina

A articulista uruguaia Hana Fischer analisa o escabroso fenômeno dos eleitores da capital argentina, que apoiam Cristina Kirchner, apesar da corrupção que marcou sua gestão:


María Elena Walsh, afamada compositora argentina de canciones infantiles, creó una célebre balada titulada “El reino del revés”. En ese mundo imaginario sin sentido, “un ladrón es vigilante y otro es juez”, y “dos y dos son tres”.

La letra de esta canción, ¿denota una imaginación portentosa teñida de humor? O por el contrario, ¿refleja la realidad circundante de la cantautora argentina?

Nos inclinamos a pensar que lo segundo primó sobre la primero, porque realmente, Argentina es el reino de la sinrazón.

Es un país donde los legisladores aplauden de pie y con gritos de entusiasmo, cuando el presidente de la república anuncia en el parlamento el default de la deuda y que no hay intención de pagarles a los acreedores internacionales.

Un país que eleva a los altares de la admiración pública, una jugada tramposa en un campeonato mundial de futbol. Concretamente, nos estamos refiriendo al gol que Diego Armando Maradona metió con la mano durante los cuartos de final de la Copa Mundial de México 1986. Y encima, lo denominan “la mano de Dios”.

Un país que estuvo desarrollado a principios del siglo XX y era en serio rival de EE.UU. En el momento de la Primera Guerra Mundial, Argentina era una de las naciones más ricas del mundo. Pero después, ideas que iban a contramano del camino seguido hasta entonces (mercados libres y poca interferencia del Estado en la economía) se impusieron, lo cual condujo a su paulatina decadencia. Es decir, se fue subdesarrollando.

A raíz de tanta irracionalidad, el premio Nobel de Economía Simon Kuznets, afirmó que hay cuatro clases de países: los desarrollados, los subdesarrollados, Japón y la Argentina.

La declinación económica, social, cultural y moral de esta nación rioplatense ha sido colosal. La corrupción galopante es el rasgo característico del accionar político en todos sus niveles. Según José Luis Espert—autor de La Argentina devorada— actualmente hay ahí 14 millones de pobres, de los cuales 8 millones son niños. Amplias porciones de la población viven en una miseria tan extrema, que los acerca a la “animalización”. Afirmó que lo único que les falta es “que se coman entre ellos, cosa que por ahora … por ahora… no ocurrió…”

La última perla del collar de este conjunto de insensateces, es la noticia de que según algunas encuestas de opinión pública, la ex mandataria Cristina Kirchner lidera o empata en el primer puesto, la intención de voto de la provincia de Buenos Aires, la más importante del país.

Algo incomprensible —obviamente que para aquellos que razonan con cierta lucidez— dado que el curriculum de Cristina como presidente de la nación, es el siguiente:
Está siendo investigada o ha sido procesada en varias causas judiciales. Se le acusa de “asociación ilícita dedicada a la corrupción”, “administración fraudulenta agravada” (caso Hotesur), “enriquecimiento ilícito”, maniobras non sanctas en “la venta de dólar a futuro”, “lavado de dinero”, “encubrimiento” y “traición a la patria” en la causa que investiga el atentado a la sede de la AMIA. Por cierto, este último caso tiene una conexión directa con la “misteriosa” muerte del fiscal Alberto Nisman, que se produjo justo un día antes de que presentaran ante el Congreso las potenciales pruebas de los delitos aludidos contra Cristina.
Según el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) elaborado por Transparencia Internacional, en el período en que Cristina fue presidente (2007–2015), la Argentina se situó entre los países más corruptos del mundo. En esa etapa se realizaron evaluaciones anuales de alrededor de 175 naciones, y Argentina siempre estuvo en el entorno del puesto 105. Con respecto al puntaje obtenido en una escala de 0 a 10 –donde 10 indica menor corrupción — casi en forma invariable obtuvo 2,9 puntos.
A pesar de los precios récord que alcanzaron los productos de exportación argentinos en esa etapa, el 30,3 % del total de la población está sumergida en la pobreza. Lo peor es que viven en las deplorables condiciones que señalábamos más arriba.

Quizás, la explicación de por qué tantos votantes capitalinos apoyan a Cristina a pesar de todo lo mencionado, sea la siguiente: de esos 14 millones de pobres, 8 millones son absolutamente dependientes de las ayudas estatales. Durante la etapa kirchnerista, no se dieron estímulos ni se crearon las condiciones necesarias para que esas personas pudieran valerse por sí mismas. Ergo, hay un “mercado cautivo” de votantes que teme perder los cheques estatales.

Además, y para ser justos, la corrupción en Argentina no es un “enfermedad” que nació con el matrimonio Kirchner, sino que es de larga data. Es un “cáncer” estrechamente ligado al peronismo. Para peor, hay una aceptación popular generalizada a ese estado de cosas. Predomina una ciudadanía que parecería incapaz de darse cuenta, que si el gobernante le da con una mano $10, es porque antes le había quitado $1000 con la otra (y él se quedó con $990 que repartió con familiares y amigos).

En consecuencia, desde el peculiar punto de vista de esos ciudadanos, la corrupción es “el estado natural de las cosas” y no vale la pena arriesgar “lo seguro” (esos $10) por la eventualidad de ser capaces de ganarse por sí mismos y con dignidad, sus medios de vida.

Somos conscientes de que muchos de los males que aquí se describen, no son patrimonio exclusivo de los argentinos. Sin embargo, lo que da pena y es cosa de “locos”, es que una nación que supo situarse entre las más cultas, prósperas y admiradas del mundo, haya caído tan bajo… (Instituto Cato).

Um comentário:

Anônimo disse...

OS ARGENTINOS SÃO MASOQUISTAS, TAMBÉM?
VOTEM DE NOVO NESSA MUIÉ, pois pelo jeito, os argentinos estão cantando aquela musica: me engane que eu gosto!
No Brasil, cansaram dela e agora estão arrependidos de darem voto de confiança à cachorrada comunista, depois de serem mordidos pelos mesmos, cães que voltaram seus vômitos!