quinta-feira, 26 de maio de 2022

Ian Morris e a seleção cultural da humanidade


O historiador britânico sustenta, em "Caçadores, camponeses e carvão", que cada sociedade tem o sistema de valores que melhor se adapta ao seu nível de desenvolvimento. Juan Avilés para El Cultural:


Durante los últimos cuarenta años la Encuesta Mundial de Valores, impulsada por una red mundial de científicos sociales, ha realizado en casi cien países siete oleadas de sondeos que ofrecen una detallada visión de los valores predominantes en las distintas sociedades. El análisis de sus resultados muestra que tales valores se pueden disponer en dos ejes, uno que contrapone los tradicionales a los seculares y racionales, y otro que contrapone los de supervivencia a los de auto-expresión. El desarrollo económico contribuye al creciente predominio de los valores seculares y racionales y los de auto-expresión, pero subsisten diferencias debidas a factores culturales y religiosos.

¿Es posible retroceder en el tiempo y analizar la evolución de los valores predominantes a lo largo de los milenios? Ese es el ambicioso objetivo que el historiador británico Ian Morris (1960) se plantea en Cazadores, campesinos y carbón. Su tesis es que cada sociedad tiene el sistema de valores que mejor se adapta a su nivel de desarrollo, que a su vez puede medirse por su nivel de consumo de energía.

Desde ese punto de vista la historia de la humanidad puede dividirse en tres fases: la de los cazadores y recolectores, con un consumo total de energía de 5.000 kilocalorias diarias como máximo; la de las sociedades agrarias, definidas como aquellas que alteran el patrimonio genético de las plantas cultivadas y del ganado, en las cuales el máximo se sitúa en las 30.000 calorías; y las que se basan en los combustibles fósiles, que han superado ese techo.


El enfoque de Morris es el de la selección cultural, la cual favorece aquellas innovaciones que mejor se adaptan al entorno no sólo natural sino social. Hace miles de años millones de personas tuvieron que decidir en qué medida seguían practicando la caza y la recolección o se dedicaban a cultivar sus campos y cuidar su ganado, con el resultado neto de que la agricultura y la ganadería se difundieron por todos los lugares favorables y el anterior modo de vida se vio cada vez más marginado. El ambivalente balance de ello fue un aumento del consumo de energía, un incremento de la carga de trabajo para casi todos y una desigualdad social mucho mayor.

El libro dedica sendos capítulos a analizar el consumo de energía, los rasgos demográficos, las desigualdades económicas, políticas y de género y la incidencia de la violencia en los tres tipos de sociedades ya citados. Es admirable la capacidad de Morris para concentrar tan alto grado de información relevante en tan pocas páginas, pero ello no puede hacerse sin dejar de lado cuestiones importantes y caer en inevitables simplificaciones. Lo fundamental queda sin embargo muy claro.

Respecto a los valores predominantes pueden resumirse en que los cazadores eran muy reacios a las jerarquías económicas y políticas, asumían una jerarquía sexual marcada pero no extrema y aceptaban un elevado nivel de violencia interpersonal; los miembros las sociedades agrarias aceptaban, o se resignaban a, una desigualdad económica y política extrema, incrementaron la sumisión de la mujer al varón y se beneficiaron de una reducción de la violencia interpersonal; y finalmente nosotros aceptamos, no siempre de buen grado, las desigualdades, proclamamos la igualdad política, rechazamos cada vez más la sumisión de la mujer y vivimos en las sociedades más pacíficas de la historia.

¿Somos mejores que nuestros antepasados? No, advierte Morris, sino que gozamos de la energía abundante y barata que durante dos siglos nos han proporcionado los combustibles fósiles, un legado de los devastadores incendios forestales del Carbonífero. Con el inquietante efecto colateral que conocemos: el calentamiento global.

Un capítulo particularmente interesante (que desafortunadamente concluye con unas breves y decepcionantes páginas sobre lo que puede ofrecer el futuro) aborda los dos grandes procesos de cambio de la historia humana: la revolución agraria y la revolución industrial. La primera comenzó hace unos 12.000 años en las colinas del Medio Oriente y en los milenios sucesivos no sólo se extendió a nuevas tierras sino que surgió de manera independiente en otros lugares. La segunda se inició en Gran Bretaña a finales del XVIII y en un par de siglos se ha extendido por todo el planeta.

Como puede verse, las tesis de Morris son altamente provocadoras y un rasgo original de su libro es que incluye los textos de un estudioso de la Antigüedad clásica, un especialista en la historia china, una filósofa y una novelista, quienes sin negar los méritos del autor le critican desde diferentes puntos de vista, ofreciendo material adicional para la reflexión del lector. Y ese es el gran mérito de Cazadores, campesinos y carbón: induce a reflexionar sobre nuestro pasado y nuestro futuro.

En mi modesta opinión, la gran pregunta no es cómo sustituiremos a los combustibles fósiles sino la de saber si los valores que hasta ahora llamábamos occidentales se convertirán en universales al compás del desarrollo económico. Los optimistas pueden aludir a lo cerca que está Japón de Alemania en la encuesta de valores.

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