sábado, 21 de abril de 2018

Lula e a esquerda mexicana: silêncio sepulcral.

O paralelismo entre Lula e López Obrador se assemelha ao de seus próprios países: Brasil e México parecem ser espelho um do outro, escreve Victor Becerra em Panampost. Basta lembrar que ambos os países têm longeva hegemonia esquerdista:


Encerrado en su celda de Curitiba, Luiz Inácio Lula da Silva se volvió, de la noche a la mañana, en un impresentable para la izquierda, al menos para la izquierda mexicana. Entre sus militantes más destacados no hubo nada de manifestaciones o protestas a su favor, llamados de solidaridad o denuncias por su “injusta” condena. Vaya: ni siquiera tuits o post fraternos. Actitud extraña, cuando antes todos los políticos mexicanos de izquierda decían ser herederos de Lula y querían reunirse y fotografiarse junto a él, festejarlo con dinero público, cortejarlo celosamente, a pesar de sus negocios con el Gobierno del presidente Peña Nieto, recibir sus consejos, declarar que aplicarían sus políticas en el país y hasta que trasplantarían a México toda, toda su plataforma política.

Hoy tan devaluado se encuentra Lula, que solo el matrimonio Dolores Padierna-René Bejarano (que carga permanentemente con el descrédito de la corrupción) le externó abiertamente su apoyo. Incluso su ‘introductor’ en México y santón de la izquierda, Cuauhtémoc Cárdenas, apenas dedicó a su encarcelamiento un par de tuits y, a través de su fundación, un más bien escueto comunicado de tres párrafos, cuando antes todo eran abrazos y premios que le ofrendaban a Lula, encuentros privados muy publicitados y el discurso de que él y Lula eran uno mismo, al calor de una supuesta sólida alianza política entre ellos.

El mismo silencio guardan hoy los idólatras de Andrés Manuel López Obrador, tanto nacionales como extranjeros, que apenas ayer decían que, de llegar al poder, López Obrador sería otro Lula. Entonces, hasta el propio López Obrador se comparaba con el brasileño, en medio del proceso de copia mexicanizada que hacia de la estrategia de Lula para llegar al poder.

Al respecto, recordemos que desde 2002, durante el primer debate de los aspirantes presidenciales de ese año en Brasil, Lula había establecido su estrategia, bajo la frase de: “Lulinha no quiere pelear. Lulinha quiere paz y amor“. Entonces, ya había perdido tres elecciones presidenciales sucesivas y optó por endulzar su imagen y su discurso, y esconder los símbolos radicales de su partido. Así, comenzó a vestir de traje y a acercarse a la misma iniciativa privada que había denunciado en sus tiempos de líder sindical, esto bajo la tutela de Duda Mendoça, el mejor publicista de Brasil y creador del lema “Lulinha: Paz y Amor” (al margen, hoy sabemos que el propio Mendoça está implicado en los financiamientos ilegales de Odebrecht al uribismo en Colombia y de la constructora brasileña OAS a Michelle Bachelet y a Marco Enríquez-Ominami en Chile).

Ese nuevo discurso de Lula luego fue copiado con éxito por el exguerrillero tupamaro José Mujica, para ser presidente de Uruguay en 2010, y por el exmilitar golpista Ollanta Humala, para ser presidente del Perú, en 2011. De allí López Obrador lo retomó en 2012, quien fue entonces rebautizado como “AMLOVE”, derivado de sus siglas AMLO, por sus discursos en los que defendía los principios de una “república amorosa”. Hoy López Obrador sigue siendo consistente en su tropicalización de Lula y reiteradamente llama “a la paz y a el amor”.

Al respecto, es fascinante tratar de establecer un paralelismo entre Lula y López Obrador más allá de la copia del discurso. Así, López Obrador es un hombre que se jacta de ser “incorruptible” y de combatir la corrupción, como Lula, pero que se ha rodeado de corruptos a lo largo de toda su carrera política, igual que Lula. Parecido a Lula, López Obrador es un político que ha vivido permanentemente entre los innumerables escándalos de corrupción de él mismo y de sus cercanos, y siguiendo la opacidad administrativa de Lula, ni siquiera fue capaz de hacer pública la información de sus principales obras como gobernante de la Ciudad de México, el único cargo significativo de Gobierno en su larga trayectoria pública. Y como Lula, López Obrador es un político que tiene una nómina de empresarios favoritos para realizar las obras públicas que se propone emprender como presidente, una insalubre alianza política con contratistas que ya vimos cómo terminó con Lula.

Al respecto, tanto Lula como López Obrador han dicho una y otra vez que no conocían los montajes y ocultamientos de sus cúpulas partidistas y gubernamentales, ni de la corrupción de sus respectivas manos derechas de gobierno: José Dirceu, en el caso de Lula, y René Bejarano, en el de López Obrador. La alucinante semejanza entre López Obrador y Lula llega, incluso, a que tanto Bejarano con López Obrador, como José Dirceu con Lula Da Silva, prefirieron sufrir la cárcel antes que implicar a sus caciques, aunque Bejarano solo estuvo unos meses en el reclusorio, gracias a un parcial y politizado sistema de justicia en la Ciudad de México, mientras que a Dirceu se le han ido acumulando las condenas, pero en compensación, su propia casa es su cómoda prisión. Más similitudes: hoy Bejarano ha regresado al servicio de López Obrador en esta su tercera aventura presidencial, como Dirceu al de Lula en la cárcel. Quizá hasta aquí terminan los paralelismos, sin poder establecerse una relación personal entre ellos, ya que al parecer existió cierto desencuentro entre ambos, en el contexto de la pasada campaña presidencial del mexicano.

Para dar una última vuelta de tuerca, el paralelismo entre Lula y López Obrador se asemeja al de sus propios países: Brasil y México parecen un espejo el uno del otro. Así, suele ocurrir que cuando uno crece, el otro también lo hace, pero que mientras en uno se establece un régimen de gobierno más conservador, o amigable con los mercados financieros, el otro gira hacia Gobiernos más proteccionistas o estatistas. Y luego giran en sentido inverso, precisamente como frente a un espejo. Ojalá que el paralelismo entre López Obrador y Lula no llegue al extremo de que sus vidas políticas terminen igual, aunque para ello se requeriría que México tuviera un sólido e independiente sistema de justicia como el de Brasil, y eso se ve muy difícil hoy.

Ingrato es quien niega el beneficio recibido; ingrato, quien lo disimula; más ingrato, quien no lo restituye; pero de todos, el más ingrato es quien lo olvida, escribió Séneca. Por eso la ingratitud es una madre fértil: produce siempre muchos hijos dignos de ella, como hoy los políticos mexicanos de izquierda respecto a Lula. Ciertamente no se trata de que la izquierda mexicana se suicide y se vaya con Lula de cabeza directo al basurero de la historia, para usar esa frase tan gustada entre los “progresistas”. Se trata simplemente de que sus militantes sean coherentes con su discurso y la trayectoria que dicen tener, y reconozcan su parecido y deuda con el expresidente brasileño para, quizá, con suerte, corregir lo andado y ahorrarse el mismo final.

Humilhadas e ofendidas

"Aliás, a confirmação de que a “lei da paridade” visa achincalhar especificamente as mulheres está na circunstância de não abarcar critérios “identitários” cujo achincalho é desaconselhado pela moral vigente. Só no que respeita ao “género”, a coisa fica-se pelo tradicional binário e esquece-se deliberada e cautelosamente do próspero sector “trans”. Ninguém propõe a reserva de pedacinhos do Parlamento para os/as indivíduos/as agénero (1,5%, digo eu), bigénero (1,2%), intergénero (0,8%, obviamente), pangénero (idem), nanogénero (aqui hesito), demigénero (já me perdi) e travesti não-binária (chiça). A razão? Ninguém ousa ofendê-los/las/lis/los/lus". Via Observador, o texto semanal de Alberto Gonçalves:


“Terão os partidos mulheres suficientes para as listas?”, aflige-se o “Diário de Notícias”. É extraordinário. Por um lado, que, com cerca de 72 leitores (contando comigo), o “Diário de Notícias” continue a existir. Por outro, que a misoginia vigente insista em aumentar por decreto a “participação” feminina na política, agora elevada a 40%.

Não é por acaso que a “participação” leva aspas. A relativa escassez de senhoras nos partidos sempre foi um indício da higiene daquelas e da sujidade destes. Desde tempos imemoriais, é sabido que, com excepções tão raras quanto dignas de estudos científicos, apenas chafurdam nesse meio criaturas rotundamente incapazes de prestar qualquer tarefa válida à humanidade ou sequer ao condomínio lá do prédio. Se alguém demonstra uma absoluta inaptidão para o trabalho e a vergonha na cara, candidata-se a uma repartição das Finanças. Se nem para isso prestar, alista-se num partido, onde poderá exibir a presunção dos simples, traficar “ajudas de custo” e tratar juízes por “pá”. Salvo por um pequeno número de casos perdidos, boa parte das mulheres tem mais o que fazer – sobretudo não fazer figuras tristes. E é triste que, por obra e graça de políticos, uma quantidade crescente de fêmeas da espécie se vejam arrastadas pela e para a lama. Dada a ética do sector, e a necessidade de “preencher” as “quotas”, imagino algumas convertidas sob sequestro e ameaça de navalha.

Não vou questionar o direito de o Estado intervir nestas matérias: a pergunta seria absurda e, em Portugal, a resposta seria ainda pior. O que é interessante – e notável, na perspectiva do marketing – é que tamanho enxovalho seja vendido a título de “promoção” ou, na versão épica, de avanço civilizacional. Os factos mostram exactamente o oposto. Se o verdadeiro objectivo do exercício é a “emancipação” das mulheres, porque é que esta não se aplica a profissões honradas? Porque é que não se impõem “quotas” nos ofícios de carpinteiro (de limpos e de sujos), camionista (longo e médio curso), trolha, canalizador, futebolista, guarda-nocturno, mineiro, pedreiro, sapateiro, palhaço, etc.? Porque é que o reconhecimento da igualdade se restringe a cargos que diminuem os titulares? Porque é a humilhação que se pretende. Chegar a autarca, administradora pública ou ministra é das menores proezas ao alcance do ser humano: com as “ligações” adequadas, uma grafonola desempenharia funções idênticas com mestria e honestidade superiores.

Aliás, a confirmação de que a “lei da paridade” visa achincalhar especificamente as mulheres está na circunstância de não abarcar critérios “identitários” cujo achincalho é desaconselhado pela moral vigente. Só no que respeita ao “género”, a coisa fica-se pelo tradicional binário e esquece-se deliberada e cautelosamente do próspero sector “trans”. Ninguém propõe a reserva de pedacinhos do Parlamento para os/as indivíduos/as agénero (1,5%, digo eu), bigénero (1,2%), intergénero (0,8%, obviamente), pangénero (idem), nanogénero (aqui hesito), demigénero (já me perdi) e travesti não-binária (chiça). A razão? Ninguém ousa ofendê-los/las/lis/los/lus.

O receio de ofensa também explica a ausência de propostas paritárias para os restantes factores de identidade. Para não insultar os gays, o “sistema” não arrisca bulir na representatividade segundo a orientação sexual. Para não caluniar as religiões, não se sugerem proporções de budistas, muçulmanos, animistas ou presbiterianos. Para não difamar as etnias, não se enfiam à força asiáticos, negros, ciganos, ameríndios ou esquimós nas listas das “legislativas”. Ou uma determinada porção de boavisteiros, ceguinhos, circuncisados, flautistas, vegetarianos ou o que quer que seja que torna a pessoa aquilo que é. Não, senhor: o único “grupo” empurrado à força para a política é o das mulheres, um acto machista, ressentido e quase perverso.

Para cúmulo, os adversários das “quotas” reagem a tamanha infâmia com a lengalenga de que a maioria das mulheres é competente o bastante para entrar na política sem ajudas ou favores estatísticos. O problema, meus caros, põe-se ao contrário: a maioria das senhoras (e dos cavalheiros, calculo) é competente o bastante para evitar a política e deixá-la ao cuidado dos que, independentemente do sexo, não são. Antes e depois do reforço percentual, a “lei da paridade” rebaixa as mulheres e exalta os políticos – adivinhem quem a aprovou.

Nota de rodapé:

A tese dominante assegura que os vídeos dos interrogatórios ao “eng.” Sócrates foram divulgados pelo advogado do próprio. Talvez a tese esteja correcta. Mas se a ideia é a de que aquele repositório de prepotência, ridículo e até alguma maluquice redime o sujeito aos olhos dos portugueses, aconselho o “eng.” Sócrates a trocar de advogado. Ou o advogado a trocar de “eng.” Sócrates. Ou Portugal a trocar de portugueses.

O bloco da saudade

A luta contra a impunidade não foi adiante porque há um forte núcleo de resistência no STF, escreve Fernando Gabeira no Globo. "O único grande problema para todos nós será o de manter a raiva popular dentro dos limites pacíficos":


O verão está no fim. Sinto pela temperatura da água, pelos ventos mais frios. Na Europa, segundo Hermann Hesse, há verão que tem morte súbita: uma trovoada, dias de chuva e ele não volta mais.

Não é adequado falar das estações do ano numa página de política. Elas nos remetem à passagem do tempo, aos lances da vida passada, e só servem para ressaltar a tristeza do momento no Brasil.

Caminhamos para uma eleição imprevisível não apenas por causa das pessoas que a disputam, mas também pela falta de dados sobre o que farão, caso cheguem ao poder.

Fica difícil olhar para a frente. A questão da impunidade não foi resolvida porque há um forte núcleo de resistência no STF.

Os ministros desse núcleo não consideram o caso encerrado, pelo contrário, estão dispostos a uma luta permanente, a uma guerrilha técnica para soltar os que estão presos e impedir a prisão dos que ainda estão na rua.

Lewandowski e Toffoli são simpáticos ao PT e desprezam a luta contra a corrupção, talvez pela própria análise da esquerda que a considera um fato de pé de página nos livros de história.

Gilmar Mendes não tinha essa posição, mas ao longo desses anos tornou-se um grande adversário da Lava-Jato. Na sua fúria, ele se identifica com a esquerda na medida em que quer soltar os que estão presos e, se possível, prender juízes e procuradores.

Juntam-se a eles Marco Aurélio e Celso de Mello, que parecem comprometidos com uma generosa tese jurídica e pouco se importam com suas consequências catastróficas na vida real brasileira.

Não vou repetir o mantra de que a sociedade está dividida: este mito é um bálsamo para as minorias. A sociedade apoia maciçamente a Lava-Jato e quer punição para os culpados.

Mas o que pode a sociedade contra eles? No seu delírio de mil e uma noites na Al Jazeera, Gleisi Hoffmann disse que a imprensa manda no Supremo. Sabemos que não é assim. A imprensa reflete um clamor social contra a impunidade. O próprio comandante do Exército se viu obrigado a manifestar sua opinião sobre o tema, possivelmente por sentir que o clamor também chega às suas tropas.

Mas falta a dimensão política. O sistema partidário adotou uma posição defensiva. Todas as suas energias se voltam para neutralizar a Lava-Jato. Objetivamente, joga suas esperanças nas tramas do núcleo resistente do Supremo.

Essas duas forças, o sistema político partidário (nos bastidores) e o núcleo do STF (na frente da cena) são os artífices da tentativa de bloquear as mudanças no Brasil.

Nem sempre os políticos atuam apenas nos bastidores. De vez em quando, como aconteceu agora, surge um projeto destinado a limitar investigações e a tornar mais fácil a vida dos gestores corruptos.

Essa aliança de políticos que não dependem do voto de opinião com ministros do STF engajados na defesa da impunidade, ou embriagados nas suas teses generosas, é uma constelação difícil de ser batida.

Ela significa que ainda teremos dias difíceis pela frente. O único grande problema para todos nós será o de manter a raiva popular dentro dos limites pacíficos.

Tanto juízes como políticos envolvidos na sua teia de interesses, míopes diante da realidade que os cerca, não hesitam em colocar em risco a democracia.

Alguns são muito corajosos, outros apenas irresponsáveis. Será difícil buscar o horizonte, se não resolvermos essa questão. Ela está atravessada no futuro imediato do Brasil.

Lulopetismo: roubalheira até o fim.

O fala fina Humberto Costa é um deles.
Parlamentares que fazem atos contra a Justiça e a favor do detento Lula estão cobrando do Congresso (isto é, tirando do nosso bolso) o pagamento dos gastos. Vergonha e canalhice:


Parlamentares do PT repassaram ao Congresso Nacional despesas relacionadas à campanha política do partido contra a prisão do ex-presidente Luiz Inácio Lula da Silva, condenado e preso na Lava Jato. O Estado encontrou na prestação de contas mensal de sete parlamentares gastos com deslocamento e alimentação que somam R$ 3.769,45.

Os gastos foram registrados em São Bernardo do Campo (SP), onde Lula fez um ato no Sindicato dos Metalúrgicos do ABC nos dias 5 e 6 de abril, após a ordem de prisão, e na região metropolitana de Curitiba, cidade onde o petista está preso desde o dia 7. Os valores podem aumentar, porque as bancadas têm 90 dias para enviar às respectivas casas legislativas documentos comprobatórios para pedir reembolso de despesas.

Há pagamentos de pedágio, abastecimento de veículos, táxi e Uber, passagens aéreas compradas às vésperas do voo, pão de queijo, refeições e lanches.

Entre 5 e 7 de abril, o senador Humberto Costa (PE) voou de Brasília para São Paulo e depois para o Recife. Os bilhetes custaram ao Senado R$ 1.463,78. Costa disse, via assessoria, que viajou a São Paulo “no exercício das suas atividades parlamentares” e “atendeu a uma convocação de reunião do comando do PT”, e usou a cota parlamentar para retornar a Pernambuco, seu Estado de origem.

A deputada Maria do Rosário (RS), que gastou R$ 135,36 em corridas de Uber entre São Paulo e São Bernardo nos dias 6 e 7, disse que “as ações e agendas exercidas pelo mandato estão voltadas ao exercício das atribuições políticas parlamentares, cumprindo rigorosamente princípios éticos e regimentais quanto ao uso de recursos da cota estipulada pela Câmara”.

O deputado Sibá Machado (AC) comprou uma passagem aérea no dia 7 por R$ 580,06 de São Paulo para Brasília. Na véspera, tomou um táxi do Aeroporto de Guarulhos até o sindicato no ABC por R$ 228,42. Seu colega de Casa Nelson Pellegrino (BA) comprou passagem de Salvador para São Paulo no dia 6 (R$ 348, 78) e gastou R$ 54,90 numa cafeteria do aeroporto. Machado e Pellegrino não responderam à reportagem até a conclusão desta edição.

No dia 9, o deputado Paulo Teixeira (SP) gastou R$ 165,28 em táxis em Curitiba e São José dos Pinhais, onde fica o aeroporto Afonso Pena, e abasteceu o carro (R$ 140) em São Bernardo no dia 5. Sua assessoria disse que ele participou, no dia 5, de reunião da Executiva Nacional do PT e da bancada em São Bernardo e, no dia 9, esteve em Curitiba para reunião da Comissão Executiva Nacional do PT.

O deputado Vicente Cândido (SP) abasteceu o carro em São Bernardo por R$ 202,17 no dia 7 e, na véspera, pagou R$ 57 por um almoço na cidade. A assessoria confirmou que ele visitou Lula, entre outras atividades.

O gabinete do ex-presidente da Câmara Marco Maia (RS) gastou com combustível R$ 290,02 em São Paulo e R$ 68,40 com pedágios nos dias 6 e 7. Ele disse que foi à vigília convocada pelo PT no sindicato e enviou assessores de carro de Brasília para São Paulo – por isso o pagamento de pedágio e combustível.

Sem fiscalização. Câmara e Senado não fiscalizam a aplicação da cota mensal dos parlamentares – cujos valores variam conforme o Estado de origem. Os comprovantes de despesas são verificados apenas na conformidade dos tipos de gastos previstos. Os deputados e senadores são responsáveis pela veracidade e por garantir que a aplicação seja ligada ao mandato, em compromissos políticos, funcionais ou de representação parlamentar. É proibido o uso da verba para fins eleitorais.

Para o economista Gil Castello Branco, da ONG Contas Abertas, é discutível enquadrar como atividade parlamentar despesas com atos em defesa de Lula ou visitas ao petista na cadeia. “A verba é pública e tem que ser usada no exercício da atividade parlamentar”, disse. “As notas podem ser legítimas, o problema é a finalidade. Até que ponto os parlamentares estão dentro do exercício da atividade parlamentar quando estão indo visitar um condenado, cujo processo legal foi cumprido?". (Estadão).

sexta-feira, 20 de abril de 2018

Liberalismo, utopia e Deus.

Carlos Rodríguez Braun, professor da Universidade Complutense de Madri, afirma com razão que o liberalismo não é utópico, atributo que cabe bem ao socialismo, que prometeu e promete o paraíso na terra. Aliás, o liberalismo nem ideologia é, mas uma filosofia do indivíduo contra os poderes do Estado. Ideologia e sua prima utopia merecem lixo: só deram em totalitarismo e massacres:


El liberalismo es en ocasiones criticado como si fuera un anhelo o una utopía. Y, para colmo de males, una utopía materialista, racionalista, y atea.

Si el liberalismo fuera solo un afán en pos de una quimera, cabría censurarlo identificándolo con el socialismo, que, sí es ilusión. Todas las variantes del socialismo, en efecto, han prometido el paraíso en la Tierra, desde aquella vieja consigna marxista que aseguraba que la extirpación del capitalismo conduciría a un mundo feliz que satisfaría todas nuestras necesidades.

Y con ese ensueño presuntuoso, Marx tuvo la osadía de desdeñar al socialismo no marxista llamándolo “utópico”. En verdad, el socialismo es una utopía, pero cuanto más se intenta alcanzar ese horizonte, cuanto más se procede a vulnerar las instituciones del mercado —la propiedad privada y los contratos libres— peor es el resultado práctico en el que se han concretado los proyectos anticapitalistas, que han llevado a la muerte a decenas de millones de trabajadores.

Se dirá que no todo el socialismo es tan criminal como el que regó la tierra con sangre obrera en China, Rusia o Camboya. Y es verdad. También existe un socialismo vegetariano que no desea la aniquilación completa del capitalismo sino su amputación parcial. Es el mundo de la socialdemocracia, que, al no ser plenamente anticapitalista, no asesina a los trabajadores en masa, sino que los somete al “ogro filantrópico” del que hablaba Octavio Paz: les arrebata mediante impuestos una porción abultada y creciente de su salario, y condiciona su vida con toda suerte de controles, regulaciones, prohibiciones y multas. Pero no los encarcela masivamente, y les permite elegir a sus gobernantes. También promete un paraíso igualitario, y también aduce que se alcanzará sacrificando sólo a los más ricos, lo que también promete el comunismo, y nunca es verdad.

El liberalismo, en cambio, no se parece al socialismo, ni al carnívoro comunista ni al vegetariano socialdemócrata, porque no aspira a cambiar el mundo convirtiéndolo en el nuevo Edén, sino que se basa en el respeto hacia los planes de vida de cada persona: es la persona el objetivo que el liberalismo aspira a preservar y a amparar, no la tribu. Se podrá decir que es una meta ardua, porque estamos rodeados de socialistas, es decir, de quienes procuran lograr un mundo mejor sacrificando la libertad individual. Pero una cosa es que el objetivo no sea sencillo y otra cosa es que sea utópico, como los objetivos de los socialistas.

El socialismo es por regla general materialista, racionalista y antirreligioso. Que en estos tres campos sea comparable al liberalismo es también dudoso.

El liberalismo no es materialista porque no cree que las personas sean meros medios para alcanzar fines, sino que somos un fin en nosotros mismos, en nuestras personas, que no se agotan en sus intereses materiales, aunque también haya que respetarlos. Por eso, por cierto, el liberalismo nunca equivale a una selva sino a un sistema de reglas que garantice ese respeto a las personas.

Tampoco es racionalista el liberalismo, porque desconfía de quienes proclaman saber mediante la razón y la ciencia cómo hay que darle la vuelta al mundo como un guante. El liberalismo se opone a esa “fatal arrogancia”, que diría Hayek.

Al partir de la base del respeto a las personas, el liberalismo respeta sus creencias, siempre que no comporten la violación de los derechos de los demás. Pero aunque el liberalismo no predica una creencia única, y la Iglesia evidentemente no es de liberales o socialistas sino de todos, es claro que el que sí es antirreligioso es el socialismo.

Por tanto, el liberalismo ni es hostil de por sí a las creencias trascendentes ni mucho menos conspira contra la moral. Pero sospecho que no es neutral, en el sentido de que, al defender, como vimos, que cada persona es un fin en sí misma, se acerca más a la religión que a su negación, precisamente porque la fe no es solo creer en Dios sino también creer que cada hombre y cada mujer somos imagen de Él. (Instituto Cato).

Este artículo fue publicado originalmente en Actuall (España) el 18 de abril de 2018.

Quem não é de esquerda come criancinhas no café da manhã.

Boaventura de Sousa Santos: patrono da esquerda acadêmica.
Texto mordaz de Luís Reis, publicado pelo Observador, aponta os preconceitos dos "progressistas" em relação a quem não é de esquerda. De fato, "quem não é de esquerda não é bom chefe de família". Sobra ironia também para o detento Lula e suas hordas:


Que a esquerda se arroga um estatuto de superioridade moral e de exclusivo da ética e da rectidão não é novidade para ninguém. Trata-se de um tique de natureza quase ontológica, que identifica, de forma maniqueísta e primária, a virtude com a esquerda e a direita com o vício.

Na minha infância, dizia-se por aí que beber vinho era dar de comer a um milhão de portugueses e que quem não era do Benfica não era bom chefe de família e outras frases de efeito mais conjecturadas pela propaganda salazarista. Mas os meus pais ensinaram-me que não era bem assim…

Agora, a esquerda quer governar-nos (como governa) destrinçando no seu rebanho entre cultos/não cultos, dignos/indignos, bons/maus, consoante sejam de esquerda ou não sejam.

Quem não é de esquerda não aprecia música clássica.
Quem não é de esquerda não gosta de arte contemporânea. Quem não é de esquerda não vai a concertos nem a exposições nem a bailados nem ao teatro.
Quem não é de esquerda não lê livros e não gosta dos animais e cospe para o chão, naturalmente.

Esta cartilha de generalizações e anátemas infantilizantes tem encontrado nos últimos anos, por razões óbvias, um terreno particularmente favorável à sua propagação.

Mas, quando eu pensava já ter visto tudo… Eis que vem o processo do ex-Presidente Lula, no Brasil que convocou, da parte da esquerda, a ingerência por “razões justas” como novo princípio a nortear a diplomacia, especialmente entre países “irmãos”; e eis como se repartem as águas, subitamente e sem nenhum pudor, também no campo internacional, entre um regime bom e virtuoso e um regime mau e corrupto – o primeiro é de esquerda, o segundo é naturalmente de direita. (E entretanto, por entre as loas à democracia avançada e próspera da Venezuela e ao branqueamento dos regimes de Cuba e da Coreia do Norte, eis que desapareceu o princípio da não-ingerência em assuntos de “países soberanos”).

E aqui vale tudo, desde chamar aos opositores de Lula da Silva “direita fascista” até organizar manifestações a favor da sua liberdade, qual perseguido político e ideológico que incumbe à comunidade internacional soltar do jugo totalitário! Mais uma vez – com desprezo completo pela democracia brasileira, pelas suas instituições, pelas suas leis (tão próximas das nossas) e pelos seus cidadãos. Vale mesmo tudo.

Note-se que isso não é de estranhar, se considerarmos as palavras de um dos mais eminentes teóricos e divulgadores da diabolização da direita e da correspondente idealização angelical da esquerda – Boaventura de Sousa Santos, director do Centro de Estudos Sociais da Universidade de Coimbra.

O eminente professor ensina o povo, no âmbito da investigação que faz e dirige graças ao financiamento público, que quem é de esquerda “luta contra a desigualdade e a discriminação sociais”, defende “o pluralismo, tanto nos mediacomo na economia, na educação e na cultura”, é a favor da “democratização do Estado por via de valores republicanos, participação cidadã e independência das instituições, em especial, do sistema judicial” e apela à “resolução pacífica dos conflitos internos e internacionais”.

E quem é de direita, o que pensa? O que defende? O que propõe? É simples, ensina aquele mestre: “ser de direita é ser contra todos ou a grande maioria destes objectivos” (sic).

Posto isto, eu, que não sou de esquerda, e por isso não ouço música, não vou ao teatro, não vejo cinema e desprezo a cultura, remeto-me à minha insignificância.

O que sobra para mim – para nós –, por não ser de esquerda? Apenas, suponho, as touradas e o fado marialva…

Convém lembrar que vivemos já 50 anos num regime opressor, nivelador por baixo, redutor, anquilosado e obtuso.

Só faltava agora que nos dissessem que quem não é de esquerda come criancinhas ao pequeno-almoço.

Contra os fatos, os chavões.

Percival Puggina, sobre esses tempos de relativismo extremado, em que os fatos são sacrificados em nome das "narrativas":


Não era incomum, nos meus tempos de escola primária, que algum colega mais irrequieto fosse obrigado a perder o recreio escrevendo no quadro negro uma centena de vezes: “Não devo conversar durante as aulas”. Quando retornávamos, o coitado ali estava, solitário, infeliz e sujo de giz, contemplando o produto de sua desgraça, convencido de que em boca fechada não entra mosca.

Os que nos querem convencer de que as idéias marxistas funcionam fazem bom uso da insistente repetição dos seus chavões. Um deles afirma que “as desigualdades sociais são fruto desse modelo concentrador que aí está”. Ou seja, elas decorreriam da economia de mercado, do direito à propriedade privada, da liberdade de empreender, do tal capitalismo. Apontam a miséria da África e da Ibero-América como resultado desse “modelo” explorador e desumano. Repita-se isso até a exaustão e você não duvidará de que os africanos eram ricos, prósperos, poderosos e bem nutridos até a chegada das desgraças ocidentais e que norte-americanos, europeus, japoneses, canadenses e australianos vivem à custa das esplêndidas riquezas sul-americanas.

Acreditaremos, também, que nossos projetos com vistas à prosperidade nacional, conduzidos por longa e estável série de governantes sábios, prudentes e dedicados ao uso lúcido e honrado dos recursos públicos, sob um sistema de governo e uma ordem constitucional moderna e eficiente, só fracassam por causa da ganância externa. Pela insistente repetição, assumiremos como verdadeiro que todo o bem que afanosamente fazemos por nós mesmos tropeça em coisas satânicas como Consenso de Washington, Clube de Paris, FMI, G7, G8, Escola de Chicago, Fórum de Davos e outras sinistras conjunções empresariais ou zodiacais.

Para que a culpa possa ser atribuída “a esse modelo que aí está”, é preciso jamais mencionar a concentração de riqueza do antigo Egito, de certas dinastias chinesas, do Indostão, do Império Romano, dos barões medievais, dos comerciantes venezianos e genoveses, dos banqueiros surgidos no Renascimento. É preciso esquecer que a fome era endêmica na Europa em pleno período colonial e assim permaneceu até meados do século passado. E é preciso, principalmente, jogar nas sombras da ignorância dois fatos essenciais: 1º) que foi precisamente sob o regime das economias de mercado e com o surgimento das democracias constitucionais que a renda passou a ser mais bem distribuída entre os cidadãos; e 2º) que o modelo mais radicalmente oposto a “esse que aí está” somente gerou opressão, corrupção, genocídio e miséria. Mas essas são coisas que ninguém diz e ninguém repete.

Não se pense nas eleições como se fossem as mesmas de sempre

Ainda não é o ideal, mas nunca se teve tanta transparência, nunca se esteve tão atento aos caminhos da política, escreve Fernando Gabeira no Estadão:


As pesquisas mostraram que há muitos candidatos à Presidência, mas ainda poucos votos. Conheço quase todos os candidatos pessoalmente, incluído Levy Fidelix, cuja campanha documentei em 2015, assim como outros considerados nanicos na época. Discutir suas qualidade e seus defeitos é um esforço válido, mas não é isso que farei em 2018. O que posso fazer apenas é ajudá-los a ganhar ou perder votos, lembrando grandes temas para a sociedade, nos quais nem sempre eles se fizeram presentes.

Poucos dos mais votados falaram, por exemplo, de duas questões muito discutidas no momento: a prisão em segunda instância e a revisão do foro privilegiado. É compreensível que mantenham uma certa distância. Abraçar esses temas e ampliá-los com uma perspectiva de combate à corrupção não é bem visto entre os políticos. Muitos candidatos são discretos nesse ponto porque não querem perder o apoio dos seus pares, muito menos arriscar-se a um confronto com o Congresso, em caso de vitória.

Como em todas as eleições, assumir uma linha política nem sempre representa apenas mais votos. É sempre um jogo de ganha e perde.

A própria esquerda será chamada a se definir, mas hoje, por uma questão de coerência, ela associa a prisão após segunda instância à presença de Lula na cadeia. E certamente terá de adotar a posição mais leniente, que prevê prisão após o trânsito em julgado.

É uma posição defensável, em nome da liberdade individual, sobretudo se omitir suas terríveis consequências, como a sobrevivência do sistema de impunidade, que tanto contribuiu para arruinar o País. Seria assim uma posição ultraliberal, defensável apenas num regime burguês, já que os regimes de esquerda não conhecem essa história de trânsito em julgado: muitos deles prendem sem contemplação, até inocentes.

Mas é importante prever um espaço para a esquerda, sobretudo para o candidato indicado por Lula. Mais da metade dos eleitores de Lula votariam nele.

Se existe um problema de ganha e perde votos, hoje, esse problema é o medo nas cidades brasileiras. Bolsonaro adiantou-se alguns meses, propondo armamento, defendendo a tese de que bom policial é o que mata, e mais alguns componentes que o aproximam de uma política de tolerância zero com o crime.

É isso mesmo, ou existe alguma alternativa? Nesse caso, não vale apenas dizer apenas que é preciso haver empregos, educação e tudo mais. É necessário mostrar que existem escolhas mais eficazes, apresentar uma política específica de segurança pública.

O crime organizado é uma realidade nacional. Ele domina as cadeias e todas as redes de tráfico de drogas no País. Numa cidade como o Rio de Janeiro, as milícias, por exemplo, controlam territórios onde moram 2 milhões de pessoas.

Tudo isso é um desafio para os candidatos. Eles têm de mergulhar no tema e dizer alguma coisa – ganhar ou perder votos, isso é do jogo.

Esse perde e ganha se transporta também para a base. Todos prometem crescimento econômico. Mas que tipo de crescimento? Vão entulhar as ruas de carros individuais? Lembrem-se de 2013.

Os candidatos hoje em dia são aconselhados a evitar alguns temas, escolher apenas o que as pesquisas recomendam. Mas quando alguns temas dominam a cena e os candidatos são protagonistas distantes, sempre vai haver pouco voto.

Mesmo sem esquecer que há um segundo turno, o ideal seria que os candidatos já expressassem grandes correntes. No passado, isso era canalizado pelos dois grandes partidos. Mas PT e PSDB vivem cada um o seu inferno com a Lava Jato.

O PT perdeu seu candidato e o PSDB, embora se afaste de Aécio, não conseguiu dar o passo fora do círculo. Geraldo Alckmin sentiu um alívio porque o inquérito sobre as doações da Odebrecht foi para a Justiça Eleitoral. Sua grande vitória: ter-se livrado da Lava Jato.

É um equivoco. Em primeiro lugar, porque fortalece o discurso de que a Justiça persegue uns e protege outros. Em segundo lugar, se é inocente e está tudo bem, nada melhor do que ser investigado pela Lava Jato, que acumula grande capacidade técnica, até para inocentar. Para um candidato à Presidência, fugir da Lava Jato não é bom esporte neste outono.

Numa corrida em que tudo pode acontecer, a sociedade, que já se desapontou com os grandes partidos, precisa de salvaguardas. Um delas é trazê-los para o debate dos temas que lhe interessam de fato. É sempre possível argumentar que os políticos têm uma linguagem escorregadia e, além disso, nunca cumprem exatamente o que prometem.

Mas não se pode pensar em eleições como se fossem as mesmas sempre. Ainda não é o ideal, mas nunca se teve tanta transparência, nunca se esteve tão atento aos caminhos da política.

Dizem que os 11 ministros do STF são tão conhecidos como a seleção nacional de futebol. Não tenho elementos para contestar ou validar. Sei apenas que muita gente se esforça para escalar aquela muralha de palavras difíceis, citações, para se aproximar do que realmente interessa: saber qual o placar do jogo, se há esperanças no combate à corrupção.

Ainda é muito cedo para prever, mas tudo indica que a indignação não é o único elemento. As pessoas sabem mais do que no passado. Sabem porque conheceram o declínio do sistema político-partidário e sabem porque se dotaram de meios técnicos superiores.

Não vai adiantar muito ficar meio escondido no debate, nem se proteger com um exército de robôs multiplicando fake news. Esta é uma eleição singular no Brasil, depois de tudo o que vivemos. A grande personagem é a sociedade que emergiu de todos esses traumas. Sua atuação é imprevisível. Conheceu a fragilidade humana dos seus líderes e, no mínimo, vai buscar os melhores mecanismos de controle.

Levado a sério, um programa de governo é um deles.

Bombas desarmadas no STF

Uma delas, graças ao ministro Luís Edson Fachin e à presidente do STF, Cármen Lúcia; a outra, pela maioria mais uma vez apertada de 6 a 5. "A presidente Cármen Lúcia vai ter que usar toda sua delicada autoridade para tratar, na próxima semana, de um assunto delicado: a tentativa do ministro Marco Aurelio de levar a julgamento nova ação que propõe acabar com a prisão em segunda instância. Essa ação é objetivamente feita para soltar Lula, sendo o PCdoB mero laranja do PT. O jurista que a encabeça, Celso Bandeira de Mello, está empenhado há muito em uma campanha contra a Operação Lava Jato, defendendo que Lula está sendo perseguido pela Justiça brasileira". Coluna de Merval Pereira, via O Globo:


Duas bombas foram desarmadas ontem no plenário do Supremo Tribunal Federal (STF), uma pela argúcia do ministro Luis Edson Fachin, auxiliado pela presidente Cármem Lúcia, outra pela maioria mais uma vez apertada de 6 a 5.

A questão dos embargos infringentes, que permitem reabrir um julgamento quando o réu não for condenado por unanimidade, era talvez a mais grave, pois a sua admissão nos julgamentos das Turmas, não prevista no Regimento interno do Supremo, vai atrasar os processos, levando os recursos para decisão do plenário.

No entanto, era uma decisão inevitável já que, no julgamento do mensalão em 2013, a existência dos embargos infringentes acabou sendo admitida, embora muitos juristas e cinco dos onze ministros consideraram que ele não mais existia, pois as normas que regem os procedimentos do STF e do STJ não se referiam a eles.

Mas ele subsistiu no regimento interno do Supremo, provavelmente por um descuido do Tribunal, que não atualizou seu regimento interno após a Constituição. Sua simples permanência num regimento ultrapassado fez com que seis dos ministros à época os aceitassem, proporcionando a alguns dos réus, entre eles José Dirceu, se livrarem de condenações por lavagem de dinheiro e formação de quadrilha.

Cometido o erro lá atrás, nada mais natural que também as Turmas, que só recentemente passaram a tratar de casos penais, os admitissem, para dar aos condenados uma possibilidade de usar os embargos infringentes da mesma maneira que os julgados no plenário.

O que demonstra certa manobra jurídica por parte do ministro Dias Toffoli é que ele considerou que Paulo Maluf tinha direito aos embargos infringentes quando o ministro Fachin havia decretado o trânsito em julgado, encerrando o processo.

Alegando motivos humanitários, ele provocou que esse assunto fosse levado ao plenário, e conseguiu a maioria para sua aplicação. O que ele queria, na verdade, era reabrir o processo de Maluf, tendo proposto mesmo que se o plenário considerasse que as Turmas devem ter os embargos infringentes, que o deputado paulista fosse colocado em liberdade.

Sua proposta de que apenas um voto divergente bastasse para dar direito aos embargos infringentes, seguida por outros quatro ministros, faria com que grande parte dos casos julgados nas Turmas acabasse no plenário do Supremo, postergando uma decisão final e talvez mesmo possibilitando a revisão de penas.

Acabou vencendo a maioria que vem se impondo, de 6 a 5, com uma troca de ministros: Alexandre de Moraes votou a favor de um voto divergente, e o ministro Celso de Mello deu a maioria para os dois votos, o que minimiza os estragos que possam ser causados pela criação de mais um embargo nos julgamentos das Turmas.

O outro incêndio apagado ontem pela perspicácia do ministro Edson Fachin foi a possibilidade de um ministro desautorizar outro em decisão monocrática, como aconteceu com Toffoli dando um habeas corpus quando o relator Fachin já havia encerrado o processo. Toffoli voltou a garantir que não pretendeu desautorizar seu colega, mas agiu em situação excepcional em caráter humanitário. Embora sua explicação, e todo o seu comportamento no episódio, evidenciem que não tinha mesmo a intenção de descumprir uma súmula do próprio STF que proíbe que um ministro desautorize decisão de outro, Toffoli abriu espaço para a discussão da questão.

O ministro Gilmar Mendes defendeu enfaticamente que essa prática fosse aceita, alegando que “o Estado de Direito não comporta soberanos”. Mas Fachin encerrou a discussão dando de oficio um habeas corpus a Maluf, permitindo que fique em prisão domiciliar. A presidente do Supremo, ministra Cármem Lúcia, rapidamente encerrou a sessão, não dando margem a que outros ministros forçassem uma mudança de orientação que poderia criar os maiores problemas para o Supremo, com um ministro cassando a decisão de outro.

A presidente Cármem Lúcia vai ter que usar toda sua delicada autoridade para tratar, na próxima semana, de um assunto delicado: a tentativa do ministro Marco Aurelio de levar a julgamento nova ação que propõe acabar com a prisão em segunda instância. Essa ação é objetivamente feita para soltar Lula, sendo o PCdoB mero laranja do PT. O jurista que a encabeça, Celso Bandeira de Mello, está empenhado há muito em uma campanha contra a Operação Lava Jato, defendendo que Lula está sendo perseguido pela Justiça brasileira. A predominância do colegiado sobre posições pessoais, defendida pela ministra Rosa Weber, está ganhando espaço no Supremo, tanto que o ministro Dias Toffoli ontem negou liminar para que José Dirceu ficasse em liberdade até o fim do processo na segunda instância, alegando justamente a jurisprudência em vigor, mesmo contra sua opinião.

quinta-feira, 19 de abril de 2018

O pensamento único na internet

As tais redes sociais, plataformas de alcance global, são usadas cada vez mais frequentemente para promover o pensamento único "progressista", escreve Daniel Rodriguez Herrera em Libertad.org:


Cuando el senador Ted Cruz preguntó la semana pasada a Mark Zuckerberg por el sesgo político de Facebook durante la comparecencia del empresario en el Senado, estaba dando voz a las preocupaciones de buena parte de la derecha en buena parte del mundo al ver cómo plataformas de alcance global como Facebook, Twitter o YouTube se están usando cada vez con mayor frecuencia para dar un impulso al pensamiento único progresista y para ocultar y censurar la disidencia. Y aunque por el momento el problema se esté centrando sobre todo en Estados Unidos, Facebook ya fue acusada de haber censurado dentro de su plataforma noticias de medios de derechas y ha bloqueado numerosas páginas de asociaciones y hasta periodistas que no se sometían a la visión política prevalente en Silicon Valley que, como reconoce el propio Zuckerberg, es “extremadamente” de izquierdas.

Con la excusa de luchar contra las fake news (noticias fabricadas) ha decidido colaborar con una serie de sitios web y secciones de grandes medios dedicadas a luchar contra las mentiras pero que también tienden políticamente hacia el mismo lado, de modo que, por decirlo suavemente, son bastante más duros con ciertos bulos que con ciertos otros. Es más, con todo el escándalo de Cambridge Analytica hemos sabido que la compañía ayudó a la campaña de Obama de 2012 porque “estaban de su parte”. Aún lo están.

El último escándalo al que se ha tenido que enfrentar ha sido la censura ejercida por la plataforma contra un dúo de hermanas que usan el nombre de Diamond & Silk y que tienen la peculiaridad de ser negras y apoyar a Trump, una supuesta contradicción para el progre medio americano. La excusa, que el contenido que producían era “inseguro para la comunidad”. O lo que es lo mismo: sabemos que no podemos acusaros de nada concreto pero no queremos que usen Facebook para ofrecer un mensaje que detestamos. Y es que la empresa de Zuckerberg ha contratado entre 15,000 y 20,000 policías del pensamiento que se encargan de eliminar de la plataforma contenidos considerados inapropiados. Teniendo en cuenta que la empresa está situada en la progre California, ya podemos imaginar que los pocos conservadores que tengan ese trabajo se cuidarán muy mucho de callarse sus ideas si quieren conservar su empleo.

El caso es que Facebook no es ni mucho menos el peor de la pandilla tecnológica. Hace unos días, el mandamás de Twitter, Jack Dorsey, compartió en su red social y calificó de “buena lectura” un artículo que abogaba por la imposición de una suerte de democracia de partido único en la que sólo la izquierda pudiera gobernar, proponiendo a California como modelo. Sí, ese estado ahogado en deudas y con el mayor porcentaje de sintecho de todo el país. El artículo había sido publicado en Medium, una plataforma que también exhibe un sesgo político evidente, y promocionado por Ev Williams, su consejero delegado y también cofundador de Twitter. Esa imposición de un único pensamiento ha sido ejercida sin piedad en la plataforma, donde recientemente un activista de izquierdas amenazó de muerte a un congresista republicano: el tipo fue detenido por la Policía, pero aún estamos esperando a que Twitter retire las amenazas de su red social. Mientras, la expulsión de pensadores, periodistas y activistas de derechas se ha convertido en rutina por pecados infinitamente menores; basta con ser denunciados por suficientes sectarios. Y en ocasiones no hace falta ni llegar a eso; la plataforma ha convertido en arte la práctica del shadow-banning, que consiste en permitirte utilizar la red social pero limitando hasta casi hacer desaparecer lo que escribes: el último afectado de una larga lista ha sido precisamente el senador Ted Cruz. Sí, un senador de Estados Unidos.

Google también ejerce esta censura selectiva, no tanto a través de su buscador –que también–, sino sobre todo en su plataforma de video YouTube. Dennis Prager presentó sin éxito una demanda por restringir la visualización de sus vídeos con la excusa de que eran “inapropiados” para menores, porque sin duda exponer de forma clara y didáctica ideas políticas contrarias a la izquierda es de lo más inapropiado para la izquierda. Twitter también ha convertido en rutina el cierre de cuentas –hace como año y medio lo hizo con la de Jordan Peterson, por ejemplo– o la demonetización, obligando a algunos de los personajes que más han hecho por la plataforma, como Dave Rubin, a buscar patrocinios para sobrevivir.

Ciertamente, a la hora de manipular la información e influir en la opinión pública, pueden conseguir algo que sólo está al alcance de las grandes compañías de internet: la lenta pero segura imposición del pensamiento único mediante la supresión de las voces alternativas. Twitter, YouTube y Facebook no pueden eliminarlas por completo chasqueando los dedos, porque seguimos siendo muchos. Pero sí pueden discriminarlas para que tengan que perder energías teniendo que caminar siempre cuesta arriba, mientras los ferreritos de la red disfrutan de todas las ventajas que la tecnología les ofrece. Y con un campo de juego tan poco equilibrado estamos viendo ya cómo en Estados Unidos el discurso considerado aceptable cada vez se va restringiendo más, y siempre en la misma dirección.

Personalmente no soy muy amigo de regular nada, porque al fin y al cabo el gato es suyo y deben poder hacer con él lo que quieran. Pero dado que en Estados Unidos sí parecen estar por la labor, quizá más importante que limitarlas en nombre de la privacidad sería imponer un principio de no discriminación por motivos ideológicos, bajo amenaza de tratarlos legalmente como medios de comunicación, responsables a todos los efectos de lo que publican, y no en plataformas neutrales que delegan en los usuarios que aportan contenidos la responsabilidad sobre los mismos. Naturalmente, se escudarán en que no discriminan, sino que eliminan los delitos de odio. Ya, claro. El problema es que, al igual que Amnistía Internacional en su más reciente campaña “por la libertad de expresión”, no conciben que ese concepto pueda incluir jamás a la extrema izquierda. La hemiplejía moral ha llegado a los grandes de internet y está aquí para quedarse.

Marco Aurélio pressiona por pauta que pode livrar Lula da cadeia

O ministro Marco Aurélio - que errou feio ao prever uma "convulsão social" caso Lula fosse preso - insiste em discutir já a prisão em segunda instância. É a turma da morosidade em ação:


O ministro Marco Aurélio Mello, do Supremo Tribunal Federal (STF), pediu que seja incluída na pauta do plenário da Corte uma ação do Partido Comunista do Brasil (PCdoB) que quer barrar a possibilidade de prisão após a condenação em segunda instância.

Na prática, o pedido de Marco Aurélio aumenta a pressão sobre a presidente da Corte, ministra Cármen Lúcia, responsável por definir a pauta das sessões plenárias do Supremo.

Cármen resiste a pautar outras duas ações, ajuizadas pelo Partido Ecológico Nacional (PEN) e pela Ordem dos Advogados do Brasil (OAB), que tratam do mesmo tema. A possibilidade de prisão após condenação em segunda instância é considerada um dos pilares da Operação Lava Jato.

O PC do B entrou com a ação no Supremo depois que o PEN decidiu recuar da ação, diante da possibilidade de abrir caminho para beneficiar o ex-presidente Luiz Inácio Lula da Silva (PT), preso na superintendência da Polícia Federal em Curitiba após ser condenado pelo Tribunal Regional Federal da 4ª Região (TRF-4).

Atalho

Terminou nesta quinta-feira (19), o prazo de cinco dias determinado pelo ministro Marco Aurélio para os novos advogados que atuam na defesa do PEN se inteirarem do processo. Segundo o presidente nacional da sigla, Adilson Barroso, o partido busca um “atalho jurídico” para atrasar o máximo possível a retomada da discussão. (Gazeta do Povo).

Racismo estatístico

Esclarecedor artigo de Paulo Cruz, publicado na Gazeta do Povo, visita autores do passado que merecem lembrança diante das arengas ideológicas contemporâneas:

“O homem é um ser moral, dono de uma vontade e senhor de um livre arbítrio; assim Deus o criou com a faculdade de autodeterminar-se. No uso correto de sua vontade e no exercício esclarecido de seu livre-arbítrio, é que consiste a essência da sua personalidade de ser humano, a autoridade de sua soberania e a independência moral, que lhe confere um atributo indispensável de liberdade”. (José de Souza Marques)
Dizer que a desigualdade social no Brasil tem contornos históricos é uma redundância, pois todas as desigualdades sociais têm causas históricas. Porém, no Brasil há um dado importante que não pode ser escamoteado: a abolição da escravidão. Tal evento, pela peculiaridade de seus desdobramentos, marcou indelevelmente o futuro do país e, sobretudo, dos ex-escravos. O impasse absurdo no qual se envolveram os abolicionistas, a Coroa, os republicanos e os ex-senhores de escravos arrastou a solução definitiva do pós-abolição até o golpe republicano, em 15 de novembro de 1889, relegando uma quantidade gigantesca de brasileiros à mais absoluta miséria.

Os projetos de educação e democracia rural de André Rebouças, bem como as tentativas de viabilizar a indenização aos ex-escravos – algumas delas coordenadas pela própria princesa Isabel – encontraram pela frente toda sorte de empecilhos por parte dos republicanos, que queriam o fim da monarquia, e a resistência atroz dos senhores, pois eles é que desejavam indenização por terem perdido a mão de obra gratuita (e dinheiro, pois o escravo era mercadoria). E não havia passado um mês da assinatura de Lei Áurea quando o presidente do Conselho de Ministros, João Alfredo Correia de Oliveira, para acalmá-los, apresentou na Câmara um projeto de indenização no valor de 300 mil contos, que Rebouças chamou de “projeto desgraçado”. A campanha republicana seguia a passos largos e a própria monarquia parecia já não ter forças para resistir; dom Pedro II estava doente e cansado, e também via a República como uma consequência natural das nações modernas – tendo, inclusive, se declarado republicano. A princesa Isabel, apesar do feito heroico da abolição, tinha fama de carola e politicamente frágil.

No entanto, Rebouças, Joaquim Nabuco e José do Patrocínio tentaram assegurar a continuidade de seus intentos – e da monarquia. Enviaram projetos à Câmara, discursaram em favor dos libertos, mas sucumbiram à implacável campanha republicana. O restante do ano de 1888 foi de intensos debates, disputas e violência. Mas os republicanos estavam determinados. O jornalista Silva Jardim, republicano ferrenho, em 13 de maio de 1889, primeiro aniversário da abolição, publicou na Gazeta de Notícias um artigo mordaz, culpando a monarquia pelo abandono dos ex-escravos:
“O governo, que presidiu à declaração da liberdade dos antigos escravos, teve as incomensuráveis vantagens de uma situação única para, levantando moral, social e materialmente a raça emancipada, imprimir ao conjunto de nossa civilização um progresso imensamente vasto e rápido. A incontestada ditadura política e moral que ele exerceu, apoiada solidamente na opinião abolicionista, a cujo triunfo se subordinaram, com resignação patriótica, os proprietários de escravos, dava-lhes a força soberana para todas as tentativas de grandes, urgentes e preciosas reformas. Foi essa situação que o governo imperial perdeu para sempre, pela sua falta de convicções abolicionistas e pela sua falta de fé no futuro da pátria e nos destinos da humanidade. O antigo escravo ficou tão miserável, tão infeliz e tão desprotegido como dantes. Ninguém pensou em dar-lhe o que se oferece ao colono estrangeiro; ninguém tratou de lhe constituir a base indispensável da existência material, dando-lhe terras devolutas e instrumentos de trabalho, facultando-lhes os meios de fundar uma habitação, diretamente por si ou com o auxílio dedicado do seu antigo patrão; ninguém facilitou a organização da família, e ninguém promoveu em favor dele o estabelecimento de um sistema de simples e fácil instrução elementar.”
Discursos como esses se espalhavam pelas principais províncias, ampliados pela sede de vingança dos ex-senhores de escravos. Rebouças testemunhou (e registrou em seu Diário) a resistência do imperador em indenizá-los: “a 22 de agosto de 1888, ainda esperavam os celerados indenização e Chins… Foi quando dom Pedro II disse-lhes ‘Não! Não… Mil vezes não!’, que eles foram para a república de mamelucos – Bandeirantes e traficantes de escravos brancos e amarelos; porque a Inglaterra não permite que sejam negros africanos”. Isso acelerou o ocaso da monarquia e o fatídico golpe militar-republicano, em 15 de novembro de 1889, e a expulsão da família imperial do Brasil – Rebouças, desolado com os descaminhos do projeto ao qual devotara sua vida, os acompanhou para nunca mais voltar. E os republicanos, vitoriosos, reescreveram a história.

Porém, não podemos simplesmente aceitar o seu relato sem, ao menos, confrontá-lo com o testemunho dos principais abolicionistas. Joaquim Nabuco, em 1893, em carta a André Rebouças, diz:
“Hoje estou convencido de que não havia uma parcela de amor ao escravo, de desinteresse e de abnegação em três quartas partes dos que se diziam abolicionistas. Foi uma especulação mais! A prova é que fizeram esta República e depois dela só advogaram a causa dos bolsistas, dos ladrões da finança, piorando infinitamente a condição dos pobres. […] O cinismo é tal que ninguém admite que haja um homem de bem. Fazes tu bem em estar longe de tudo, ainda que tenhamos, pela nossa parte, que aceitar a responsabilidade que nos toca na bancarrota moral da abolição, no abandono das raças de cor à destruição da época. Estávamos metidos com financeiros, e não com puritanos, com fâmulos de banqueiros falidos, mercenários de agiotas etc.; tínhamos de tudo, menos sinceridade e amor pelo oprimido. A transformação do abolicionismo em republicanismo bolsista é tão vergonhosa pelo menos como a do escravagismo. Basta de torpezas”.
Ou seja, os republicanos culparam a monarquia, mas acabaram por abandonar os negros em pior situação do que já se encontravam. Na capital, a discriminação e a marginalização em massa levaram os negros a se confinarem nos morros, onde muitos, infelizmente, ainda estão. Rebouças, em carta de 1892 ao amigo Visconde de Taunay, diz: “Não direi palavra sobre as misérias do Brasil… cobrir a cabeça de cinzas, como faziam os primitivos hebreus, e dizer contrito a Jeová: Fiat Justitia! Fiat Justitia!”. Patrocínio volta a ser republicano, para depois arrepender-se, criticar o governo de Floriano Peixoto e ser deportado para a região do Rio Amazonas, de onde voltou pouco tempo depois, isolado. Joaquim Nabuco se retirou por um tempo da vida pública, passando a viver entre a Inglaterra, França e EUA.

De lá para cá, sobretudo quando os historiadores e sociólogos marxistas começaram sua tarefa de reinterpretar a história do Brasil a seu modo, a desigualdade social vem sendo atribuída a esse processo mal resolvido da abolição, pois é visível que temos, em sua imensa maioria, os descendentes dos libertos em 1888 – ou seja, os negros – entre os mais pobres. E ninguém, em sã consciência, negaria isso.

No entanto, é preciso colocar tal fato em perspectiva. Mais do que isso: é preciso ver as coisas como são. Mesmo que seja correto afirmar que a desigualdade brasileira decorre de uma ferida histórica ainda aberta, e que uma das consequências lógicas da escravização de africanos tenha produzido, ao longo dos séculos e após a emancipação, uma maior quantidade de negros pobres, não é nem um pouco aceitável que, automaticamente, a criminalidade seja atribuída às mesmas causas. E mais: associam-na ao racismo!

Recentemente, foi publicado pelo Nexo Jornal – e festejado por jornalistas como Míriam Leitão – o Anuário Brasileiro de Segurança Pública, que contém, como sói acontecer com esse tipo de estatísticas produzidas por ONGs, análises sobre os crimes no Brasil com dados separados por tonalidade de pele (brancos, pretos e pardos) e/ou origem étnica (amarelos e indígenas) – conhecidos como raças. Diz o documento:
“Ao analisar os números da violência no Brasil percebe-se que esta não pode mais ser tratada como um fenômeno marginal, principalmente quando as políticas públicas são cunhadas exclusivamente para equacionar o poder político com uma tentativa vil de organização da própria violência. Tal organização nos remete a um quadro há muito conhecido em nosso país:essas políticas violentam prioritariamente jovens, negros e segmentos das periferias, aqui representados por nossos policiais da base que, no caso da Polícia Militar, são os soldados, os cabos, os sargentos e os subtenentes e, no caso da Polícia Civil, os agentes. São estes que estão morrendo”. (grifo meu)
Apesar de, curiosamente, incluir estatísticas de mortes de policiais – dentre os quais, 56% das vítimas são negros –, diz que 76,2% dos jovens que morrem pelas mãos das polícias são negros.

Esse tipo de dado se repete por todos os estudos sobre violência, pobreza e criminalidade no Brasil. O Mapa da Violência – talvez a mais famosa e importante publicação sobre o assunto –, em sua última edição (2016), traz um tópico específico – A cor das vítimas – e os seguintes dados sobre homicídios (restringirei entre brancos e negros, em números totais):

Negros      29.813
Brancos      9.766

No entanto, quando abrimos a classificação “negros” em “pretos e pardos”, os números são significativos:

Pretos     3.459
Pardos  26.354

Ou seja, morrem mais brancos do que pretos no Brasil. Os pardos, que podem ser representados por qualquer tonalidade entre o branco de cabelos crespos e o moreno jambo, somam quase o triplo dos brancos e quase oito vezes os pretos.

E tem mais, em estados do Sul morrem mais brancos do que negros:

Rio Grande do Sul

Negros      500
Brancos  1.521

Santa Catarina

Negros     98
Brancos  385

E, em São Paulo, também morrem mais brancos:

Negros     1.697
Brancos    1.763


Aliás, em São Paulo os números dos assassinatos diminuíram sensivelmente em dez anos: de 9.430 para 3.460.

Já em estados do Norte e Nordeste, que são, é bom frisar, majoritariamente mestiços (pardos), os números são alarmantes:

Pará

Negros     2.115
Brancos      136

Bahia

Negros     3.999
Brancos      289

Pernambuco

Negros     2.178
Brancos      281

Rio Grande do Norte

Negros     1.054
Brancos      166

Alagoas

Negros     1.702
Brancos        60

O Rio de Janeiro, apesar de os números totais terem diminuído em dez anos – como em São Paulo –, apresenta características peculiares:

Negros      2.512
Brancos       966

Ou seja, não há genocídio de jovens negros, não há racismo nos números. O que há é uma situação circunstancial na qual os criminosos comuns vêm das regiões mais periféricas, onde está a esmagadora maioria da população miscigenada; que são, enfim, os brasileiros. Racializar isso é o mesmo que dizer que no Japão a maioria dos criminosos é japonesa. É, no mínimo, exagero ideológico; mas, no fim das contas, é racismo, mesmo.

Sem contar que as características de quem mata e quem morre são as mesmas: negro, jovem, da periferia. Mas, como uma parcela baixíssima de crimes são solucionados no Brasil, as informações sobre os criminosos foge à estatística. No entanto, há dados que inferem essa ligação, como afirma o próprio Nexo Jornal e um relatório recente do IPEA, que diz: “os jovens aparecem nos dois lados da equação de crime, como vítimas e como perpetradores”. Mas esses dados não interessam aos ideólogos, não é mesmo?

E mais: os políticos e os empresários corruptos, presos pela Polícia Federal nos últimos anos, estão aí para nos mostrar que bandidagem não é determinada pela classe social (ou pela cor), mas pela falta de caráter e pela ganância.

Em 2015 tive um entrevero com uma famosa animadora de micaretas brasileira, por conta de um tuíte seu cujo racismo flagrante, por detrás das boas intenções, fiz questão de denunciar. Dizia seu texto, compartilhando uma matéria contra a redução da maioridade penal de um blog de extrema-esquerda: “diminuir a maioridade virou bandeira de cidadãos e políticos preconceituosos que querem exterminar os pobres e pretos”. Ou seja, a celebridade de trios elétricos, ao repetir a fórmula dos pseudodefensores de minorias – que eu costumo chamar, carinhosamente, de senhores de engenhos ideológicos –, acabou por associar a criminalidade à raça e à condição social. Ou seja, cometeu racismo e discriminação social. Ninguém se torna criminoso por ser negro ou pobre. Essa relação não é verdadeira, e vários estudos o comprovam.

O elitismo dessa gente, associado a uma falsa compaixão pelos mais pobres, que são os mais vitimizados pelas ideologias desses intelectuais ungidos – para usar a expressão de Thomas Sowell –, é algo sem precedentes.

Nos rincões de pobreza desse país, quantos pais e mães não levantam cedo para trabalhar, pagam uma fortuna em impostos que só os fazem empobrecer ainda mais – assaltados pelo Estado assistencialista –, mas nunca pensaram em subtrair a propriedade alheia? Gente que só precisaria se ver livre das amarras de populistas canalhas, corruptos e ideólogos para prosperar. Quantos jovens da periferia não se esforçam para suplantar a vida difícil que os pais tiveram para que eles pudessem ter melhores oportunidades? É um desrespeito atroz chamar essas pessoas de exceção simplesmente porque não sustentam narrativas ideológicas. Exceção é ser pobre e criminoso.

Há ainda a questão salarial, também racializada para fins ideológicos. É o mesmo princípio: se os mais pobres são os negros – por conta de nosso histórico escravista –, e se os negros têm menos curso superior e menos tempo de profissão, é evidente que terão salários menores – por esses e mais uma série de fatores que não aceitam simplificações. A esse respeito não é necessário me alongar, uma vez que já escrevi sobre isso na introdução a um vídeo do grande Thomas Sowell, legendado pelo Tradutores de Direita, que responde ao questionamento de uma feminista – o texto está na apresentação do vídeo (ver aqui).

As cotas são um placebo do qual não tratarei aqui, agora.

Já o racismo é uma estupidez que acomete indivíduos e não grupos. Cumpre combatê-lo dentro de suas manifestações específicas, não com leis e tentativas de conscientização para aquilo que não está na consciência.

As saídas mais honrosas e duradouras para diminuir a desigualdade social são a liberdade individual e econômica – que estimulam o empreendedorismo – e a educação básica de qualidade, que prepara o indivíduo para a universidade, mas também para o próprio empreendedorismo. Não há mágica e nem atalhos, só o trabalho árduo e a prosperidade que advém dele (quando não somos assaltados pelo governo), aliados ao preparo intelectual de base e à prudência, podem mudar o destino dos negros e pobres do Brasil. Só o rigor da lei para punir os criminosos, aliados a uma estrutura que estimule à ordem e à família, podem livrar o jovem da periferia da sedução do dinheiro fácil. A urgência que os ideólogos demonstram por querer resolver essas questões, dizendo que não podemos esperar mais algumas décadas, só lhes dá a vantagem de se associarem a uma causa – e lucrarem com ela. Não é altruísmo, é luta política; não é amor ao oprimido, é desejo de poder.

Termino com três valiosos ensinamentos a esse respeito; um de Booker T. Washington (1856-1915) – que nasceu escravo e se tornou um dos maiores educadores da história americana; outro, do reverendo Martin Luther King Jr. (1928-1968), o grande líder do movimento pelos diretos civis dos negros americanos, na década de 1960; e o terceiro, do nosso André Rebouças (1838-1898):
“Uma raça deve elevar-se ou decair, ter sucesso ou fracassar, e, em última análise, o sentimentalismo conta muito pouco. Durante os próximos 50 anos ou mais, minha raça deve continuar passando pelo severo calvário americano. Devemos ser testados em nossa tolerância, nossa paciência, nossa perseverança, nosso poder de suportar o mal, resistir às tentações, economizar, adquirir e usar habilidade; em nossa capacidade de competir, de ter sucesso no comércio, de desconsiderar o superficial pelo real, a aparência pela substância, por ser grande e ainda pequena, erudita e ainda simples, alta e ainda serva de todos”. (Booker T. Washington, 1901).
“Além de todas as vantagens, um grande número de mudanças psicológicas positivas inevitavelmente resultará de uma segurança econômica mais ampla. A dignidade do indivíduo florescerá quando as decisões que dizem respeito à sua vida estiverem em suas próprias mãos, quando tiver a segurança da estabilidade e a certeza de sua renda, e quando souber que tem os meios para buscar melhorias para si”. (Martin Luther King Jr., 1967).
“Dentro dos círculos dos seus direitos, cada cidadão é, deve ser, tem perfeitamente o direito de ser, pela nossa constituição e pelas nossas leis, um Estado; uma companhia, uma associação, soma os círculos dos direitos dos cidadãos que a compõem; o seu círculo de direito é o círculo máximo, que circunscreve o círculo de todos os seus associados; esse círculo é naturalmente maior e mais forte; e é por isso que causa assombro, que causa medo, e que causa terror aos oligarcas, que querem um povo fraco e subdividido: um povo de carneiros, tosquiável ao seu livre arbítrio, incapaz da menor resistência! Não permita o Onipotente que tão miserável espetáculo jamais seja visto no Brasil. Possa bem, pelo contrário, a nossa cara pátria cumprir a grandiosa missão que lhe destinou o Criador, pela iniciativa individual e pelo espírito de associação, filhos sublimes da liberdade”. (André Rebouças, 1883).